Irán constituye una potencia militar convencional regional cuya irradiación opera en el triángulo del golfo Pérsico/mar Caspio/mar Mediterráneo oriental.

A diferencia de Israel –que oculta en forma clandestina 400 bombas nucleares, pisotea el TNP (Tratado de No-Proliferación Nuclear) y evade la inspección de la AIEA: que divulgó el heroico Vanunu–, Irán carece de armas nucleares, pero posee el know-how del enriquecimiento de uranio que alcanzó el 20 por ciento para el manejo de isótopos médicos.
El Ayatolá Jamenei ha sentenciado que la posesión de bombas atómicas es “antiislámica”.

Para que Irán posea su primera bomba atómica necesita rebasar el 90 por ciento del enriquecimiento de uranio, por lo que requiere acelerar la rapidez y el número de sus centrifugas.

No basta tener una bomba nuclear, sino se requiere también su delivery system (sistema de lanzamiento), cuya eficacia tendría que comprobar a posteriori.

Con esos antecedentes técnicos, no se requiere ser genio y/o estratega para entender la disparidad militar de EU–segunda superpotencia nuclear detrás de Rusia que ahora la superó con sus portentosas armas hipersónicas– frente a Irán, a quien solo le queda el recurso de la “guerra asimétrica” mediante su alianza con las múltiples milicias chiitas desde Siria (alawitas) / Líbano (Hezbolá), pasando por Yemen (los hutíes), hasta Iraq (con su caleidoscopio de guerrillas) / Afganistán/Pakistán.

Ante el programado asesinato, con siete meses de antelación, del icónico general iraní Soleimani –martirizado junto al líder de las milicias chiítas iraquíes Abu Mahdi al-Muhandis– por órdenes de Trump, a mi juicio, Irán sopesará sus represalias –que se calcula habrá en su debido tiempo y en forma asimétrica– cuya cronología se optimiza un trimestre antes de la buscada reelección de Trump, para infligirle un mayor costo electoral con el envío masivo de féretros estadunidenses.

El consagrado Scott Ritter (SR) evaluó juiciosamente que “Irán tiene todas las cartas en sus manos en el conflicto que viene (sic) con EU en el Medio-Oriente, salvo que Trump está listo (sic) a lanzar un arma táctica nuclear” contra la principal instalación de investigación atómica iraní.

SR fue el inspector estadunidense de la ONU quien exhibió las “mentiras (sic) de destrucción masiva” de Baby Bush sobre la mendaz posesión de armas atómicas que nunca existieron y que fueron motivo de su fracasada guerra en Iraq.

EU ocupa Iraq desde hace 17 años con la corresponsabilidad de Baby Bush, Obama y Trump.

Los estrategas militares de EU –desde el general Petraeus hasta SR– vislumbran que la retaliación iraní se escenificará en la parte occidental del golfo Pérsico: Kuwait/Bahréin/Qatar (asiento de la base aérea militar Al Udeid de EU) /Arabia Saudita/Emiratos Árabes Unidos.

El objetivo final de Irán será obligar a la retirada del ejército de EU, por la vía pacífica o de guerrillas, del “Medio Oriente”, cuya demarcación habría que definir porque se ve difícil que Trump y su yerno talmúdico Jared Kushner, abandonen a Israel.

Hay que tener mucho cuidado con las propagandistas aseveraciones simplonas de corte maniqueo lineal daltónico cuando el “gran medio oriente” se mueve en la híper complejidad no-lineal de varios niveles, donde resaltan sus característicos matices, poco comprensibles para quienes ni conocen su enmarañada geografía y ni siquiera han visto su mapa.

Los cronogramas también pesan mucho y quizá Irán pondere que habría que, primero, saber el epílogo teatral del impeachment (juicio político) de Trump en el Senado y, segundo, conocer a su contrincante demócrata, para actuar en consecuencia un trimestre antes de noviembre. No ahora.

Irán posee tanto el timing como “el arma nuclear estratégica de los pobres (sic)”: el cierre del estrecho de Ormuz, tránsito en el Golfo Pérsico del 20 por ciento del petróleo, que afectaría la antigravitatoria alza bursátil histórica de Trump.

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