1: Hola. Vi que te gusta correr. Yo también corro.
2: Hola. Sí, me gusta esforzarme. Y tú, ¿cuánto llevas entrenando?
1: Muchísimo, como cuatro meses.
2: Eso no es muchísimo.
1: Tengo muy buena condición, obvio hago más, también levanto pesas.
2: ¿Sabes qué? Luego hablamos, tengo que entrar a una junta.
*
1: Hola 🙂 ¿ayer saliste muy tarde de tu junta? Me quedé pensando en ti.
2: ¿Ah sí?, ¿qué pensaste?
1: Pensaba que seguro entrenas muy temprano.
2: Entreno en el gimnasio que está frente a la oficina.
1: ¿Trabajas en la zona de oficinas?
2: Sí.
1: ¿Y dónde vives?
2: Por el Hotel Central. ¿Y tú?
1: ¿Yo qué?
2: ¿Dónde vives y trabajas?
1: Vivo en la zona judía y tengo mi empresa muy cerca de tu casa. Llegó un cliente, te busco más tarde.
*
1: Hola, ¿estás ahí?
2: Hola.
1: Oye, ¿no sería más cómodo hablar por mensaje?, porque esta plataforma es muy obvia. Es mejor, por si alguien te ve… Sino, ya sabes.
2: ¿Qué?
1: Pues luego la gente malinterpreta.
2: ¿Qué?
1: Pues no entienden que puede existir una mujer de 42 años, soltera, exitosa y abierta a la vida que entre aquí, porque… ya sabes.
2: No sé, ¿qué?
1: Olvídalo.
2: Si crees que es un asunto desesperado mejor aquí le dejamos.
*
1: ¿Estás por ahí?
2: ¿Qué pasó?
1: Deberíamos conocernos. No quiero que seas un chat. Quiero hablar y que veas que me malinterpretaste.
2: Mmmmm.
1: Vamos por un café. Subo a la zona de oficinas y ahí lo tomamos. Es seguro. Quiero que me conozcas, yo soy una persona espiritual, soy un emprendedor. La verdad me gustas mucho.
2: No sé si creerte.
1: Créeme, soy una persona preocupada por el mundo, me duele nuestro país y además de correr disfruto mucho leer y caminar por mi barrio, sentarme en un café lindo y ver la tarde pasar… Aunque todo eso lo disfruto más acompañado.
2: Supongamos que te creo, ¿cuándo tomaríamos el café?
1: Hoy mismo, si me lo permites.
2: ¿A qué hora sales?
1: Tengo los horarios abiertos, yo decido mis tiempos. Podría ser a las 5.
2: No sé…
1: Di que sííííííí.
2: Tengo que pensarlo.
1: Ok, ¿me avisas?
*
2: Ya pensé…
1: ¿Entonces?
2: Un café aquí en la plaza Central a las 5.
1: ¡Perfecto!
2: Vengo vestida con un traje sastre gris, zapatos rojos y camisa blanca.
1: Ten por seguro que te reconoceré.
****
Él es lo que he esperado: guapo, con un buen trabajo y religioso. Viaja por todo el mundo para vender sus productos, mira sus fotos… No entiendo muy bien qué productos son pero, cada máquina vale arriba del millón.
Cuando tomamos el primer café llegó con un ramo de flores enorme. Después de las otras citas que tuve —ya sabes el feo, el que vivía con su mamá, el que tenía un trabajo mediocre, el del coche viejo, el moreno—, tenía enfrente lo que había escuchado que puede suceder, y me pasó a mí. Me invitó a cenar, fui por mi bolsa y lo seguí al restaurante, un lugar como me gustan: elegantes. Comimos delicioso, no tomó nada, me encantó que no fuera un borracho.
A él le gusta cocinar, cuando él prepara de cenar parece que estás en un sitio gourmet… Sí, al otro día me invitó a cenar en su departamento, pero no es lo que piensas… Lo más importante es que tiene los mismos principios que yo. Él entró a la plataforma para conocer a más personas y agradezco que lo haya hecho. La verdad es que con estos horarios tan demandantes no tenemos mucho tiempo de conocer a gente nueva y al menos el celular sirve para algo. No es ninguna cosa para urgidas, la verdad es que sí queremos enamorarnos, yo sí quiero, y tener un hijo y una familia, me gustaría que fuera con un hombre como él: exitoso.
No le tengo miedo a que un hombre gane menos que yo, pero afortunadamente él gana más, no se lo pregunté, pero lo imagino… No, no le dije cuánto gano, bueno no me acuerdo, no creo, sí le dije que soy la directora de la región de habla hispana, sí le conté del MIT… Me preguntó si me había ido becada, pero lo dijo porque en las películas parece que pagar la educación en Estados Unidos es complicado, es caro, pero tampoco impagable, mira yo lo pude pagar, buenos mis padres… Estamos muy bien, nos gustamos mucho, ¿por qué debes cuestionar todo?, ¿por qué te cuesta tanto trabajo que yo pueda ser feliz?, te voy a decir algo, este tipo es lo mejor que me ha pasado y voy a volverlo a ver en la noche. Lo de hace unos días no se va a repetir, ya hablamos, te dije que tuvo que acompañar a su mamá a ver a una tía enferma y dejó el celular… En una semana uno puede saber si va a funcionar. Bueno, como sea, tengo claro que sí lo voy a intentar con él. No seas ridícula, ya te dije que le presté mi camioneta porque tenía que entregar unas cajas y no cabían en su coche. La camioneta de su empresa chocó, estaba lloviendo, es lo menos que puedo hacer. Para tu información él trae un Mercedes, su coche vale mucho más que mi Land Rover, obvio no me dejó el Mercedes, no lo ocupo, es sábado yo solo voy a ir a entrenar. Al rato lo voy a ver. ¿Sabes qué?, nos vemos luego, parece que te molesta verme feliz.
****
Uyyy señorita pero es que no hubo nada prohibido. Así como quien dice sin violencia usté le prestó el coche. No creo que esto proceda, seño. Pero mire si quiere déjeme el nombre del señor y su dirección. Uyyy, ¿un hotel? ¿Pero cómo no se dio cuenta? Se está poniendo difícil su caso. Es que yo no le entiendo a esto de la tecnología seño, el perito de computadoras ya dijo que era perfil falso y el teléfono tampoco se puede rastrear.
No llore señorita, tome, aquí hay papel. Pues ya no sea tan confiada…. Eso lo hubiera pensado antes de estar en esas cosas. Mire, conozca a gente de adeveras, en mis tiempos uno tenía que invertirle mucho…

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Estudió la maestría en subjetividad y violencia. Es editora independiente y se ocupa de la gestión de proyectos culturales en la revista binacional Literal Latin American Voices. Estudió en la escuela dinámica de escritores que dirigió Mario Bellatín. Fue becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas y del Foecah. Realizó una residencia artística en Colombia donde escribió un libro de cuentos basados en el I-Ching, editado por el Cecultah. Ganadora del concurso de cuento Ricardo Garibay.