La violencia, su hermano gemelo, la delincuencia, el prácticamente nulo crecimiento económico, son temas cotidianos y que forman parte de una sobrecargada agenda de dificultades que enfrenta el país. Frente a ese agobiante escenario, es necesario preguntarnos: ¿Qué política queremos y esperamos? Ante el páramo doloroso, es posible que algún ciudadano desearía una respuesta lúdica, aunque filosa y profunda, como la que seguramente ofrecería Jorge Ibargüengoitia, brillante escritor mexicano que exploró el aspecto “sentimental e irónico” (G. Sheridan) de un México estremecido por la corrupción, el autoritarismo, la demagogia, la violencia. Sobre el tema de la represión y la violencia, ese notable literato escribía a propósito del halconazo del 10 de junio (Excélsior 15-6-71) “según el primer boletín de la jefatura: la policía que se encontraba en el lugar de los hechos con el objeto de prevenir desórdenes, hizo esfuerzos, primero, para disuadir a los organizadores […] de llevar a cabo la manifestación, en vista de que no contaban con la autorización reglamentaria. De nada sirvió. Los manifestantes a pesar de que les fue advertido que sus papeles no estaban en regla, insistieron en seguir la marcha hasta el monumento a la Revolución…”. Con ese tono irónico, filoso, analizaba de manera meticulosa y aguda un suceso que marcaría el rostro del país y que junto a otros movimientos sociales fueron los responsables de que, pocos años después, ocurriera la transición democrática mexicana.

Sí adoptamos un tono más seco, severo, entonces el enfoque será más pesimista, por supuesto, menos agradable, por ejemplo, el periódico El Economista, destacó como nota principal (22-X-19): prevén contracción de la manufactura en 2020, se le apagan motores a la industria automotriz. En el cuerpo de la nota afirman que la producción automotriz se quedará estancada durante los próximos cinco años. De igual manera, nuestro escenario económico no puede escapar del entorno internacional, de manera que la alerta anunciada por el Banco Central de Alemania (Bundesbank) al reconocer que la desaceleración llevó a que su economía entrara en un periodo de recesión, nos prende focos rojos. En ese contexto, la calificadora Moody’s advirtió de un alto riesgo de recesión global para el próximo año. “Existe una posibilidad incómodamente alta de que una recesión afecte a la economía global en los próximos 12 o 18 años”. Junto a la errática conducción hacendaria, está con nosotros una recesión que profundizará los, de por sí, graves problemas económicos de México.

La economía también queda determina por la violencia. Los graves sucesos ocurridos en Sinaloa tendrán en lo inmediato resultados económicos: el primero de ellos, es que muchos de los capitales que hayan sido invertidos en esa zona serán retirados de ese mercado, y seguramente los que habían considerado la posibilidad de invertir cancelarán sus proyectos. Las consecuencias del justificado miedo de los inversionistas, que son compartidos por el capital nacional e internacional, afectarán no solo a la región mencionada sino a todo el país y a la comunidad internacional. Esto porque se envió una grave señal de debilidad frente a la delincuencia, “Lo único que un Estado no puede permitirse es ceder a otros el ejercicio de la fuerza, que por definición tiene la responsabilidad de monopolizar. El Estado existe antes que nada para garantizar la seguridad de las personas. Para ello, cuando es necesario emplea la fuerza con legitimidad que en las democracias le confiere la sociedad. Eludir esa obligación y más aún, transigir para que sean otros quienes impongan su fuerza constituye el incumplimiento más grave que un gobierno a la cabeza del Estado pueda hacer al mandato que le han otorgado los ciudadanos”, (Raúl Trejo Delarbre). La pregunta continúa en pie: ¿Qué Estado queremos?

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