En el centro del corrupto ámbito de la procuración e impartición de la justicia mexicana se encuentra la tentación de autoridades y jueces, cubiertos de hálitos incorruptibles, de torcer la ley, dictar resoluciones arbitrarias e injustas, a sabiendas de que lo son, atentando contra los derechos, la integridad y la dignidad de los gobernados.
Prevaricato es la definición milenaria que la sociedad y el derecho penal de todos los tiempos han asumido para tipificar esta conducta delincuencial, en los códigos de todos los tiempos y todas las naciones, que entre nosotros se asocia al poder de las influencias y el dinero, contante y sonante.
El prevaricato de los jueces es, hasta hoy en México, una conducta inmune. Despreciable, pero inmune. Cuando el ciudadano lo sufre en menoscabo de su patrimonio económico, de su libertad o de su tranquilidad se encuentra ante un desasosiego inexplicable, que no está acostumbrado a defender porque la cultura de la corrupción, Peña Nieto dixit, no es suficientemente conocida ni convenientemente divulgada.

Sirvió como puente de las transas de Salinas y Diego

Un experto en cometer prevaricato es el actual presidente del Tribunal Superior de Justicia de la capital de la República Edgar Elías Azar. Elevado a esa alta dignidad por un corrupto de siete suelas, como Marcelo Ebrard –quien así le pagó la cadena interminable de favores a Televisa y otros factores de poder no menos importantes– que entonces apoyaban su loca, loca, loca precandidatura a la presidencia.
La curiosa carrera de ese abogado huizachero se inició al lado del exgobernador de Guerrero Francisco Ruiz Massieu, su compañero de generación escolar, quien lo nombró secretario de Finanzas del Estado. Desde ahí, Edgar Elías Azar fue el gozne de una cadena de corruptelas que desembocaron en sonados casos para cubrir deudas políticas de Carlos Salinas de Gortari.
Sucede, por ejemplo, que al no encontrar cómo pagarle a Diego Fernández de Cevallos la declinación panista a disputar la presidencia de la República, fraudulentamente obtenida por Salinas en las asquerosas elecciones de 1988, el llamado presidente Salinas le ordenó al gobernador de Guerrero forrar de canonjías al deslenguado barbón.
El precio fueron los costosísimos terrenos costeros de Punta Diamante, en Acapulco, mismos que, en un santiamén, fueron obtenidos por el panista huizachero gracias a la “eficiencia” demostrada por Elías Azar para hacerlos cambiar de manos, sin argumento jurídico que lo justificara. Un regalo descarado e ilegal.
Desde entonces a la fecha, cada vez que Diego Fernández de Cevallos recibe un telefonazo del infame usurpador Salinas de Gortari responde al auricular con un estentóreo “¡a sus órdenes, señor presidente!”, que todavía suena más falso que un billete de 30 pesos. Obviamente, el felón Salinas se siente ufano.

Tuerce todas las resoluciones que atenten contra Televisa

Pero no es la única balandronada del abogado del dólar Edgar Elías Azar. Todo mundo recuerda cuando, a través de Alberto Ruvalcaba Ramírez, juez 13 del Distrito Federal, dictó orden de aprehensión y auto de formal prisión al abogado Cornelio Cipriano Bravo Palestino, quien se atrevió a demandar a Televisa el pago de su prima de antigüedad en la empresa de medios.
Cuando los abogados defensores de Bravo Palestino se apersonaron ante el juez para hacerle ver lo arbitrario de su proceder, Ruvalcaba Ramírez les contestó: “No puedo hacer nada. Tengo línea de Edgar Elías Azar. No hay para dónde hacerse”.
El caso del juicio perdido por Cornelio Cipriano Bravo Palestino es un mensaje ejemplar para los más de mil trabajadores despedidos por Televisa que están en condiciones jurídicas de hacer valer sus derechos por la vía laboral. Pero ya no. Porque Elías se encarga de criminalizar y ajusticiar a quienes osen hacerlo en adelante.
Edgar Elías Azar es un prevaricador de polendas. Tuerce todas las resoluciones que atenten contra el patrimonio de Televisa. Ante ese muro, no existe ningún derecho posible. Por ese hecho, lleva al frente del tribunal tantas reelecciones como Roosevelt… aunque en su caso sea ilegal.

Paula Cusi viuda de Azcárraga, una de sus víctimas

El caso de Paula Cusi, esposa de Emilio Azcárraga Milmo, es también ejemplar. Elías le aplicó el mismo método de la reclusión por atreverse, en su calidad de cónyuge supérstite, a reclamar el pago de la sexta parte que le correspondía del legado del famoso Tigre, unos 500 millones de dólares. El 25 de abril de 2011, utilizando al dócil juez Ruvalcaba Ramírez, la recluyó en la prisión femenil de Santa Martha Acatitla.
Acusada de falsedad en declaraciones, poco faltó para que la bella Paula Cusi fuera recluida en algún centro para enfermos mentales por insistir en sus derechos reales de heredera universal. Edgar Elías Azar, una verdadera amenaza, que se jacta en las celebraciones de sus “abogangsters”, de llevar una excelente relación con la familia Azcárraga y lo que eso sea que represente.

