Con gran preocupación escuché en días pasados decir al presidente de la república que su estrategia sanitaria para contener la pandemia del Covid-19 seguiría siendo la misma.

Con ese temerario y alarmante antecedente, México, al 17 de Agosto del 2020, se posicionaba en el quinto lugar en contagios a nivel mundial (más de 500 mil), tercer lugar en decesos por el Covid-19 (más de 55 mil), así como primer lugar en contagios de su población de profesionales de la salud (más de 70 mil), como son los médicos, enfermeras, técnicos, personal administrativo y de apoyo.

Asumiendo que todo esto sigue igual y entre ello me refiero a no cambiar de estrategia y que la famosa curva todavía no encuentre su tope en las siguientes semanas, entonces inevitablemente dicha curva se encontrará con otra en ascenso y esa será la de la influenza estacional de cada año, que sumadas crearían las peores condiciones e impacto negativo a la salud de la población y a la economía del país. Los efectos sumados de esta condición desafortunadamente podrían extenderse hacia el primer trimestre o más del 2021.

Realidades Primero: Nos enfrentamos a una nueva enfermedad que es poco conocida. La experiencia que se tiene es tan solo de unos cuantos meses. Los chinos, los italianos, los españoles y muchas otras naciones son quienes nos han aportado y compartido valiosas experiencias que desafortunadamente no hemos sabido capitalizar y lo cierto es que seguimos a la espera de la vacuna.

Segundo: La curva de contagios sigue en ascenso y no ha llegado a su tope, se ha demorado por el deficiente manejo institucional y la falta de responsabilidad civil. Una vez que llegue a su tope descenderá pero tardará por lo menos el mismo tiempo que le llevo en ascender, de acuerdo al doctor Santiago Lastiri Quirós, distinguido exalumno de la escuela de medicina de la máxima casa de estudios de la entidad (UAEH) y doctorado en políticas de salud y gerencia en la Universidad de Wisconsin en Estados Unidos. Es decir esta pandemia en México tendrá una larga duración para poderse controlar realmente.

Tercero: El manejo sanitario por parte del gobierno federal para mitigar el ascenso de la curva de contagios en México, a partir del mes de marzo en que por primera vez se documentó un paciente con Covid-19, rehusó a establecer una política integral de contingencia sanitaria consistente, entre otras cosas, en realizar pruebas para detectar contagios, hacer inmediatamente un rastreo epidemiológico para instaurar cercos sanitarios, así como cerrar fronteras.

Recordemos que los primeros casos se importaron de otros países. Hasta la fecha somos el país que menos pruebas diagnósticas hace, porque según el subsecretario de salud López-Gatell “son un desperdicio de tiempo y de recursos”. Así lo externó en una comparecencia ante el Senado de la República. No hacer pruebas implica no tener claridad en el número de pacientes infectados, pues existen los que se conocen como portadores asintomáticos o pre sintomáticos y son quienes más contagian al resto de la población. De acuerdo al doctor Francisco Moreno, infectólogo del hospital ABC, un ministro de iglesia coreano y portador asintomático contagio a mil 623 personas.

Cuarto: Este mismo subsecretario no ha promovido el uso obligatorio del cubrebocas, ni tampoco el presidente, ni su gabinete. Aunque algunas veces estos mismos personajes mencionan la importancia de usarlo, la realidad es que en los actos públicos donde se presentan, no lo llevan puesto, generado así un pésimo ejemplo para la sociedad. El éxito de muchos países que han contenido los contagios y los decesos se basa entre otras cosas en el uso obligatorio del cubrebocas.

Este gobierno les ha conferido a los gobernadores de los estados la responsabilidad para el manejo de la pandemia contraviniendo el artículo cuatro de la CPEM y el artículo 73, fracción seis, donde se menciona que es obligación del Estado Mexicano y de la Secretaria de Salud “dictar inmediatamente las medidas preventivas indispensables”.

Quinto: México adecuó su infraestructura para enfrentar la pandemia improvisando/habilitando hospitales de segundo nivel para atender pacientes que requieren una atención de tercer nivel, donde hay unidades de cuidados intensivos (UCI), medicina crítica, personal altamente especializado y multidisciplinario, diestros en el manejo de respiradores con optimas competencias para intubar.

El personal médico y sus auxiliares han hecho su mejor esfuerzo, pero acorde a Sofía Ramírez Aguilar de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad “en México la tasa de contagio entre el personal de salud es seis veces mayor que en China y el doble que en Italia; y nuestro personal de salud se muere cinco veces más por el Covid-19 que en Estados Unidos”. Hay falta de equipo de bioseguridad para proteger a quienes nos cuidan y tratan de salvarnos. Hoy día muchos profesionales de la salud viven un desgaste extremo. Para un número importante de ellos ya son cinco meses de intenso trabajo y sin poder ver a sus familias.

Sexto: Por instrucciones del gobierno federal apartir del 2 de junio volvimos a la llamada “nueva normalidad”, para ese entonces llegábamos a 10 mil decesos; sin embargo, para agosto, es decir en tan solo diez semanas, rebasamos los 50 mil decesos por la enfermedad.

¿Cuál es, entonces, la lectura de esto y hacia dónde vamos? Que el gobierno federal continúa desinformando a la población de la realidad del Covid-19. Le ha dado aparentemente prioridad al aspecto económico en lugar del aspecto epidemiológico para contener la pandemia.

Ha demostrado una gran improvisación en el manejo terapéutico, por eso existen tantos decesos y una gran cantidad de contagios en los mexicanos que no han sido tratados a tiempo y oportunamente al nivel de la atención primaria y de primer contacto, evitando con esto que lleguen en condiciones críticas a morir a los hospitales.

Debemos también reconocer que los mexicanos hemos demostrado una gran irresponsabilidad social al seguir reuniéndonos como si nada pasara, no usando el cubrebocas sistemática y adecuadamente, no manteniendo la sana distancia y quedándonos cortos con el cumplimiento de recomendaciones como el lavado de manos y permanecer en casa.

Ciertamente se corre el peligro de seguir con Covid-19 por más tiempo y además con la influenza estacional por venir podría haber más pacientes pero con dos padecimientos (influenza y Covid-19). La era Covid-19 se prolongará por mucho más tiempo. La economía se deprimirá más y la inseguridad se incrementará. La distribución de la riqueza será más inequitativa y desafortunadamente habrá más pobreza.

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