En el marco del inicio del torneo Clausura 2016 en la liga mexicana, un futbolista decidió poner sobre la mesa una propuesta interesante con la que muchos se han jalado los cabellos y muchos más han comenzado a hacer preguntas. Ni se trata de cualquier propuesta ni mucho menos de cualquier futbolista. Rafa Márquez, la definición viviente de leyenda en nuestro balompié, hizo un llamado para la creación de un sindicato para apoyar a jugadores afiliados a la Federación Mexicana de Futbol. ¿La razón? Los malos tratos recibidos por miles de sus colegas.
No es un secreto que en México y el mundo el deportista es visto como una ficha de parchís con la que se puede hacer y deshacer a su gusto. Los derechos federativos de un elemento de calidad son inflados a cantidades ridículamente altas para incrementar la capacidad monetaria de la institución a la que pertenecen, lo cual los convierte en objetos sin voz ni voto. De ahí que cuando un jugador ficha con un equipo repite las mismas palabras de forma mecánica: “Llego a un club importante…”, “estoy muy contento…”, “vengo a aportar…”, “estoy agradecido…”
Lo que el capitán rojinegro busca es, pues, que se protejan los derechos del jugador y se le tome en cuenta al momento de decidir su futuro. Basta con retomar el ejemplo del ahora compañero de Márquez, Matías Alustiza, quien fue echado a patadas del Puebla luego de anotar más de 50 goles para el cuadro camotero. Seguramente también recordarán el caso de Jürgen Damm, quien salió del Pachuca con serias quejas contra la directiva tuza por la forma en que su contrato fue disuelto; concretamente, problemas económicos.
Según El Economista, desde 2001 existe un proyecto que planea la conformación de la Comisión del Jugador, misma que no ha podido despegar por diferentes razones. A su vez, es fundamental recordar que ésta no implicaría solamente a aquellos futbolistas profesionales, pues todo lugar donde se practique el balompié de manera formal responde a las normas de la Femexfut. Se estima que un total de 324 mil 595 personas están afiliadas al máximo organismo de este deporte, por lo que la creación de un sindicato beneficiaría no solo a los que se desempeñan en calidad de trabajadores, sino a todos los que lo practican de manera organizada.
Pese a los lamentables antecedentes de los sindicatos en nuestro país, este parece una idea prudente, oportuna y la oportunidad para Rafael Márquez Álvarez para vestirse de héroe una vez más. ¿Por qué no?

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