Los que ya llevamos varias décadas sobre la faz de esta Tierra, hemos sido testigos de cómo cíclicamente, cada que a un ente poderoso le conviene, riegan algún rumor mortal.

Y desde que yo recuerdo, para las zonas empobrecidas siempre han usado el ardid de los robaniños. Saben perfectamente que ni siquiera lo del chupacabras tiene tanto efecto angustiante entre los papás, por eso, hasta hoy, solo el espantajo de los robaniños se sigue usando con el efecto que ya todos vemos: ahorcados y quemados vivos a gente inocente que está ¡en el lugar y la hora equivocada!

¿Por qué tanto terreno fértil para los rumores? Buscar las causas de ese fenómeno social es la responsabilidad de casi todos. Nunca será lo mismo la psicosis que provoca algún descuartizador o aquella mataviejitas, ambos denunciados y perseguidos por las autoridades, y la sociedad auxiliando, a ese rumor de supuestos robaniños en que nadie puede probar ante un juzgado el haber perdido a su o sus nenes y que por ello la autoridad solo calla, aumentando con ello la fuerza del rumor. Aquí es donde empieza la macabra maniobra de entes poderosos, que tienen conocimientos, recursos y medios para hacer cundir esas falsedades. ¿Y para qué? ¿Con qué objeto? ¡Esa es la cuestión! Algunos creen que los rumores sirven para que esos poderosos y malosos puedan desviar la atención de la sociedad sobre sus delitos hechos o por hacer, y otros más, piensan que son los rumores un motor efectivo que aumenta la recaudación de limosnas. Lo único cierto hasta hoy, es que ni duda cabe que alguien perverso gana, y mucho, con el rumor. Y también sabemos que algunos otros pierden hasta la vida en este diabólico juego tercermundista en que la mezcla de la inseguridad y desconfianza hacia los que nos deben salvaguardar, con los efectos de los resabios de una sociedad con mentalidad mágico/religiosa, telenovelera y sometida al bombardeo mediático con historias urbanas, todas malas, hacen el cultivo perfecto para deshumanizar al humano.

Puebla e Hidalgo, hermanados por ese fenómeno. Desde lo sucedido en Canoa, Puebla, hace muchos años; pasando por los ahorcados en presencia de Murillo, gobernador, y Fayad, procurador, en el kiosco de Huejungla, hasta lo de estos días en la Sierra poblana y en Tula, Hidalgo. En ambas entidades hay un Fayad gobernando, y esperemos que esa coincidencia sirva para que sea el final de los quemados y ahorcados por la vía del rumor… ¡Te pedimos Señor!

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