EVARISTO LUVIÁN TORRES
Consejero editorial

“Acaxochitlán es vecino de los municipios hidalguenses de Tulancingo de Bravo y Cuautepec de Hinojosa, por el oeste y el sur, y con el estado de Puebla comparte el resto de sus límites y muchas similitudes de paisaje. Su clima, templado y húmedo, oscila entre lo fresco y el frío, con algunos días calurosos y muchas tardes y noches en las que la neblina baja a tal punto que parece alfombrar las comunidades. Se encuentra en la Sierra Oriental de Hidalgo, estratégicamente localizado entre el Altiplano Central del país y el golfo de México, de tal manera que las bendiciones de la geografía y el agua se multiplican en su variedad de zonas y ambientes. La cabecera municipal es señorial. Sus calles y rincones del centro histórico ofrecen una caprichosa distribución de espacios en los que encontramos caserones sobrios cargados de años y a veces de siglos, con el sabor de grandeza que se destila de sus muros, ventanas enrejadas, techos de teja patinados por el tiempo y el clima, algún poyo en el portal para descanso del caminante…” Así inicia el relato del opúsculo que editó la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo con motivo del quinto Festival del Hongo Acaxochitlán 2016.
En sus páginas el texto ofrece un recuento de registros arqueológicos y culturales que demuestran la presencia en tiempos prehispánicos de teotihuacanos, otomíes, toltecas y mexicas; destaca la escultura del dios otomí del fuego, conocido como el Señor Amarillo, y las urnas funerarias. Cita también las encomiendas que emplearon los españoles para distribuirse tierras y beneficios. Con el paso de los siglos se cultivó el ambiente para leyendas y tradiciones asociadas a la prodigalidad de la naturaleza y los recuerdos de gente y tiempos pasados.
En la publicación se alude a la edificación, por orden de don Jacobo Castelán, de la primera iglesia del poblado que luego se sustituyó por un nuevo edificio, de mejor factura y mayores dimensiones: es la parroquia de la Asunción de Santa María Santísima, que hoy aloja a la feligresía de Acaxochitlán.
Como en muchas comunidades de nuestro país sus pobladores y barrios generan todo el año ambientes festivos, herencia sincrética de naturales y colonizadores que, en una equilibrada mezcla de lo pagano y lo católico, fusionan creencias, fe y cultura de los pueblos. La música y las danzas regionales, sus comidas criollas y los trajes típicos, bordados y tejidos son parte de ese rico testimonio.
Este breviario documental anima al viajero que busca la tierra y la aventura. En la región encontrará paisajes, bosques, flores, plantas de ornato y fauna silvestre. Verá el correr del agua y su caída en impresionantes cascadas como las de Chimalapa, San Francisco y Santa Catarina.
El folleto quinto Festival del Hongo Acaxochitlán 2016 describe que el agua es un elemento proverbial en el rumbo, tanto así que desde tiempos inmemoriales se practica el sagrado ritual de la bendición de la misma para que sus bienes se derramen en el campo y en la siembra.
El texto recoge información de los pobladores, quienes dicen que “en Acaxochitlán el apetito no se sacrifica. La gente del lugar sabe de sabores y complace el gusto. Productos cultivados y silvestres se combinan en las cocinas para preparar guisos de gran variedad y diversidad. Los desayunos con tamales, molotes, café y atole se complementan con panes de queso. Luego, pasado el mediodía, el comensal es consentido con sopas aromáticas, el infaltable arroz a la mexicana y guisos entre los que circulan salsas, moles y adobos, asados y frituras, chicharrones, barbacoa y las truchas, que ya son parte de su gastronomía, todo ello con la compañía de las tortillas de comal y el sabroso refresco de manzana exclusivo del rumbo”. A eso los acaxochitlecos agregan “los panes tradicionales que son buscados por vecinos y fuereños que se engolosinan con el santo olor de las panaderías”.
Quien visita Acaxochitlán en domingo encontrará el tianguis semanal para adquirir frutas, verduras, pollos y guajolotes, textiles, juguetes de madera y trastos de barro.
El fuereño se va a sorprender gratamente con hierbas de sabores que no conoce, otras que son medicinales, frutos silvestres o casi, como la cidra, el acachul, el durazno, la ciruela y la manzanita de esas tierras.
En el folleto quinto Festival del Hongo Acaxochitlán 2016 se menciona que “cuando llegan las lluvias, las personas que viven en el campo se preparan para realizar sus paseos mañaneros en busca de los hongos que sean silvestres y comestibles. No cualquiera sabe reconocerlos y diferenciarlos como sabiamente lo hacen hongueros y nanacateras, pues en la comarca se calculan sus variedades en poco más de 160, de las cuales se tienen registradas 43 como comestibles. Algunos hongos tienen características que los vuelven utilizables en usos medicinales, sea por sus principios activos o por su “halo mágico”.
“Los hongueros cumplen ciertos rituales para que la recolección tenga buen éxito. Inician su temprana jornada con un ‘acto de consagración’ para luego salir de casa y proceder a las largas caminatas con sus aperos: canastas y cubetas, machetes y cuchillos, y una buena dosis de esperanza.
“La labor es ejercida, en su mayoría, por mujeres, las que son llamadas nanacateras, como un reconocimiento social a su oficio. Nanacateras, porque la tradición es ancestral y la palabra se forma a partir del término náhuatl nanácatl: hongo. Y es una buena razón para enorgullecerse, pues la carga semántica implica conocimiento, sabiduría, experiencia, respeto a la naturaleza, tradición, religiosidad y enseñanza, ya que todo eso se hereda a las niñas y jóvenes que las acompañan en su labor. Además, ¡qué buena la costumbre de seguir empleando su lengua autóctona!, porque hay cosas que solo se pueden decir en náhuatl: ¡algo más para fortalecer la identidad! Entre las mantenedoras de esta tradición reconocemos a las señoras María Guadalupe Martínez Cruz, Hemerenciana Licona Tlalalalco, Rufina Cruz Pérez y María Pascuala Cortés.
“El domingo ellas acuden al tianguis para ofrecer a la venta su colecta de hongos, y la gente los compra con la seguridad y la confianza que ellas brindan, pues bien saben que es una garantía que los vendan las nanacateras, quienes además pueden brindar una receta o algún consejo para cocinar y hacer manjares de los hongos silvestres con variedad de formas, colores y sabores. Pueden adquirirse hongos tales como el tlacuayel, oreja roja, el especial hongo azul, yema o huevo de guajolota y escobetas, entre muchas otras variedades.
“Esta riqueza fúngica fue abordada por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, sus investigadores se ocuparon de lo biológico y de cómo la gente los trataba e iniciaron un proyecto que puso a prueba la experiencia secular de los hongueros y las nanacateras, que permitió en el año 2012 en un festival de hongos revalorar y desmitificar a los hongos, así como reconocer la labor y la sabiduría de las personas que se dedican a la recolección y venta de esos organismos.
“En aquel primer festival conjugaron esfuerzos la UAEH y su Patronato, la Fundación Hidalguense AC, la presidencia municipal y la Red Ciudadana por Acaxochitlán, instituciones que desde entonces encabezan a los organizadores y participantes y se han unido instituciones educativas y de investigación del país.
“Siuamej Tlatekinij Nanakatl, el grupo de nanacateras, es fundamental en la organización y la animación del festival.”
Sin duda este quinto Festival del Hongo Acaxochitlán aportará elementos para seguir incursionando en un mítico mundo de magia, pero también de la ciencia.

Difundir
el conocimiento tradicional y científico en relación con el reino de los hongos y promover su potencial culinario, medicinal y económico es una tarea de todos

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