Ana María Téllez López

Los cosméticos han sido utilizados por el ser humano desde la antigüedad, tanto con fines estéticos como sociales y religiosos, basta recordar que los pueblos primitivos tintaban su piel con diferentes pigmentos naturales ante hechos de relevancia para el grupo, como ofrendas a los dioses o rituales de caza.

Hoy día, el interés por el aspecto externo del cuerpo es realmente notable, siendo la cosmética una de las industrias que más comercio genera; además, es significativo, que el varón, muchas veces voluntariamente apartado de ese mundo, se ha sumado a ese interés general por el cuidado de un cuerpo sano y de apariencia bella, lo que ha disparado el volumen de negocio y las líneas de cosmética. Ya que personas de todas las edades, razas, géneros y clase social hacen uso de sus productos.

Se denomina cosmético a las sustancias o formulaciones destinadas a ser puestas en contacto con las partes superficiales del cuerpo humano: epidermis, sistema piloso y capilar, uñas, labios y órganos genitales externos, o con los dientes y mucosas bucales con el fin exclusivo o principal de limpiarlos, perfumarlos, ayudar a modificar su aspecto, protegerlos, mantenerlos en buen estado, corregir los olores corporales o atenuar y prevenir deficiencias o alteraciones en el funcionamiento de la piel sana. Dentro de los cosméticos que forman parte de la rutina diaria de los individuos, se encuentran los siguientes: productos para baño y ducha, cremas para la piel, jabones, desodorantes, productos para cuidados dentales y bucales, cremas para afeitar, perfumes, fragancias, cosméticos, productos para desmaquillar, tintes, productos de higiene intima externa, entre otros. Si bien los cosméticos son empleados en todo el mundo, existen lugares donde su consumo es mayor y su distribución más homogénea; en un estudio realizado en las familias americanas, el jabón es el de mayor consumo (87 por ciento), siguiendo la pasta de dientes (82 por ciento), el champú (80 por ciento) y los desodorantes (61 por ciento); sin embargo, se encontró que el uso de cosméticos superaba a todos los anteriores.

Es importante referir que los productos cosméticos fueron elaborados inicialmente con base en plantas y minerales, pero el avance de la tecnología ha contribuido a incorporar en su formulación ingredientes de origen sintético y con ello la aparición de efectos no deseados asociados a su uso a pesar de haber sido fabricados con altos estándares de calidad. Su vigilancia ha sido ampliamente divulgada en muchos países, de acuerdo con normas para la producción o fabricación, venta, almacenamiento, etiquetado, envasado y registros sanitarios. Hasta ahora, el número de reacciones adversas conocidas con relación a los cosméticos es muy bajo, probablemente a causa de la imposibilidad para hacer un diagnóstico debido a factores como la no consulta médica, la práctica difundida de la automedicación o incluso la subestimación de dichas reacciones adversas por parte de los profesionales de la salud.

Es necesario monitorear la postcomercialización de esos productos, ya que en los años recientes se han visto asociados a reacciones adversas; de esa manera nace el concepto de cosmetovigilancia y la necesidad de implementar sistemas para llevarla a cabo; en nuestro país, ese campo de la vigilancia sanitaria se encuentra aún en desarrollo.

Actualmente es difícil establecer la prevalencia de reacciones adversas a los cosméticos y quizás puede deberse a que algunas reacciones no son percibidas como tales por los consumidores o, simplemente, no son motivo de consulta al médico y el paciente se limita a no utilizar más el cosmético sospechoso, o también puede quedar infradiagnosticado por parte de los médicos generales por lo que no se remiten para estudio especializado.

Se debe destacar que solo 10 por ciento de las reacciones adversas a los cosméticos son debidas realmente a una etiología alérgica, en la mayoría de los casos, se trata de una irritación, bien por la sustancia utilizada o bien por empeorar una dermatosis ya existente previamente, como un acné, una dermatitis atópica o seborreica.

Además de la dermatitis de contacto, se han documentado algunas otras reacciones adversas, las cuales se describen a continuación con la finalidad de alertar a la población en caso de observarlas para su reporte:

Dermatitis irritativa, la cual es una reacción no inmunológica y ocurre con relativa frecuencia, la mayoría de estas se debe a una alta concentración de alguno de los componentes. Desodorantes y antitranspirantes son los cosméticos con mayor frecuencia implicados en este cuadro, debido a las condiciones de humedad de las zonas de aplicación.

Fotoalergia y fototoxicidad. Ocurre cuando el área donde fue aplicado el cosmético se ve expuesta a la luz ultravioleta.

Dermatitis pigmentada por cosméticos. Cuando aparecen lesiones hiperpigmentadas, de aspecto parduzco, que se distribuyen por la cara, especialmente en el área de las mejillas. Ocasionalmente, aparecen máculas o pápulas eritematosas y algunas veces se acompaña de prurito; las fragancias y los tintes azoicos pueden causarlas.

Urticaria de contacto. Es menos frecuente que la dermatitis de contacto, pero debe ser considerada si los síntomas de urticaria se relacionan en el tiempo con la aplicación de cosméticos, es una reacción inmediata.

Acné cosmético. Es debido a la obstrucción de los folículos pilosos por los componentes grasos presentes en algunos cosméticos, especialmente en cremas desmaquilladoras o en maquillajes.

Finalmente, se destaca que la cosmetovigilancia es un concepto relativamente nuevo en nuestro país, a pesar de que desde hace dos décadas atrás se han implementado sistemas de notificación voluntaria de efectos graves no deseados en países de la Unión Europea con el fin de garantizar la seguridad de los consumidores, por lo que es importante estar al pendiente de cualquier reacción ajena al uso cotidiano de los cosméticos y no subestimar reacciones que pongan en peligro la seguridad y la vida de los usuarios.

Documentos consultados para la elaboración:

Guerra-Tapia A, González-Guerra E Hair Cosmetics: dyes. Actas dermo-sifiliográficas (English Edition). 2014; 105 (9): 833-839.

Laguna C de la Cuadra J, Martín-González B, Zaragoza V, Martínez-Casimiro L, Alegre V. Dermatitis alérgica de contacto por cosméticos. Actas dermo-sifiliográficas. 2009; 100 (1): 53-60.

Proyecto de Norma Oficial Mexicana PROY-NOM-259-SSA1-2014, Productos y servicios. Buenas prácticas de fabricación en productos cosméticos. 2018.

Cáceres Guevara P, Lang K, Novoa M. Cosmetovigilancia: un estudio de alcance. Revista Colombiana de Ciencias Químico-Farmacéuticas. 2016; 45 (2): 305.

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