Aceptando sin conceder, son claras las evidencias que confirman la presencia de cárteles de la delincuencia organizada en territorio hidalguense. Razonable el discurso oficial. Por un lado se pretendería no infundir psicosis social. Por otra parte, para resolver un problema primero se debe reconocer que existe y este es tan grave como que la autoridad pierda la brújula. La recurrente aparición de mantas al estilo del crimen y los más de 30 asesinatos en el corazón del Valle del Mezquital este año, advierten un desafío a la paz en la región. No se trata de bromas de mal gusto. La inseguridad existe y es grave. Ayer, el secretario de organización del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) Enrique Cadena García aseguró que desde hace tiempo, dichos grupos criminales se incorporaron a la entidad. Entraron por la puerta que conecta con el estado de Querétaro, se instalaron en municipios del alto Mezquital, bajaron a Ixmiquilpan y ahora mantienen en jaque a las estrategias de los tres órdenes de gobierno. Quizá no tan sanguinarios como otro grupo que tuvo una sólida presencia en estados como Nuevo León, Tamaulipas y Veracruz durante la administración de Felipe Calderón, el cártel Jalisco nueva generación (CJNG) presume desde hace tiempo operaciones en Hidalgo. ¿Qué gana el gobierno al reconocer que exista presencia del CJNG? Nada, el combate frontal debería ser el mismo que si se tratara de delincuencia común. ¿Qué pierde?, confianza ciudadana. He ahí el riesgo de mantener en secrecía los reportes de inteligencia que llegan Centro de Control, Comando, Comunicaciones, Cómputo, Coordinación e Inteligencia (C5i). Afirmar que no hay cárteles y que Hidalgo es un tiradero de cadáveres es un autoengaño del gabinete de Seguridad estatal que intenta transmitir a la sociedad ese discurso, cada vez más rancio. Pero al ciudadano de a pie no le interesa si es el CJNG o se trata de bandas locales. Los hidalguenses demandan paz, justicia y seguridad. Por ello, es lamentable que el gobernador Omar Fayad haya huido de la prensa la semana pasada, cuando se le pretendió cuestionar sobre las marchas que ciudadanos libres organizaron en Pachuca y terminaron frente a su oficina. Fue al término de la presentación de los sofisticados autos eléctricos JAC, orgullosamente fabricados en Hidalgo, cuando Fayad dejó con la mano extendida a reporteros que buscaban respuesta a ese y otros temas coyunturales. Se encerró en la torre de control del aeropuerto Juan Guillermo Villasana, atendió a empresarios, salió, platicó con su ayudantía y volvió a entrar. Dos horas esperó la prensa y al final no dio la cara. ¡Respuestas, no afrentas, señor gobernador! De filón. ¿De quién serán los terrenos que anda comprando en cómodas facilidades el gobierno de Hidalgo en Mineral del Monte y Huasca, donde se proyecta una moderna autopista? Acaso son los mismos donde un exgobernador acostumbra a pasear a sus mastines.

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