Los derechos históricos de México sobre los territorios arrebatados vía la fuerza y la invasión por los Estados Unidos son imprescriptibles. El derecho internacional considera exigibles para la soberanía nacional los estados de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma, por violaciones a ese despojo llamado tratado de San Ildefonso, en el margen oeste del río Mississippi, desde Florida hasta Canadá, incluso, aunque haya sido firmado antes de 1824.
Asimismo, reconoce como exigibles los estados de Texas, Nuevo México, Arizona, California, Nevada, Utah, que comprenden el territorio despojado en 1848 por el tratado Guadalupe Hidalgo, desgraciadamente firmado a cambio de 15 millones de dólares entregados al impostor Manuel Peña y Peña, usurpador del título presidencial en México y entregados por el felón presidente James K Polk, desautorizado por su enviado para esos negocios, el continuador del embajador Joel Roberts Poinsett, Nicholas Trist, quien dijo: “La guerra injusta, abuso de poder de nuestra parte”.

Tenemos derechos a salvo, pero
los toluquitas son entreguistas

Lo descrito es una realidad jurídica. México siempre ha tenido la posibilidad de esas reclamaciones ante cualquier tribunal internacional. Le asiste el derecho, superior al que se impone en las conquistas a sangre y hierro. Conseguiría, si no los territorios que representan más que el doble del actual, una indemnización suficiente para callarle la boca a Donald Trump.
Puede sonar a una descabellada fantasía. Lo sabemos todos los mexicanos. Pero es peor oír las que propone el energúmeno anaranjado Orange Trump que avergüenza a sus coetáneos y de paso a toda la humanidad, sin que aquí las autoridades hagan algo diferente a callar y obedecer, como unos vulgares cobardes y entreguistas del patrimonio de nuestros hijos, nietos, bisnietos y choznos.
Desde luego, usted y un servidor estaremos de acuerdo en que una cosa es que tengamos todos los derechos a salvo, prestos para ser exigidos, y otra muy diferente la actitud anexionista de los toluquitas, los nuevos polkos mexicanos que solo atienden a la voz del amo, aunque éste sea un patán que se ceba en los connacionales desplazados.

Ni como amenaza, porque todavía
no saben qué quiere Trump

Usted y yo estamos absolutamente seguros de que los de Atracomulco alegarán hasta lo ridículo para aferrarse a sostener que este argumento histórico jurídico no debe utilizarse ni como amenaza, porque todavía no saben qué quiere Trump, como dice el sátrapa criollo Vi(rey)garay. Ahora, esperan que los demócratas gringos le ahorquen el presupuesto al esquizofrénico anaranjado.
Porque el tema de esas reclamaciones territoriales no solo es una caja de Pandora, sería abrir una lata de gusanos que aprovecharía la enorme oportunidad de educar a la basura blanca estadunidense, recordarles, si no lo saben, de dónde viene casi todo su territorio, que ahora Trump quiere blindar con muro fronterizo y medidas que atentan contra elementales derechos humanos.

Derechos seguirán vigentes
para otros, cuando estos se vayan

No hay peor lucha que la que no se hace, han sostenido hasta nuestros ancestros. Pero el catálogo de miedos y apatías toluquitas rebasa todas las medidas de la infamia. Nos hace ver como un país que no es capaz de salir en defensa ni de su propia historia.
Y, aunque los toluquitas no lo alcancen a entender, la no prescripción jurídica e internacional de esos derechos territoriales quedará vigente para otros, los que deban hacerlo en cualquier momento, después de que los de Atracomulco ahuequen el ala, pues afortunadamente solo quedan 540 días para que los mexicanos recibamos esa bendición, esa reivindicación histórica contra los rateros.

Los actos ilegales o ilícitos jamás podrán ser fuente de derecho

Los odios antiinmigrantes, anteislámicos, las balandronadas supremacistas y nazifascistas de que hace gala Orange Trump, solo pintan a un ignorante enfermo que no conoce ni la jota de su propia historia. Aún más: ignora que el 50 por ciento de las eminencias científicas, técnicas y filosóficas de Estados Unidos son migrantes y que sin el apoyo económico de éstos, su país colapsaría.
Ignora que los Estados Unidos crearon un modelo de expansión territorial, económica y militar, que lo ubica en la historia de la humanidad como una potencia ensangrentada, que creció geográfica y económicamente a partir de la debilidad de México alrededor de los primeros momentos de su Independencia y de los territorios arrebatados con una saña superior a la ejercida por cualquier país sobre la Tierra.
Los absurdos tratados nunca podrán ser subsanados por poder alguno. Están afectados jurídicamente por la famosa nulidad ab initio, porque los actos ilegales o ilícitos jamás podrán ser fuente de derecho. El famoso Tratado de Guadalupe Hidalgo, llamado eufemísticamente “De paz, amor, límites y arreglo definitivo entre los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América”, fue la mampara para legalizar el Tratado de San Ildefonso. Nunca consiguieron su objetivo.

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Columnista político desde 1977. Comentarista radiofónico y de televisión. Publica su columna “Índice político” en 47 medios de comunicación de la República mexicana y tres de Estados Unidos. Apunta con el Índice, pero también propone.