Hace apenas unos días, el secretario de Hacienda reconoció que estamos en la antesala de una recesión económica, advertida ya desde hace algunas semanas por varias voces calificadas y organismos financieros, nacionales e internacionales, pero reiteradamente negada por el presidente de la República, como es su costumbre, negar la realidad. Y si las cosas, de por sí ya van mal para la mayoría de la población, todo anuncia que será peor, pues una recesión económica en el país trae como consecuencia: reducción de la producción en las empresas, paros técnicos o cierre de las mismas y, consecuentemente, despidos de trabajadores de todos los niveles (ejecutivos, técnicos, oficinistas, obreros, etcétera), es decir, desempleo (sin contar que ya el empleo es insuficiente y mal remunerado), y con él, menor poder adquisitivo de la población, y al existir menos compras de mercancías en general, las empresas paran o cierran y lanzan a la calle a sus trabajadores y hacen un círculo vicioso que de momento no tiene solución; ni la tarjetitas “milagrosas”, podrán revertir tal situación.

Ante tal escenario, los gobiernos estatales no podrán hacer mucho y menos aquellos a quienes la federación, por órdenes del primer mandatario de la nación, les está reduciendo su presupuesto para el ejercicio del próximo año; afortunadamente, al menos hasta ahora, no es el caso del estado de Hidalgo, pues anunciaron que recibirá un incremento de mil 680 millones de pesos, ciertamente, un raquítico 2 por ciento; así, la actual administración contará con 46 mil 421 millones de presupuesto para hacer frente al 2020. Pero, para contribuir en lo posible a incentivar, aunque sea marginalmente la economía del estado, considero, sin ser ninguna experta en el tema, que el gobierno estatal deberá modificar su forma de conducir las finanzas públicas, pues hay acciones que no son sanas y que por tanto, no contribuyen al crecimiento y desarrollo del estado. Algunos ejemplos:
Tener subejercicio no incentiva la economía: al cierre de 2018 las finanzas del gobierno estatal presentaron un subejercicio de 3 mil millones de pesos (en números redondos), siendo la Secretaría de Obras Públicas estatal responsable de mil 58 millones y en el presente año, a nueve meses de 2019, presenta un serio retraso en la aplicación de recursos federales: solamente han ejercido 32 por ciento.

La actividad industrial en Hidalgo disminuyó para junio del presente año en 9.

62 por ciento, de acuerdo con el Inegi (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) y a decir de los propios empresarios, no ven cómo podrán estimularla, pues casi no hay obra pública y la poca que existe está restringida a unas cuantas empresas.

Es francamente inconcebible y muy lamentable que tengan subejercicio, cuando Hidalgo es una de las entidades cuya población presenta un gran rezago en casi todos los rubros; por ejemplo, 766 mil hidalguenses no cuentan con servicios básicos en sus hogares; alrededor de 300 mil habitantes no tienen una vivienda digna, y más de 431 mil no tienen acceso a los servicios de salud (Coneval) ¡Tantas necesidades sin atenderse y tantos millones guardados en el cajón! A estas complicaciones sumarán que en las regiones productoras de café no hay cosecha, tampoco producción de maíz ni en la Huasteca ni en el Valle del Mezquital, así que miles de familias que tenían la esperanza en sus posibles cosechas para la manutención de sus familias volverán a pasar las de Caín, sin alimento para lo que resta del año, sin empleo y sin la posibilidad de conseguir uno ante la inminente recesión que nos amenaza.

Por lo tanto, y sin la mínima intención de dar lecciones a quienes de por sí saben de lo que hablamos, sus repercusiones y las acciones a tomar, el gobierno del estado que encabeza Omar Fayad Meneses deberá emplearse a fondo, aplicando todos los recursos en todas las acciones programadas, invertir en obra pública involucrando al mayor número posible de empresas que le garanticen buenos resultados, pues con ello los empresarios mantendrán a flote sus negocios y generarán empleos directos y la población saldrá beneficiada, además del empleo, con las obras y servicios en sus respectivas comunidades y en algo podrán ayudar a reactivar la economía en el estado.

Finalmente, desde este espacio, hago un atento llamado al gobierno del estado a cumplir los compromisos en obras y servicios, a honrar la palabra empeñada que dio el señor gobernador a miles de hidalguenses organizados en el movimiento antorchista, pues hasta el momento ninguna acción ha sido concretada, parece que juegan con el tiempo y el diálogo recientemente reanudado ha sido un lenguaje de sordos, una cosa solicitan y otra cosa responden o simplemente no responden. Recursos económicos para cumplir dichos compromisos, es decir, dotar a las comunidades de caminos, agua potable, drenaje, vivienda, etcétera, como queda demostrado renglones arriba existen, solo falta la verdadera voluntad gubernamental y la agudeza para ver que así el estado gana, no solamente por partida doble, sino triple: gana la gente beneficiada con las obras, las empresas y los trabajadores que las ejecutarán y el propio gobernador por haber honrado su palabra. Al tiempo las acciones.

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