Ahhhhh, el Super Bowl, el evento deportivo que año con año reúne a los dos equipos más matones de la NFL en una gran fiesta del ovoide, la cerveza, la carne asada y la convivencia familiar… Sin embargo, de unos años para acá la competencia gringa por excelencia ha perdido frescura y, para la edición 51, en vez de sentirse como una oda al emparrillado tenemos una marcha fúnebre que ni la mejor hamburguesa ni las alitas habanero mejorarán. Aquí las razones…
1.- Los Patriotas de Nueva Inglaterra. Hubo una época donde los Pats fueron un equipo mediocre. Pero tras ganar su primer SB y convertirse poco a poco en una dinastía, la escuadra de Foxboro es, simplemente, inmamable. Pensaríamos que ello se debe a la envidia por un equipo ganador, pero no; los Patriotas representan la marrullería en su máxima expresión debido a las acusaciones en su contra por trampas, su coach ojete, su mariscal de campo bien mamón y diversos comentarios que van del racismo a la misoginia… ¿cómo no odiarlos si son una representación de ese Estados Unidos desagradable e incongruente?
2.- Los fanáticos de los Patriotas. Pero si hay algo peor al equipo, son sus aficionados. Y no, no me refiero a los mexicanos que le van a los Pats desde la década de 1990 o antes, sino a aquellos y aquellas que tomaron los colores azul y plata cuando el equipo se convirtió en ganador. Son insufribles y villamelones como no tienen idea. Es más, son las mismas personas que le van al Barcelona, a Rafael Nadal o al Pachuca y siguen la misma tendencia: presumir triunfos ajenos al por mayor, pero cuando su “equipo de toda la vida” pierde, se desaparecen o cambian de playera.
3.- Enrique Garay. ¿Existe un comentarista deportivo más desagradable que él? Probablemente no. Grita al por mayor, dice obviedades, canta jugadas antes de tiempo y su afán de protagonismo termina por tirar al caño el trabajo de todos sus compañeros. Hace unos lustros parecía que Quique sería el futuro de la narración de futbol americano por televisión abierta; sin embargo, cada temporada el señor nos sigue decepcionando a pesar de que ya no esperamos nada de él.
4.- Campeones del mundo. ¿Por qué el ganador del Super Bowl se proclama monarca del orbe cuando el futbol americano solo se juega en un país? Es más, hasta los intentos de la NFL por llevar su competición a Europa han fracasado rotundamente. Incluso hay más personas que ven el SB por el show de medio tiempo que por el partido en sí. En estas condiciones, ¿cómo seguir legitimando que tu deporte es el más mejor de lo mejor? Así las cosas, la etiqueta mencionada antes le queda muy chica al ovoide y sus muchachones con casco.
5.- Justin Timberlake. No dudamos de la calidad de JT: en una generación de música pop llena de fórmulas repetitivas y estrellas que duran dos minutos, el exgalán juvenil ha tratado de ser irreverente y provocador con su música y estilo. Pero ello no basta. Timberlake tendrá que hacer un show de medio tiempo épico, inolvidable, si es que quiere salvar el barco ante la actuación olvidable de Coldplay en 2017 y la exigencia de que Metallica alineará esta edición.
Pues bien, he ahí los factores por lo que el Super Bowl podría convertirse, en su edición 51, en una munga. Ojalá y no, pero en caso contrario no me digan que no se los advertí.

@Lucasvselmundo
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