El guion se terminó para la tolucopachucracia ordinaria. A punto de entregar los bártulos, pues se acerca inexorable el momento de iniciar formalmente el proceso electoral para sentar las reglas que todos los partidos y franquicias deberán aceptar en 2018, la feria de las ocurrencias está en el punto climático de este cuento ñoño.
Al fin de un periodo político execrable, infame, de pésimos reductos. El gobiernito no tendrá nada que ofrecer en la próxima campaña presidencial ¿de su delfín Videgaray?, que no sean ocurrencias, imagen fatua y más falsas promesas. De raza le viene al galgo. Falta que los mexicanos le apostemos a esa ruleta rusa.

Peña arrastró a Televisa al precipicio

El mexiquense no fue solo un chiste pasajero. Hasta los mismos capitostes que inventaron la imagen de Peñita como el redentor de Atracomulco se han arrepentido de haberlo lanzado al estrellato. Peña también desfondó la industria del entretenimiento televisivo bufo, algo que ni el Canal de las Estrellas le perdona.
Un estilo del recorte empresarial, siguiendo la tónica que otro chico de Atracomulco, Alfredo del Mazo, marcó en sus deseos presidenciales de 1987, el engaño de la reconversión industrial, o sea, la estrategia integral para entregar la planta productiva nacional a las manos extranjeras, más voraces que los de costumbre.
Hasta la proletaria “tele para jodidos” –el Tigre Azcárraga, dixit– vive su crisis, o como gustan llamarle los neotecnócratas, su “reconversión industrial”. Grandes manipuladores del morbo político dejan sus asientos y micrófonos para dar paso a otros, mucho más comprometidos con el empeño “empresarial”.
Salen por piernas los profetas del engaño, los loritos que jamás quisieron aceptar que también a ellos les iba a llegar la hora. Que iban a acabar colgados de los mismos cables que ellos utilizaron para sostener mendacidades pagadas a altísimos precios, los que sostuvieron todos y cada uno de los sofismas de la mentira, como usted y yo lo predijimos.

Lo ramplón está de moda:
Lady Wuu, los XV de Rubí…

El turno se abre para algo mucho más ramplón: Lady Wuuu, Rubí y sus 15 años, las lágrimas de Cuauhtémoc Blanco para aferrarse al hueso en Cuernavaca, la Corte de los Milagros de la enajenación. Queda la huella de los textoservidores radioeléctricos que se llevan sus maletas de dinero mal habido y dejan una estela de horrores informativos.
Entresacan lo más bufo de las redes sociales y ocultan los lúcidos comentarios y análisis que éstas producen, para solo utilizarlos como la información de los datos duros que ya sus reporteros de campo no pueden obtener. Otra forma de aprovecharse del lúcido ingenio popular, sin admitir públicamente su dependencia estructural de la inteligencia pública, a flor de piel.
Empero, los pequeños, medianos y grandes empresarios ya se dieron cuenta del engaño y prefieren publicitar sus productos en las redes sociales, en lugar de hacerlo en empresas radioeléctricas que no le llegan, que no impactan los patrones de consumo. Las redes sociales, la gran ágora pública, llegó para quedarse.
Los loros televisivos tendrán que esperar su turno para regresar. Qué mejor que avalar las promesas de una campaña presidencial oficialista que busca romper todos los récords de la esquizofrenia mediática. Una embestida que no tendrá un solo punto de apoyo en la realidad devastada y pretenda construir más fantasías irrealizables, faraónicas, sobre los umbrales de resistencia de una población exhausta e irritada.
Una oportunidad de oro para los falaces ofrecidos. El reino de Jauja sobre bases de arena, su especialidad. Retacar de estadística mendaz, de datos sobre lo supuestamente alcanzado por los esforzados toluquitas y pachucos, de nuevas falsas imágenes de los mismos atracadores, de sus proyectos para hacer frente a la embestida exterior. Uff, ¡lo que nos espera!

Ahora es el turno de las
jaladas administrativas

Por lo pronto, las bases de un gran engaño ya están echadas, piensan los estrategas de lo inútil. Videgaray a todo tambor, sobre la plataforma ridícula del gran programa de inversión para las zonas económicas exclusivas –así les llaman–, a cargo del fallido candidato a Oaxaca, el “líder” empresarial Gerardo Gutiérrez Candiani.
La ocurrencia política al nivel de la histeria colectiva, del paroxismo frenético, del reino de lo faraónico. De todo lo que sale del ronco pecho de un gobiernito que no ha podido crear un solo empleo formal –aunque presuma un millón con sueldos de hambre–, ni construir una sola obra, ni presentar jamás un programa de gobierno para el llamado sexenio toluquita.
Rozando el límite de la fantasía impúdica, esgrimen un objetivo irrealizable en el momento más agudo de su enfermedad terminal, de su fallida e insultante aventura. Exageran los límites de la realidad hasta llegar a niveles de histeria, parecida a la de la época Victoriana, solo que ahora ya no se pueden utilizar sus procedimientos vintage.
Ni masajes pélvicos, ni lavados vaginales, ni psicoanálisis, ni vibradores genitales. Ahora es el turno de jaladas administrativas, rocambolescas promesas que solo pueden salir de la febril imaginación de los abanderados presidenciales de un gobiernito chusco que jamás aprendió ni cómo se llamaba. El réquiem del toluquismo ordinario, atrabiliario y ruin.

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