Pachuca.- Fundada hace tres décadas, la empresa hidalguense Real de Plateros revolucionó la industria del paste en la entidad, aseguró Wilfrido Soto Jarillo, quien junto con su hermano Jaime consolidaron una de las cadenas más importantes en su ramo.

Calidad es el ingrediente que les permitió posicionarse en el gusto de los conocedores de pastes, afirmó en entrevista con Libre por convicción Independiente de Hidalgo el también presidente del Consejo Regulador del Patrimonio Cultural Real del Monte-Cornwall.

“Verdaderamente sigue siendo una empresa familiar. Tenemos 30 años en el mercado, el precursor de esto es mi hermano Jaime Soto, él fue el que inició en los Pastes Real de Plateros, nace en Real del Monte hace 30 años y yo reconozco que vino a revolucionar la industria del paste, algunos podrán decir que fueron los primeros, pero hace 30 años yo ya sabía cómo estaba el mercado, después de eso se vinieron a formar los demás”, expuso.

La historia de Real de Plateros, narró Wilfrido Soto, comenzó en la calle San Ramón, localizada en el pueblo mágico Mineral del Monte, cuando los empresarios iniciaron con la elaboración de pastes para venderlos en una canasta casa por casa.

La competencia la respeto y la admiro en la forma que ha crecido, también es bueno tenerla, pero los pachuqueños, los hidalguenses saben dónde comer pastes ricos.

Wilfrido Soto Jarillo
Presidente del Consejo Regulador del Patrimonio Cultural Real del Monte-Cornwall

Esa iniciativa se transformó en la primera tienda de la que hoy es una sólida cadena, la cual estuvo localizada en la calle Hidalgo de dicha localidad.

La receta única de la empresa propició que aumentara la demanda de sus productos, de tal forma que los hermanos Soto Jarillo decidieron comprar el primer horno de gaveta “para ser pioneros en la elaboración y venta a gran escala de esos tiempos”.

Siete años después abrieron el primer expendio de la marca fuera de Mineral del Monte, el cual aún está ubicado en la avenida Madero de Pachuca; en ese punto, la empresa se consolidó para iniciar también en Tulancingo, Actopan, Mineral de la Reforma y en la Ciudad de México.

El gusto por el bocadillo preparado a la usanza tradicional en esa empresa familiar permitirá que este año abran cuatro sucursales más, plan que requerirá de una inversión de un millón de pesos.

Los puntos seleccionados para las nuevos establecimientos son Zempoala, Tulancingo, Tecámac y la periferia de la capital del estado.

Actualmente operan 35 sucursales de la cadena, que generan alrededor de 600 empleos.

De acuerdo con Wilfrido Soto, él y su hermano idearon numerosos proyectos para su empresa, no obstante, una vez que ellos ya “han entrado en años”, son sus hijos, es decir, la generación siguiente, quienes habrán de continuar los proyectos de expansión.

No descartó la posibilidad de llegar a otras ciudades mediante el modelo de franquicia, que deberá concretarse con el impulso de otros inversionistas, debido a que es difícil llegar a diversos destinos por las largas distancias.

Respecto a sus competidores, el empresario expresó: “Hay marcas que están bien posicionadas porque tienen mucho marketing, pero la gente que sabe de pastes, sabe cuáles son los mejores, la competencia la respeto y la admiro en la forma que ha crecido, también es bueno tenerla, pero los pachuqueños, los hidalguenses saben dónde comer pastes ricos”.

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