María Soledad Espinoza lozano y Mario Cruz Cruz

La relación entre las empresas transnacionales y los estados nacionales es el binomio que encabeza el liderazgo hegemónico mundial. Los gobiernos allanan el camino para que las compañías faciliten su actuar mediante leyes hechas a modo, incluso sin importar que se atente contra el medio ambiente o los derechos de las personas. Los esquemas de corrupción en los que han incurrido las corporaciones para sobornar a funcionarios públicos es una muestra de ese proceso de construcción de hegemonía en diversos países, Obredecht es un ejemplo claro.

Esta simbiosis se proyecta en todo el espectro social y opera mediante estrategias multifacéticas, de reordenamiento de la vida cotidiana, imposición de nuevos patrones de consumo, reorganización de los territorios y el trastocamiento de la identidad de los pueblos.

Ese sujeto hegemónico (Ceceña), ejerce poder en distintos planos y, aunque parezca extraño, la forma de operar no es exclusivamente impositiva o de aplicación de la fuerza, sino que opera mediante la construcción de consensos para legitimar su presencia en los espacios de interés.

El poder suave o inteligente de este sujeto dominante parece desvanecer los mecanismos impositivos que estuvieron vigentes durante el siglo pasado, caracterizados por la explotación laboral, despojo de derechos básicos y control de la protesta social mediante la fuerza. Ahora, estamos frente a un super poder hegemónico que multiplica sus tentáculos, muchos de ellos invisibles, los traslada hasta el seno del hogar y trastoca por igual a todos los individuos. La fábrica-casa modifica la generación de plusvalía e incorpora a nuevos sujetos amorfos y mutilados en su capacidad de resistir frente a nuevos modos de disciplinamiento social.

El home office implantado por la pandemia del Covid-19 se aprovecha para recrear un modelo que da continuidad a la creación de cadenas de valor fuera de la fábrica; el sueño más ambicioso del capitalismo siempre fue el de trasladar la fábrica a la casa, por lo que lo ocurrido durante la pandemia es un ensayo de lo que en el largo plazo será la regla.

En términos políticos, la reubicación territorial provoca el aislamiento de la clase obrera, evita la protesta y fortalece una explotación laboral sueve, más inteligente, pero más radical porque incorpora a este modelo a todos los miembros de la familia. Entonces, todos en el hogar están conectados metafóricamente a la matrix capitalista, una nueva forma de explotación laboral impuesta por la hegemonía de Estados Unidos, muy a pesar de los que augurán la caída del poderío de este país.

En consecuencia, la aseveración de la posible sucesión hegemónica de China por parte de los Estados Unidos es falsa. En diversos estudios empíricos realizados por el títular de este espacio editorial se demuestra que en los conglomerados de las empresas transnacionales de ambos países está la competencia mundial. Sin embargo, son las empresas estadunidenses las que controlan las cadenas de valor y orientan las tendencias en los mercados globales.

En términos de valor de uso, según el diario Fortune (2019) de los sectores productivos de las 500 empresas con mayor generación de ingresos destacan las finanzas (117 empresas), de las cuales Estados Unidos tiene 28 y China 24, concentrándo el 76 por ciento mundial de ese sector. En materia tecnológica destacan 44 empresas globales, de las cuales 11 son estadunidenses, ocho japonesas y ocho chinas, representando el 78 por ciento mundial de ese sector (Cruz).

Por ello, es importante ubicar las piezas del ajedrez de la competencia internacional para identificar la mejor jugada que México puede ofrecer, sabiendo qué pieza representamos y la meta a la que aspiramos llegar. Es decir, es necesario conocer quiénes controlan el mundo, pero sobre todo, saber cómo resistir.

[email protected]
[email protected]

Comentarios