Los abrazos efusivos y las felicitaciones por un momento la confundieron; en la euforia nunca olvidó sostener su título que la acredita como licenciada en administración, egresada de la UAEH.

Ella es la primera en la familia materna y paterna con un título universitario, sus propios padres lograron ingresar al nivel superior de estudios, pero un embarazo no planeado les obligó a dejar la escuela para convertirse en trabajadores y padres de una pequeña. Esa pequeña es hoy una mujer profesional con un título universitario.

En esos momentos de alegría, su hermana menor anunció que algún día ella también tendrá un título profesional.

Entre los invitados al convivio estaba otro joven que reconoció su cansancio, luego de unos años de no estudiar, regresó a la escuela. Sus condiciones personales le obligaron a matricularse en una institución privada donde espera acreditarse como un profesional. ¿Qué distingue un título emitido por una universidad pública y una institución privada?
Tal pregunta nos coloca en la arena del papel que las instituciones públicas tienen para con la sociedad. La parte más evidente es que la universidad forma a los y las profesionales que se incorporarán al mercado laboral y una responsabilidad irrenunciable es que también forma a ciudadanos. Otros espacios educativos en su creación, funcionamiento y crecimiento está anclado a la matrícula que pague sus colegiaturas, eso antepone la ganancia sobre la calidad formativa; entonces, los y las estudiantes son clientes que pagan por un servicio educativo.

Las universidades públicas también se preocupan y ocupan por incrementar y mantener la matrícula escolar, ello compromete la calidad formativa de los alumnos porque se privilegia la enseñanza de contenidos técnicos y humanísticos, para lo último se desarrollan actividades complementarias como conferencias, seminarios, festivales culturales.

Por ejemplo, con mis estudiantes en la clase posterior a la Feria Universitaria del Libro, llevaron como tarea un texto impreso con una dedicatoria de parte del autor o autora; el grupo con más de 30 integrantes tenían consigo comics, libros biográficos, novelas, poesía, ensayo, historia, entre otros. La mejor parte ocurrió cuando explicaron las razones de su elección, unos reconocieron la necesidad de cumplir la tarea, otros casualidad y los menos llevaron su libro porque obedecieron sus gustos e intereses. Luego se propusieron compartir parte del contenido, en ese ejercicio afloró el recién descubierto gusto por la poesía y la necesidad de compartirla.

En un grupo de estudiantes que inicialmente fueron con desgano a la FUL, se prometieron ahorrar para que en la siguiente feria del libro puedan ampliar su biblioteca, también fue grato atestiguar su autopromesa de invitar a familiares y amigos, es decir, aquellos cuyas circunstancias no les han permitido experimentar la vida universitaria de una institución pública.

Las posibilidades de generar una dinámica cultural que motiva el desarrollo del pensamiento y las ideas es un privilegio tenido y construido en las universidades públicas. Los títulos universitarios de instituciones públicas acreditan a un profesional y también a cierto tipo de ciudadanos y ciudadanas que en todo momento fueron tratados como estudiantes y no como clientes.

Ahora, como nunca en la historia reciente, mayor cantidad de familias en esfuerzo conjunto con su trabajo y la existencia de universidades públicas, tienen a sus hijos con honrosos títulos universitarios, pero sobre todo, tienen a ciudadanos con una comprensión más compleja del funcionamiento de la vida.

Comentarios