Michoacán.- La familia del ambientalista Homero Gómez González reiteró su rechazo a la versión oficial del gobierno de Michoacán, que encabeza Silvano Aureoles Conejo, de que su deceso fue accidental.

“Porque esto que le hicieron no fue un accidente, fue un asesinato que cometieron contra él, aunque el gobierno quiera tapar el Sol con un dedo pues no, no se puede, hasta el más tonto sabe que no fue un accidente, que a mi marido lo mataron; no sé por qué causa lo habrán hecho”, expresó enfática Rebeca Valencia González, esposa del defensor de los bosques del Santuario la mariposa Monarca en la región de Ocampo en Michoacán.

La viuda, en entrevista con Notimex expresó que tiene la sospecha de que el atacante de su esposo llegó por la espalda, porque él se hubiera defendido, dado que sabía Taekwondo.

“No quiero señalar a nadie, ignoramos quién fue. El día 13 desapareció, lo encontramos 16 días después, lo encontraron en una olla agrícola, supuestamente las causas de la muerte fue por un golpe en la cabeza y por ahogamiento, porque sí lo golpearon en la cabeza y lo aventaron ahí, él quedó prácticamente inconsciente y como estaba el pozo tres metros de agua pues él se ahogó”, indicó Valencia.

Juan, hermano de Homero, también se mostró cauteloso en no señalar a nadie en específico como responsable del deceso de su pariente. Dice que esperarán el resultado de las investigaciones, mientras era entrevistado a un lado de la fosa donde apareció flotando el cadáver del ambientalista.

Otro allegado del difunto, Amado Gómez González cuestionó la versión oficial porque el 30 de enero el fiscal General presentó un informe de que su familiar murió ahogado; al día siguiente esa versión fue modificada porque fue encontrado que el cadáver presentaba un golpe en la cabeza a la altura de la parte posterior de la oreja derecha, lo que le provocó la muerte.

El cadáver del activista “tenía trazas de cianosis por inmersión”, que según Adrián López Solís, fiscal General de Michoacán, le ocasionó la muerte, es decir, murió ahogado en una excavación de ocho metros de profundidad, olla de agua artesanal que acostumbran hacer en esa región para contar con líquido para regar, ya que las reservas hídricas están a escasos metros de profundidad.

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