Una mirada era suficiente para que las imágenes, los recuerdos, el conocimiento aprendido, visto, mamado resurgiera, brotara con un auténtico encanto de los años finales del siglo XIX y los primeros del XX del florecimiento de este añejo mineral de plata. La anciana mujer miró lo que mereció su atención, en minutos corren sus recuerdos como enloquecidos por esos años que dieron identidad al vetusto mineral de Pachuca, la memoria llegada la convertía en seductora crónica, en extraordinarias narraciones, en auténticas, fundadas y conocidas historias, ¡sí, era una viejilla predestinada!
Ahí parada en el escenario del maravillado quiosco de “las músicas” esculpido en cantera a poco más de una vara de elevación en el histórico jardín Independencia, en la segunda mitad del siglo XX, recordaba a su tronco de mulas los pelones, señalaba y miraba al oriente de la plaza; a un lado de la singular finca de la mitad del siglo XIX donde se imprimió el protestante e izquierdoso por señalar todo lo que no le parecía correcto, periódico “el Independiente” de la familia Castrejón, junto al viejo puente Cravioto-Ocampo, su interés se dirigía a la casona en donde existió una finca de dos pisos que fue la vieja panadería La Palanca de la misma factura de la histórica botica El Refugio, que presentaba presumidos letreros de ventas de “pastelería”, “dulcería”, “cajas de obsequio”, “pan de dulce” y “cajetas de Celaya”.
Con la boca escurriendo atragantada de salivar, como apersogada, dificultosamente articuló la anciana mujer “fueron los más suculentos postres y antojos que se veían, que se olían, frutos de sartén que aromatizaban, emanaban a canela, harina, a muchas diversas frutas, mantequilla, sal, nuez, cacahuate, una verdadera delicia visual, un agasajo”, ella aseguró “ahí daba gusto gastar lo poco que se obtenía, con tanto sudor, esfuerzo y trabajo en la labor de los fríos túneles y obscuras lumbreras mineras, esos escasos pesos de oro y de cobre, los reales, los tlacos, los medios y cuartillos de cobre y las pesetas”.
La abuela fustigó “porque la pobreza es todavía más temible que la lepra, pero con el paladar contento en La Palanca, pues con pocos centavos se compraba verdadera miel”, deleitarse con los quesos de tuna de San Luis y Guanajuato, camotes de Querétaro, crujientes camotitos morados o blancos de Puebla, de Santa Clara, de Guadalajara calabazates de colores, los deleitosisimos de Morelia ates o guayabates, los uvates de Aguascalientes, para satisfacer todos los sentidos con esas ricuras de ascendencia árabe, francesa y española crujientes buñuelos o dorados y azucarados churros, dulces de almendra, palanquetas de aquí de pepita de calabaza, cacahuate o nuez de azúcar o piloncillo, merengues, pepitorias, alfajores, yemitas de huevo, almendrados alcatraces, una delicia que agradaba a todo el mundo.
De esos deleites de la afamada panadería, la golosa viejecilla pasaba al goce de la arquitectura del entorno a la plaza jardín Independencia, al majestuoso monumento del centenario y en sus piensos veía al quiosco de las músicas, las “farolas turcas”, el quiosco nevería de los griegos y el hermoso pabellón de las flores destruidos uno a uno por la justificada ignorancia que trasciende al siglo XXI. Coronándose en 2013; con la insolencia del gobierno y del alcalde García Sánchez al construir lo mentado como “centro cultural” respaldado por su grupo de serviciales en apoyo a la destrucción, la eliminación del quiosco de cantera. El 5 de julio de 2015 apareció en prensa Juan Manuel Menes señalando que “…desde el punto de vista estético el problema es estructural…por lo que según los expertos nada debe rivalizar con el monumento como lo apuntaban ya los integrantes del Centro Hidalguense de Investigaciones Históricas…” grupo conocido por la viejilla como de particulares que pasaron a ser las viudas de don Bartolomé, famosos enquistados.
Se dijo que es “el quiosco de la discordia”, ¿con que “muy pesado, 400 toneladas”?, ¿quesque “para evitar que rivalice, que compita” se veían obligados a demoler, a desaparecer, a destruir?, el grande y artístico quiosco pabellón pérgola de 1991 “de las músicas” único de cantera labrada ¿con que “de yeso, de cemento y pasta”?, una apreciación muy rústica, pedestre, reflejo del servilismo, pensar en su destrucción es un sistema muy nuevo “minimalista”. ¿Que para que “no rivalice” se eche totalmente a los escombros, se arrase completamente y no quede piedra sobre piedra, nada de él?, irracional manera de pensar de esos muy conocidos viudas de don Bartolomé autonombrados “especialistas”. ¿Qué es “muy pesado”? ¡Se refuerza la estructura, la cimentación pero no es justificada su destrucción!, con ese método y manera tan vulgar y esa forma tan ordinaria de ver lo artístico y la arquitectura, nada llegará a ser histórico en sus manos.
En lamentos la viejilla repetía “las herencias de nuestro pasado, las heredades bellas y artísticas deben cuidarse y complementarse, guardarse para los que vienen que conozcan de nuestros antiguos y de nosotros, ¿vamos a heredar lo minimalista, la fealdad de la plancha Indecencia que costó más 100 millones, el cinismo, la corrupción e impunidad de esos hechos? No importa seguir engañando a la población una administración más si nos han engañado 86 años, según fueron “contratados como gobernador y alcalde”, pasados meses de nuevo gobierno ¿“auditorías”, eso es todo? ¿Quién paga lo muy mal hecho por las mismas empresas beneficiadas?, ¡queremos cuentas, que se devuelva lo robado y apliquen fianzas de vicios ocultos! ¡Ah!, lleno de soberbia sin vergüenza dijo, “no me arrepiento del tuzorrurro”. Ella gritó “cuando veas a tu vecino meter la pata, no lo distraigas”.

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