Escribo esta carta sabiendo que mi infancia quedó atrás, les escribo porque soy una optimista que considera que las cosas pueden cambiar. Mis peticiones son modestas y posibles de alcanzar, así que empezaré:
Les pido por favor que las cifras de muertos solo involucren a quienes pierden la vida por causas naturales, porque sus cuerpos envejecen luego de una sufrida y gozada vida. Pienso que las muertes derivadas de la violencia no deben existir, pido que no debemos conformarnos con cifras que suponen la reducción de 21 a 19 muertes maternas, pues ninguna muerte materna debe ocurrir cuando generalmente se deben a causas prevenibles. Esas 19 mujeres que murieron porque decidieron ser madres deben tener padre y madre que las extrañan, quizá una pareja que añora su presencia o hijos e hijas que desean verlas o tocarlas, la reducción de dos muertes no es avance cuando se trata de la vida humana, ustedes lo saben Reyes Magos porque ustedes veneran un nacimiento donde la madre no perdió la vida.
Mi segunda petición involucra a los tiempos electorales y sus innumerables promesas dichas en escenarios para impactar y obtener el favor del electorado, en ese montaje los pueblos indígenas se vuelven artículos de utilería que se ponen o se dejan según el contenido del mensaje del candidato en turno; si se trata de apelar a la memoria histórica entonces los pueblos indígenas son recordados por su falta de escolaridad y su carencia de alimentos seguros y suficientes para cada día de sus vidas. Por ello les pido queridos Reyes Magos que los políticos ya no hagan promesas a los indígenas y que los gobernantes otorguen a los pueblos originarios lo que por derecho les corresponde, educación de calidad, salud y respeto a su cultura.
Mi tercera petición se debe a la seguridad que las escuelas deben otorgar a las niñas y niños, no me refiero a las prácticas carcelarias donde padres y maestros revisan, vigilan y castigan a los y las escolares, en ese funcionamiento de entrenamiento para ingresar al sistema penitenciario ya sea como interno o como trabajador, al final, en la forma en que ambos comprenden el mundo no hay mucha diferencia. Queridos Reyes Magos quizá si las escuelas tuvieran maestros y maestras convencidos de su vocación, estoy segura que los y las estudiantes acudirían ansiosos de aprender en un ambiente de respeto. Entonces las niñas dejarían de tener miedo de ir solas al baño, tampoco tendrían que naturalizar que los niños acosan a las niñas, o que los adultos y adultas por el hecho de serlo pueden violentar a los menores.
Finalmente queridos Reyes Magos les pido que los aspirantes a algún cargo público tengan las capacidades profesionales, los conocimientos y la sensibilidad para ser funcionarios públicos que se respetan a sí mismos, a su trabajo y a sus jefes y jefas que somos todos nosotros.
Eso es todo y les deseo buen retorno a sus hogares y satisfechos de haber cumplidos las peticiones contenidas en las cartas de quienes nos mantenemos optimistas y trabajamos en nuestras aspiraciones.

Comentarios