Cuando uno piensa que ya ha visto todo, siempre aparece una anomalía en el camino. Lo que sucedió ayer en Pachuca, el ataque a tres escuelas de educación básica, es difícil de entender. La principal afectada fue el plantel Emiliano Zapata, ubicado en La Loma, donde desconocidos sustrajeron aparatos eléctricos e incendiaron libros que serían entregados esta semana a padres y madres de familia. Lo extraño no es el robo, que es hasta cierto punto común en temporada vacacional, sino el hecho de que los agresores hayan decidido quemar los libros gratuitos de texto. Si el motivo de irrumpir en la escuela es el robo, ¿por qué quemar deliberadamente todos los libros que son pilar para guiar a los niños en su proceso educativo? Las otras dos escuelas, ubicadas también en la capital del estado, fueron afectadas por manos anónimas sin que existiera otro motivo más que el dañar su infraestructura. ¿Quién quiere atentar contra escuelas de educación básica? Las autoridades, en este caso la Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo (PGJEH), están obligadas a dar con los responsables de este cobarde ataque a una de las instituciones que dan cohesión a una sociedad que cada día está más urgida precisamente de eso. De filón. Resulta también muy extraño que sin explicación de por medio, las autoridades hayan suspendido los operativos de seguridad en Ixmiquilpan, municipio que desde hace meses sufre una espiral de violencia causada por bandas del crimen organizado que operan en la zona. ¿Ya está todo controlado y seguro en esa región?

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