A lo largo de la vida, cada individuo tiene metas que logra con esfuerzo y constancia, muchas de estas metas se desarrollan cuando se pretende emular a un personaje que se convierte en modelo a seguir. Siguiendo los pasos de un ancestro familiar, un héroe histórico, un amigo o incluso una pareja sentimental se logra obtener un grado académico, un aumento de salario, la búsqueda de valores morales, convertirse en buen padre de familia etcétera… pasos que sirven como referente, incluso el dictado de un guion espiritual.

Somos lo que nos contamos que somos, es decir cada individuo en su fuero interno va creando a imagen y semejanza de su referente de vida, los escenarios, características, paradigmas, etcétera… de acuerdo al sociólogo William I Thomas “Si las personas definen las situaciones como reales, estas son reales en sus consecuencias”.

El conocido Teorema de Thomas se centra en una de las capacidades más importantes de la evolución animal: la toma de decisiones desde el interior en lugar de aceptar las que impone el exterior, y es que para Thomas previamente a todo acto de conducta auto determinado existe un estado de examen y deliberación […] y no solo los actos concretos dependen de la definición de la situación, sino que gradualmente toda una política de vida o la personalidad del individuo provienen de una serie de significados de este estilo.

El asignarse determinados “conceptos” ciertas personas, instituciones o programas generarán que a largo plazo la realidad se vea distorsionada, pero sobre todo adecuada a dichos esquemas mentales establecidos por la propia cosmovisión personal.

Andrés Manuel López Obrador, nuestro presidente, no es un lego en historia, queda claro que ha leído muchos libros acerca del tema y que tiene un buen empleo de los conocimientos obtenidos a lo largo de estas lecturas. Para López Obrador todo lo que México necesita y requiere para su futuro está en su pasado milenario y trascendente. “La cosa es simple hay que ser como Lázaro Cárdenas en lo social, como Benito Juárez en lo político y emular una honestidad y principios democráticos como Francisco I Madero”.

López Obrador ha afirmado, en innumerables ocasiones, que admira a Benito Juárez sobre todos los seres en la Tierra. Dice admirar a Juárez por haber integrado su gabinete con los mejores mexicanos del siglo XIX: Melchor Ocampo, Ignacio Ramírez, Santos Degollado, Miguel Lerdo de Tejada, Francisco Zarco, Ignacio de la Llave, León Guzmán, Jesús González Ortega, Manuel Doblado, Ignacio Zaragoza, Sebastián Lerdo de Tejada, Ignacio Comonfort, José María Lafragua, Guillermo Prieto, Ignacio L Vallarta, Matías Romero Avendaño, José María Iglesias y Manuel Ruiz. Lo más granado tanto en honestidad como intelectualidad. Y es cierto, la generación de Juárez produjo en 1857 una admirable constitución de corte liberal clásico que limitó el poder presidencial, instituyó la división de poderes y consignó las más amplias libertades y garantías individuales. Aquellos legisladores y juristas creyeron en el imperio de la ley y lo respetaron escrupulosamente.

El segundo informe de gobierno que ha dado Andrés Manuel López Obrador este 2 de julio celebrando la victoria contundente en las urnas de aquel 2018 es prácticamente al que más interés le da, no es el que se realiza ante el Congreso, práctica que data desde el primer presidente de México Guadalupe Victoria quien lo hizo el primero de enero de 1825 y tiempo después se modificó por cada primero de septiembre.

Este informe de gobierno se realizó en el recinto parlamentario que se encuentra en Palacio Nacional –por cierto actual morada de López Obrador en una clara alusión a seguir los pasos de su héroe Benito Juárez– siendo un majestuoso salón neoclásico que albergó durante gran parte del siglo XIX la Cámara de Diputados. Desde su apertura en 1829, atestiguó importantes episodios históricos como: juramentos presidenciales y la promulgación de importantes leyes, decretos y códigos. Fue justamente en el recinto parlamentario en donde se discutió y juró la Constitución de 1857, un par de placas recuerdan este suceso a los visitantes. Tras ser destruido por un incendio en agosto de 1872, fue reconstruido 100 años después a partir de una litografía pintada por Pedro Gualdi, desde entonces es un espacio museístico que honra la memoria de los constituyentes de 1857. Y en el claro afán del mandatario de asemejarse a Benito Juárez, pero del siglo XXI, su informe lo llevó a cabo en este recinto. No importa realmente si se han cumplido las metas prometidas durante la campaña electoral, si el huachicoleo sigue haciendo estragos en el país, mucho menos si en un hangar sigue estacionado el avión presidencial lo realmente importante es que los mexicanos perciban la figura de AMLO con matices nimbados, que frente al gobierno perciban que está un Benito Juárez encarnado en la figura del mandatario y que no habrá nada de qué preocuparse puesto que, así como Juárez luchó por la integridad de la nación, Obrador sin miramientos también lo hará. Él se percibe como el nuevo estadista liberal del siglo XXI, un nuevo Juárez. Él verdaderamente lo cree, y tú ¿Le crees?

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