¿Qué onda con la señal de stop?

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stop

Es razonable pensar que esta señal tuvo su origen a principios del siglo XX con la transición del carro de caballos al automóvil de combustible; la popularidad del vehículo aumentaba –particularmente en los países más desarrollados–, a la par de los accidentes y el esperable caos en las vías públicas. Pronto, se hizo necesario crear señalizaciones que permitieran, tanto al peatón como a los conductores, circular sin peligro –si no lo cree, pregúntele al pobre Pierre Curie, quien no pudo asistir a la entrega de su Nobel por dicha carencia–.
La idea de crear un “lenguaje vial” provino de los Estados Unidos; sin embargo, la sensación de querer bajar la celeridad con que la vida avanzaba no fue provocada ni por las nuevas formas de comunicación y transporte creadas entre los siglos XVIII y XIX, ni por otros avances tecnológicos, sino que data de siglos atrás.
Se cuenta, pues, que la invención de la señal de Stop o de “Alto” –o “Pare”, en algunas partes de Sudamérica– se remonta a la Edad Antigua, donde las primeras civilizaciones que constituían el área cultural mesopotámica y sus colindantes –los egipcios y los romanos, por ejemplo– experimentaban tal grado de inconsciencia ocasionado por el momentum –es decir, el “acelere”–, que los pensadores de la época, en concreto, los sumerios, sintieron la necesidad de crear una señal con la que los ciudadanos redujeran un poco su “prontitud civilizatoria”, no para bajar la velocidad de su paso, sino la de su mente. La señal fue diseñada con ocho lados –concepto similar al adoptado en el siglo XX– y su propósito era concientizar a la población de todo aquello que los rodeaba, o lo que experimentaban en el instante. Aquellos que se toparan con ella debían seguir los siguientes pasos:

*Tranquilizarse
*Poner atención
*Mirar a su alrededor
*Detenerse un momento
*Observar su interior
*Respirar profundo
*Valorar el momento
*Seguir conscientemente su camino

Originalmente se la representaba con un fondo amarillo con letras negras sobreimpuestas –el mejor contraste que se percibe a distancias lejanas–, pero en 1950 obtuvo su color distintivo: letras blancas sobre un fondo rojo, pues, semióticamente, a ese color se le ha atribuido un significado de peligro o amenaza.

Una cita sexual con Freud

El psicoanálisis no es solo un método terapéutico, sino una herramienta que ayuda a esclarecer conductas individuales y sociales que merezcan ser analizadas más allá de la mirada superficial de cualquier observador impersonal.
Con ese libro, la autora Alexis Schreck nos ofrece una visión del psicoanálisis mediante su experiencia, la cual intenta llevar, de manera agridulce, sin reparos ni timidez a todo aquel interesado en adentrarse en los oscuros rincones de su propia psique; un tanto para entender qué monstruos habitan en dichos abismos, otro tanto para comprenderlos y reconciliarse con ellos, pues, probablemente, no lo traigan muy contento.

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