Manosea el caso de la hermana de Javier García Paniagua

Pisotear los derechos, despreciar la ley, tirar por la borda de la nave los desechos de credibilidad y confianza popular en las instituciones de justicia, han sido los peldaños que le han servido a este mercachifle del derecho para servirse con la cuchara grande y no rendir cuentas a nadie.
No ha sido menor el atropello que Elías Azar ha hecho a la familia García Ferrat. Utilizando a su mozo de estoques Oscar Montes de Oca Rosales, subprocurador de averiguaciones previas desconcentradas de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, y a su lacayo Ricardo Montoya, agente del Ministerio Público en la delegación Cuauhtémoc, Elías le ha dado vuelo a su inmunidad.
Ha hecho que los herederos legítimos de Román Ferrat Sola pasen “las de Caín” llevándolos y trayéndolos en cuanta acusación penal y civil sin fundamento les han hecho dos personas que alegan derechos testamentarios, María Teresa Ferrat García y Guadalupe García Cabello, cuyos argumentos dizque jurídicos no se han podido probar ante una sola autoridad del fuero común, a pesar de las extorsiones y chantajes de los escuderos de Elías Azar.
Los abogados Jesús Hernández Alcocer que utiliza charolas de la Sedena y se dice amigo de la infancia de su paisano Elías Azar, y su socio, Ignacio Gilberto Silva Hernández, director general de Control de Amparo en la PGR, han sido los instigadores que presionan, en nombre de Elías Azar a todo tipo de autoridades y fruncionarios para que tiren los dados a favor de los falsos reclamantes.

Cadena de violaciones execrables del “abogado del dólar”

En estos momentos, los falsarios Hernández Alcocer y Silva Hernández se dedican a presionar en todas las formas y tonos a los magistrados de la sexta sala del Tribunal Superior de Justicia del DF, Marta Patricia Tarinda Azuara, Ramón Alejandro Sentíes Carriles y María de Jesús Medel Díaz, para que fallen en contra de los legítimos herederos de Román Ferrat Sola, tergiversando la última decisión testamentaria del decuius.
Pugnan todavía por hacer valer las dos apelaciones que el Ministerio Público hizo en contra de la negativa de dos jueces da haber librado orden de aprehensión contra los herederos legales de Ferrat. Quieren que a fuerza se ejecute el mismo arrimón que ya les dieron a Cipriano Bravo Palestino y a Paula Cusi.
Es demasiado larga la cadena de violaciones execrables cometidas por el abogado del dólar Edgar Elías Azar, un huizachero al servicio de Televisa. Su afición a despreciar y a torcer la ley, el prevaricato como consigna, va de la mano de su “impoluta” carrera al servicio del dinero.
¿Hasta cuándo ejercerá en libertad sus nocivas actuaciones que tanto daño han hecho en tanto tiempo de pontificar bajo el manto de la toga de la justicia?
¿Usted cuánto tiempo le da?
Índice Flamígero: El circo priista y su clown Enrique Ochoa Reza siguen provocando las carcajadas “de los niños, de los papás de los niños, y de los papás de los papás de los niños”. Expulsan de las filas tricolores, en medio de tamborileos, a Javier Duarte de Ochoa, quien transó con el gobiernito de Enrique Peña, a través de Miguel Ángel Oso…rio, su graciosa huida, a cambio de no hablar para no embarcarlos en los entrambulique$ veracruzanos. Al otro Duarte, el chihuahuense protegido por su “domador” Emilio Gamboa Patrón, lo dejan libre de toda sospecha, pese a que todos los días se le descubren más y más raterías y desvíos de fondos públicos para su personal provecho. Y de plano, alejan a Roberto Borge de los reflectores, no obstante que en Quintana Roo todos saben la clase de pillo que es el niñato cozumeleño y agradecen que ya no esté al mando. Distraen con la expulsión del gobernador en funciones Flavino Ríos, y escupen hacia arriba todo el tiempo, pues llegará el momento –¡por fortuna ya cada vez más cercano!– de que la sociedad pida a los militantes del PRI que, con la misma enjundia, se la apliquen a Peña Nieto y a la mayoría de los integrantes de su gabinetito. Ahí, en Los Pinos, ahora, está el meollo de la corrupción que nos está acabando como país. ¿O no?
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Columnista político desde 1977. Comentarista radiofónico y de televisión. Publica su columna “Índice político” en 47 medios de comunicación de la República mexicana y tres de Estados Unidos. Apunta con el Índice, pero también propone.