El escritor Francés David Bensaid, en su obra Cambiar el mundo, dice que aunque el capitalismo, tal como lo conocemos hoy, es relativamente nuevo, pues no va más allá de los cinco siglos, por lo tanto, tampoco puede ni debe ser eterno. Y hoy ya se miran por todos lados dos cosas: las secuelas y despojos que ha ido dejando por su apropiación de casi todo lo de valor, (todo es incluir hasta lo intangible, agua, aire, tierra, todo, todo) y por el otro, la obligada lucha de la mayoritaria parte de la humanidad por poner freno a esta barbarie.

Las teorías explicativas construidas sobre esos fenómenos, también, como casi en todo, van ganando las falsarias y justificadoras del saqueo.

Por ejemplo, para darle un falso soporte a la socialización del trabajo y a la privatización de la propiedad, hoy ya casi tienen convencidos a los que están en la edad productiva y explotable, a los que pomposamente les nombran millenial, de que es un error que se “esclavicen” a los bienes raíces. ¡No compres bienes que los aten en un solo lugar! Y los obnubilan con la promesa de que por ser ya ciudadanos del mundo globalizado, están condenados a ser felices andando de un lugar a otro. ¡Cuanta hipocresía, Dios mío!

Socializar el trabajo y privatizar la propiedad es la cara más fea de un capitalismo rancio que estamos viendo en muchos países, y con especial énfasis en México. Y para que las nuevas generaciones ya no se chupen el dedo, basta con que pregunten o consulten cuanto les corresponde pagar durante toda su existencia terrenal como ciudadanos mexicanos, por la deuda externa. O que se pregunten ¿por qué? hombres y mujeres y hasta los abuelos deben salir temprano a trabajar para entre todos reunir lo elemental para sobrevivir, siempre rentando, comprando y consumiendo. Esa es la otra explicación del porque nuestros hijos, llegan a los 40 años y sin casa y con salarios viles. ¡Y que no nos salgan que porque son flojos o porque no estudiaron! Si bien sabemos que la permeabilidad en la escala social ellos la controlan, al igual que toda oportunidad y negocio. Las circunstancias, como le llaman.

Los capitalistas socializaron las pérdidas y el trabajo rudo, y se quedan con las ganancias y las propiedades. Ganancias y propiedades son los elementos que, de llegar al grueso de la sociedad, permiten cambiar la visión del explotado. ¡De ahí que es urgente evitar que esto suceda!

Con una sola mirada a nuestra entidad, nos enteramos que somos ejemplo de lo aquí descrito. ¿A quién pertenecen los medios de producción y las propiedades mejor valuadas? ¿A cooperativas de producción, transformación, distribución o consumo? ¿A los núcleos sociales que son sus propios patrones? ¿A hombres y mujeres, cuyo esfuerzo diario es retribuido con dignidad? ¡No! Casi todo lo tienen unos poquitos, bueno, hasta el poder político lo han hecho patrimonio de unos cuantos, y ya no sabemos qué fue primero. Lo que sí sabemos es quiénes son. Cómo se llaman y lo principal: ¡Estamos conscientes de que ya estuvo bueno!

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