Los accidentes automovilísticos asociados al consumo de alcohol son una de las formas más recurrentes en la que mueren los jóvenes en México, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero, compitiendo con esa cifra, muchos decesos están ocurriendo por su involucramiento con el crimen organizado. Muchos jóvenes, de escasos recursos en su mayoría, se asocian a grupos criminales con la promesa de mejorar sus condiciones de vida y son reclutados para realizar acciones de protección, vigilancia y la comisión de delitos por un salario más atractivo que los que ofrecen otros trabajos.

Además de ello, pertenecer a una banda criminal no solo representa seguridad económica, sino estatus social para ellos, por lo que se lucha para ser aceptado, muy a pesar de las difíciles pruebas y los rituales de violencia que se realizan para pertenecer a esos grupos. Así, esos jóvenes aprenden códigos de violencia y sellan lealtades para defenderse contra cualquiera que atente contra la familia criminal en la que se han ganado un espacio.

En un contexto de marginación, falta de oportunidades laborales y educativas, los jóvenes son presa fácil de las organizaciones ilegales, porque además de ofrecerles salidas rápidas para tener dinero fácil, se ha creado también una imagen falsa del éxito, porque suelen admirar a los líderes de las bandas criminales, que encarnan sus sueños de futuro.

De hecho, la cultura del narcotráfico, el sicariato y la violencia en general se está volviendo parte del lenguaje común de las juventudes en varias regiones de nuestro país, principalmente en zonas marginadas y con faltas de oportunidades de desarrollo.

En los últimos años, la violencia ha alcanzado a muchos jóvenes, ya que son utilizados como la carne de cañón de los grupos delictivos. La violencia empleada se utiliza para disciplinar a los oponentes, pero también a la sociedad.

Por ejemplo, vemos que las ejecuciones, muertes violentas y desapariciones se cometen contra jóvenes que no rebasan los 25 años. Una tragedia humanitaria que parece no importar a nadie porque creemos que lo merecen y asumimos que están vinculados en actos ilícitos, pero que de fondo se debe a la falta de políticas públicas que brinden oportunidades a las juventudes para evitar que se involucren en ese mundo tan seductor para ellos.

Entonces, podemos concluir que las acciones de violencia son para causar miedo al oponente y generar terror a la población con la intención de asentar la cultura de la violencia como el espacio común que debe organizar a la sociedad y manda un mensaje para advertir que cualquiera que escape a la voluntad de las bandas criminales será la próxima víctima, no importando si son criminales, funcionarios públicos, políticos o empresarios. Si la violencia no cede, será desde allí donde se defina quién nos gobierne y quién nos represente en la vida pública. Al tiempo.

A pesar de las acciones de las corporaciones de seguridad y de las declaratorias políticas de los gobernantes, la violencia no ha disminuido, por el contrario, se ha incrementado hasta en regiones donde se preciaban ser las más seguras de este país, por ejemplo, en el estado de Hidalgo.

Los cuerpos exhibidos la semana pasada de los jóvenes colgados en los puentes y demás regiones de Uruapan, Michoacán, es sintesis de la incapacidad gubernamental para hacer frente a la violencia y emite alertas que deben de llevar a la reflexión a la sociedad en su conjunto, porque muy a pesar de la responsabilidad institucional, también se trata de una degradación de los valores familiares y, allí, solucionarlo solo es competencia de los padres.

La educación, sin duda, es una variable que detona cambios en el ámbito económico, cultural y político. De hecho, es la única forma en que se transforma a profundidad en lo individual y en lo colectivo, porque proporciona elementos para comprender y valorar el mundo desde otra perspectiva, quizá no la mejor, pero sí la que nos permite no ser indiferente frente a la muerte de los jóvenes que insistentemente refieren los gobiernos como la esperanza de México, pero que tristemente en la realidad los están desapareciendo y asesinando. ¡Frente a esta tragedia nacional, nadie puede ser indiferente!

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