Explicar las causas por las que se liberaron los precios de combustibles y energía eléctrica es un tarea que se soslayó, quizá en la apuesta de que el anuncio ocurriría en periodo vacacional y, sobre todo, cuando la mayoría de los mexicanos tiene dinero en la bolsa y se dispone al festejo y el gasto sin freno. Total.
El riesgo, empero, es la reacción social y la aparición de los pescadores a río revuelto, los oportunistas que desde el inicio de la gestión de Enrique Peña Nieto, el primero de diciembre de 2012, pretendieron la represión para calificar al gobierno entrante como represor e incluso asesino.
Casualmente, esos epítetos los repiten aquellos que, extrañamente y en contraste con su condición socioeconómica, cuentan con recursos suficientes para viajar a Europa e incluso Oriente y manifestarse en pequeños grupos contestatarios para descalificar al presidente y gritarle “¡asesino!”
Ayer, después de anunciar el ajuste en su gabinete con el esperado relevo de Claudia Ruiz Massieu, a quien sustituyó Luis Videgaray Caso, y la designación de Cristina García Cepeda, en sustitución del fallecido Rafael Tovar y de Teresa, al frente de la Secretaría de Cultura, el presidente Enrique Peña Nieto abogó por la liberalización del precio de los combustibles y refirió que es una medida que nadie se atrevería a aplicar, pero es necesaria para mantener el equilibrio de la economía nacional.
Y aludió a las expresiones de rechazo contra ese incremento de precios en los combustibles y advirtió que “el gobierno no permitirá abusos de quienes al amparo de esta medida se excusan, cometen tropelías y pretenden incrementar los precios de los productos que no son justificados. El gobierno está trabajando para tomar medidas particulares de apoyo a los sectores más vulnerables de nuestra población es difícil pero es justamente para proteger la economía de las familias”.
Lo cierto es que, para ese momento, poco después del mediodía de ayer en el Valle de México se incrementaron los actos de vandalismo y pillaje contra comercios, actos deleznables de quienes, delincuentes al fin, se montaron y utilizaron las explicables protestas ciudadanas para generar psicosis entre la sociedad, de la mano de hábiles y experimentados hackers que en las redes sociales llamaban a la violencia, no a una civilizada protesta.
Por la noche el informe de las autoridades mexiquense y de la Ciudad de México confirmaban la detención de unas 200 personas que participaron en esos actos de pillaje y vandalismo focalizados en zonas populares en áreas limítrofes de ambas entidades, al norte del Valle de México. ¿Por qué ahí? ¿Por qué no en otras entidades? No hay casualidades, en esto no hay casualidades.
Qué intereses hay atrás de esos personajes que se autodenominan anarcos o simpatizantes de luchas sociales que, encapuchados, vandalizan, queman y saquean lo mismo inmuebles públicos que de propiedad privada sin que la autoridad se decida a detenerlos y, cuando lo hace, estos no duran mucho en prisión. Son liberados y vuelven a la calle con la misma instrucción de generar miedo entre la población.
Son vándalos que se montan en la cresta de una situación de crisis para empujar al Estado al desprestigio internacional, retándolo a que reprima e incluso mate y estos sedicentes inconformes sociales tengan el pretexto de la víctima para tomar las calles y delinquir impunemente. Pero, ¿quién está atrás de ellos?
El caso es que, al lado de la justa inconformidad social que cierra vialidades y accesos a las gasolinerías, aparecen provocadores dispuestos a generar violencia y represión.
Será interesante que el jefe de Gobierno de la Ciudad de México Miguel Ángel Mancera o alguno de sus subalternos informe qué ha pasado con esos provocadores y se les aplique la ley sin medianías, pero en especial que digan quién los contrató y cuánto les pagó para generar violencia en una protesta social pacífica.
El país, como se ha visto, es pasto seco que puede incendiarse con la mínima chispa. Seamos serios. Que las instancias relacionadas con el tema, asuman su responsabilidad y dejen de ver hacia 2018 y atiendan estos que paulatinamente pasan de ser barruntos de ingobernabilidad para convertirse en un verdadero campo de batalla que no dejará perdedores ni victoriosos, simplemente víctimas de una crisis. Conste.

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