Actualmente concebimos muchas prácticas sexuales como “normales”, sin embargo, muchas de las prácticas de hoy en día no se llevaban a cabo e incluso han ido cambiando

IRIA FERRARI
Barcelona

Se dice que normal es aquello que más se da, lo más frecuente, lo que más se repite… estadísticamente hablando. Aquello que sale de la curva de esa normalidad, no significa que sea anormal, sino menos frecuente, menos habitual. Sin embargo, cuando hablamos de normalidad hacemos referencia a lo que estamos acostumbrados, si no es así, es raro, es extraño, es diferente y parece que eso nos asusta.
Como siempre decimos, en sexualidad no hay nada escrito. Aunque cierto es que a todos nos gusta encajar en esa normalidad que viene impuesta, eso que debemos hacer todos para no ser bichos raros y encajar en esta sociedad. Si ya nos cuesta hablar de sexualidad abiertamente, ¿te imaginas lo difícil que es decir que a mí no me gusta lo mismo que a todo el mundo?

Echando la vista atrás…

Actualmente concebimos muchas prácticas sexuales como “normales”, sin embargo, si echamos la vista atrás muchas de las prácticas de hoy en día no se llevaban a cabo e incluso han ido cambiando.
Por ejemplo, en la antigua Grecia los docentes enseñaban a sus discípulos a iniciarse en relaciones sexuales, masturbándolos e incluso manteniendo relaciones sexuales entre ellos para dotarles de esos conocimientos. Hoy en día ese tipo de prácticas no pasan por la cabeza, en algunas situaciones, incluso, podrían ser ilegales.
Hasta no hace mucho tiempo, la masturbación era sinónimo de pecado, masturbarse era algo malo que debíamos evitar (obviamente haciendo referencia a los hombres, se daba por hecho que las mujeres no lo hacían), sino las consecuencias podrían ser negativas: saldrían granos, vello en las manos, nos quedaríamos ciegos, etcétera. Más allá de esa realidad, hoy en día sabemos que la masturbación, tanto en hombres como en mujeres, tienen muchos beneficios, así como que es una práctica habitual y placentera.
Hasta hace apenas tres décadas, la homosexualidad aún estaba considerada un trastorno mental, algo que se podía “curar” mediante terapia psicológica, ya que era algo antinatural. Sin embargo, entre las diversas especies se ha encontrado que alrededor de mil 500 de ellas tienen comportamientos homosexuales, e incluso se dice que no existe especie que no tenga ese tipo de comportamiento, ¿curioso, no?
Las prácticas sadomasoquistas parecen prácticas muy recientes que hemos ido descubriendo a través de la literatura erótica, sin embargo, es una práctica que se remonta a cientos de años atrás, para ello ya nos lo recuerda el marqués de Sade. Si pensamos bien, podemos encontrar látigos, esposas, pañuelos y todo tipo de complementos para esas prácticas, están a la orden del día en cualquier tienda erótica. Aunque cabe tener en cuenta que las prácticas sadomasoquistas van mucho más allá de juegos inocentes que se puedan llevar a cabo en la habitación.

¿Entonces qué es “normal”?

Como bien sabemos, y siempre predicamos, la sexualidad puede ser tan amplia como nosotros queramos. Ante todas las prácticas sexuales que conocemos no estamos obligados a realizar ninguna de ellas y podemos experimentar hasta donde nuestra curiosidad llegue. El sexo es diversión, es placer, intimidad, comunicación; por tanto, si venimos a pasarlo bien, ¿por qué hacer algo que no nos gusta?
Como ya vimos, no hay frecuencia ni duración exactas que determinen las relaciones sexuales más satisfactorias. Así como no hay número de orgasmos para determinar el placer sexual. Hay personas que les encanta practicar sexo oral y a otras que les repugna. Hay personas que no dejan de pensar en sexo y a otras que no les interesa lo más mínimo. Hay personas que solo contemplan la penetración y para otras es una práctica más. Hay personas que le dan importancia al tamaño del pene y otras muchas que no lo hacen. Hay personas que solo mantienen relaciones sexuales con hombres o mujeres y hay otras que les es indiferente, solo ven a una persona con quien disfrutar.
Muchas personas solo contemplan las relaciones sexuales con su pareja, mientras otras pueden llevarlas a cabo con dos o más personas. Existen parejas de dos, y parejas que contemplan el poliamor. Existen los intercambios de pareja, los que solo mantienen relaciones esporádicas y los que tienen relaciones abiertas.
Hay personas que les gusta ser pegadas y a otras les gusta pegar. Hay personas que les gusta correr riesgos y practicar el sexo al aire libre, a otras les gusta grabarse en video e incluso otras que solo lo hacen con la luz apagada. Hay personas a las que les gusta la postura del misionero, a otras les encanta cambiar de posturas. Hay quienes se sienten atraídos por personas bajitas, con bigote o calvas. Hay quienes les gustan las personas con mucho pelo, con grandes pechos o pequeños.
Obviamente podríamos nombrar todas la parafilias existentes, y muchas de ellas nos resultarían muy complejas, extrañas e, incluso algunas, desagradables. Más allá de esas prácticas (algunas de las cuales ilegales) que causan malestar a la persona o problemas más serios, hay quienes pueden disfrutar plenamente de la sexualidad a pesar de tener gustos diferentes.
Por tanto, cuando hablamos de normalidad en sexualidad es algo que determinará cada uno de nosotros o como bien se dice: “para gustos, colores”. Existe un refrán que dice “para cada roto hay un descosido”, es decir, podemos encontrar a personas con nuestras mismas inquietudes sexuales que nos hagan disfrutar de los más peculiares gustos, siempre y cuando, por supuesto, esas relaciones sean consentidas y se disfruten.
Además, la sexualidad es intimidad, por tanto, tampoco es necesario ir pregonando lo que nos gusta o no en la cama, eso lo sé yo… y quien yo quiera.

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