Aplausos, boletos que van de 300 mil a 70 mil pesos (sin contar la reventa), agresiones verbales y escritas que se transforman en entradas, público cautivo que se incrementa al ritmo de la falta de control de la natalidad; arrecian los aplausos, en la expectación participan sentimientos genuinos, los lugares comunes adoratrices de la cultura popular y la fascinación y el morbo que ha despertado desde siempre Alberto Aguilera o Juan Gabriel”. Carlos Monsiváis

1990, el escándalo: Juan Gabriel, el cantante del “Noa Noa”, iba a convertir al mismísimo Palacio de Bellas Artes en un “lugar de ambiente” o peor aún, en un vil palenque.

ņA dónde habíamos llegado? El telón de cristal levantándose por algo que no era ópera, y, además, anunciando que las ganancias de los conciertos se destinarían a la Orquesta Sinfónica Nacional.

“Es vergonzoso (murmuran) –escribió Carlos Monsiváis en su crónica del evento– que para comprar instrumentos el seĖor gobierno dependa de la buena voluntad de un cantante, y la ira de los defensores de la buena música se une a la explosión de homofobia.”

Con murmuraciones y sin ellas, los conciertos de Juan Gabriel en Bellas Artes se convirtieron en el acontecimiento del aĖo y en uno de los días más felices en la vida del cantautor, uno de los pocos intérpretes populares que actuó en el Palacio.

“Y aguardado con la devoción que le corresponde a un ídolo en tiempos de escasez de santos contemporáneos, aparece, con glitter preciso, Juan Gabriel…”

26 aĖos y cientos de conciertos después, Alberto Aguilera Valadez, el trasgresor, el artista que se hizo conocer en los barrios bajos de Ciudad Juárez como Adán Luna y en lo alto de la fama como Juan Gabriel, dejó este mundo y nos heredó más de mil 800 canciones.

“El presidente @EPN me ha instruido abrir las puertas del Palacio de Bellas Artes para un homenaje a Juan Gabriel, si así lo decide su familia”, anunció Rafael Tovar y de Teresa, secretario de Cultura en su cuenta de Twitter.

Aquel recinto que en la década de 1990 le abrió sus puertas casi como una concesión, ahora lo espera: “Estamos en la mejor disposición de recibirlo, como en su momento se recibió a Cantinflas, María Félix, Dolores del Río, Rufino Tamayo y a todas las grandes figuras de la cultura mexicana”, detalló el secretario de Cultura en entrevista para la televisión.

Juan Gabriel amó lo que quiso; cantó hasta quedar afónico; bailó como se le dio la gana, y hasta terminar cayendo en el foso de los músicos; demostró que se puede ganar cualquier palacio vestido de lentejuelas y con una copa de tequila en mano.

Desde su inauguración en 1934, el Palacio de Bellas Artes ha sido mucho más que un foro para teatro, música u ópera. Ha sido varias veces declarado recinto oficial para recibir al Congreso de la Unión; ha sido centro de acopio y, por supuesto, capilla ardiente para despedir a grandes personalidades de la cultura.

El 17 de noviembre de 1950 falleció la gran diva del arte dramático Virginia Fábregas; el Palacio de Bellas Artes le abrió sus puertas por última vez para despedirla como a las grandes con una gran ovación. El periódico Excélsior indicó: “El Palacio de Bellas Artes fue el teatro donde doĖa Virginia Fábregas cosechó ayer; en las horas del mediodía, el más grande triunfo de su carrera artística”.

El 13 de julio de 1954, después de muchos sufrimientos, murió Frida Kahlo. El velorio se realizó en la llamada Casa Azul de Coyoacán, propiedad de su padre y donde vio la luz. Sin embargo, como una forma de reconocimiento, las autoridades culturales decidieron rendirle un homenaje póstumo, de cuerpo presente, en el Palacio de Bellas Artes.

La magna construcción se convirtió así, de la noche a la maĖana, en capilla ardiente. Cientos de personas hicieron guardia de honor frente al féretro de la artista. Pero el duelo terminó en escándalo. Para honrar a su compaĖera, Diego Rivera colocó la bandera comunista encima del ataúd de la pintora y la clase política puso el grito en el cielo. En el recinto, el asunto no pasó a mayores, pero días después Andrés Iduarte, director del INBA, fue cesado por haber permitido semejante afrenta.

A partir de entonces, el recinto ha sido utilizado para dar el último adiós a los grandes protagonistas del arte y la cultura mexicana: Diego Rivera, Mario Moreno Cantinflas, María Félix, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis, Chabela Vargas, Raúl Anguiano, José Emilio Pacheco y Gabriel García Márquez, entre muchos otros.

Según las crónicas sobre la muerte de Cantinflas en 1993, aproximadamente 350 mil personas se presentaron en el Palacio para despedirlo. En abril de 2014, entre música de vallenato, vivas y lecturas espontáneas, la población despidió a Gabriel García Márquez, le dio el adiós con alas de mariposa. Esta vez corresponde a Juan Gabriel, icono de la cultura popular, cuyas cenizas fueron despedidas en Bellas Artes, recinto que logró conquistar en 1990.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.