En Mineral del Chico cada año es efectuada esa tradición al término de la ceremonia litúrgica, así como la quema de judas

Pachuca.- La mañana del domingo parece tranquila, como todas aquellas mañanas de fin de semana en la ciudad de Pachuca, son las 9:30 horas, pocos negocios están abiertos, se compara con el número de autos que pasan y se detienen en el semáforo esquina con la calle Guerrero.

La gente es un poco más numerosa en la explanada de la plaza Independencia, sobre todo a los pies del Reloj, las personas se detienen a tomarse una selfie o le piden a familiares que les saquen la foto del recuerdo con el monumento guardián del tiempo.

El Sol pega con más fuerza conforme uno camina en dirección a Ocampo y dobla en la esquina con la calle Ignacio Zaragoza, ahí, unos dos locales apenas van abriendo las cortinas, el estruendo de esas se escucha en toda la calle.

Algunos grupos de personas se dirigen en la misma dirección, al fondo de la calle se ve el mercado Miguel Hidalgo, los puestos acomodándose en la acera o abriendo los espacios; la afluencia se hace más numerosa a medida que se acerca uno al mercado Benito Juárez.

En el trayecto, las señoras esparcen las malvas, el perejil y el té limón y acomodan las sardinas con los escamoles, un guajolote en una jaula o algunas frutas, la gente detiene su camino en la base de las unidades de transporte público que llevan a destinos como Mineral del Monte, Atotonilco el Grande, Omitlán y Mineral del Chico, nuestro destino.

Es el Domingo de Resurrección y en el pueblo mágico se lleva a cabo la tradición de la Lluvia de Pétalos, al término de la ceremonia litúrgica, así como la quema de judas, las celebraciones a las que la mayoría si no es que toda la gente formada para tomar la combi quiere asistir.

Nos toca bien lejos, formamos una especie de cuadro incompleto desde la calle La Raza doblando con aquella llamada Agustín del Río, yendo para otra callecita de nombre Las Cajas, ahí estamos nosotros, y las unidades no se dan abasto, se va una y tarda en llegar otra.

Niños, jóvenes e incluso adultos mayores, todos caminan de apoco porque la fila no avanza tan rápido, incluso una unidad de otra ruta se forma, pero más tarda en estacionarse que en llenarse e irse.

Consultamos el celular, el reloj analógico marca las 11:33, el Google Maps informa que hay tráfico pesado en la carretera ¿qué hacemos? Preguntamos a un taxi en cuánto saldría el viaje “300 pesos hasta el mero pueblo; nomas que nos haremos de hora y media a dos porque como va gente, también viene de regreso”, “No, pues ¿qué alcanzaríamos?”.

Algunos desisten, cruzan la calle y terminan subiéndose a otra de las combis que no llevan casi nada de gente, quizá porque no van a lo de la lluvia, vaya uno a saber, pero la mayoría no hace más que decir “nos hubiéramos ido antes” y pues sí.

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