La propuesta de reforma electoral que trae consigo bajo el brazo la mayoría de partidos políticos en Hidalgo conlleva principios que deben analizarse con detenimiento. El punto que más llama la atención de la propuesta es aquel que tiene que ver con empatar las elecciones de legisladores locales y federales, alcaldes y gobernador en 2024. Para lograr eso, la iniciatva que impulsan PRI, PAN, PRD, Partido Verde, PT, Movimiento Ciudadano, Más por Hidalgo y Nueva Alianza plantea reducir el próximo periodo del gobierno estatal a solo dos años, de tal forma que quien suceda en el poder a Omar Fayad solamente tendría una especie de periodo de transición, algo como lo que ocurrió recientemente en Puebla, con la administración del panista José Antonio Gali Fayad, quien solamente ocupó el cargo durante un año y 10 meses.

¿Qué efectos traería un periodo de gobierno tan corto? Quizá los partidos no están viendo eso, pero el desgaste de tener dos elecciones de gobernador tan cercanas sería un factor a considerar, sobre todo si se analizan los últimos procesos electorales, en especial el más reciente, el de 2018, que dejó a la entidad polarizada y bajo una inercia que aún hoy día complica el trabajo político en cualquier nivel. Pero también vale la pena pensar qué puede hacer un gobierno estatal durante dos años, si en los hechos vemos que cuando llega una nueva administración el tiempo en que logra afianzarse en el poder a veces dura un año, lo que dejaría solamente otros 12 meses para concretar algunos de sus objetivos de gobierno. Los legisladores deben analizar detenidamente sus propuestas para la nueva reforma electoral antes de lanzarse a hacer cambios que tengan por objeto empatar elecciones, casi de manera obsesiva, sin saber si tal principio trae beneficios concretos para la población o si solamente es una estrategia política enmascarada. De filón. El suicidio del escritor y rockero Armando Vega Gil debe hacernos reflexionar sobre la capacidad que tienen las redes sociales para anular, literalmente, la vida de una persona. La muerte social que deviene tras el linchamiento público, es una consecuencia que no se está midiendo con la dimensión que se requiere.

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