Estela Quiroz Jiménez, licenciada en derecho y trabajo social, enfatiza su relación con la alma mater hidalguense

Pachuca.- Estela Quiroz Jiménez, con lenguaje abrumadoramente pulcro, sencillez de fina dama, carácter inspirado en la verdad, se vence en su emoción y dice: “Hace 55 años me inscribí en la escuela de trabajo social de la UAEH (Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo). Cinco décadas y media son mucho de tiempo y de remembranzas que día a día me acompañan”.

Pachuqueña, hija de un reconocido médico egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM): Gilberto Quiroz Bravo, gastroenterólogo y proctólogo, uno de los fundadores de la Escuela de Medicina en la máxima casa de estudios; lo refiere como su gran orientador.

“Recto, severo en sus responsabilidades, fue guía ejemplar. En una parte de su carrera fue catedrático en el ICLA (Instituto Científico y Literario Autónomo del Estado de Hidalgo); geografía, física y clínica fueron materias que impartió.”

En su casa, acogedor despacho, ordenado, en donde fotografías ocupan un bien determinado lugar, señala una. Está en lo alto, junto con testimonios profesionales gráficos. Apunta, orienta. “Es una de las imágenes de cómo era él. Nació en 1912”.

Todavía en recuperación

Licenciada en derecho y trabajo social explica que está reponiéndose de una delicada intervención quirúrgica.

“Imprevistos que se nos presentan. Debo guardar reposo durante 10 semanas; voy casi por ocho.”

Dirigiéndose a Evaristo Luvián, respetuoso escucha, a quien conoce “de aquellos otros años”, refiere: “Imagínate, no debo manejar. Camino con extremados cuidados. Después de todo, la edad cuenta, pero me voy a recuperar. Cada mañana me siento mejor. Hasta es asunto de actitud”.

Viste de blanco con una suave combinación en crema; el cabello rubio, rizado. Impecable en su arreglo; los ojos grandes, expresivos. Ademanes tranquilos que acompañan a las palabras.

Comenta que pronto arribará su esposo, el licenciado Rubén Contreras, alguna vez director de la Policía judicial de Hidalgo. “Quedó de estar aquí; desea saludarlos. Los conoce y aprecia”.

Es mediodía, ningún sonido perturba un apacible silencio. Una hora más tarde llega su compañero de vida sonriendo. La amabilidad es sello de la casa.

La licenciada Quiroz Jiménez enfatiza su relación con la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

Estela Quiroz Jiménez,UAEH

Transformación de la UAEH

“La de antaño era una, lo de hoy es otra. De avanzada en todos los órdenes. Lo indico no como mera expresión o cumplido, sino en base a lo que conozco de su despegue institucional.”

Cuenta de quien, a su juicio, ha sido el gran promotor de ese antes y después: “Sin duda, Gerardo Sosa Castelán, presidente del Patronato Universitario.

“Lo traté desde que era un joven inquieto, que hablaba en pro de una mejor institución a futuro. Ha cumplido muchos de sus anhelos; es indudable. Y a su lado rectores, investigadores, docentes y hasta diseñadores de una formidable estructura física; en 1963 era impensable”.

La licenciada Quiroz Jiménez cuenta más de ella: “Estudié en la Escuela Americana; ya no existe, estaba en la calle de Allende. Adquirí cierta facilidad para el inglés y mi papá me envió a cursar high school a una escuela de religiosas bostonianas; cinco años estuve ahí.

“Ellas no utilizaban hábitos. Empleaban trajes sastre; muy propias, sin excesos de severidad. Me dolió un tanto que mi papá me extrajera de Pachuca, pero entendí sus razones para que me preparara mejor.

“Finalmente, al regresar a mi amada ciudad, ingresé al Anglo Español. También de monjas, pero mexicanas; no menos bondadosas.

“En 1963 ingresé a trabajo social. Me titulé. Formulé mi tesis: conducta antisocial juvenil. Me aprobaron por unanimidad, con mención honorífica. El título me lo entregaron en 1969, en el Baltasar Muñoz Lumbier.

“Mis sinodales fueron, entre otros: doctor Enrique Gil Verano; doctora Alicia Bezies, fundadora de trabajo social, y la licenciada Estela Rojas de Soto.”

Asumió funciones de docente en 1969.

Docente y directora

“Fui instructora suplente en la materia de prácticas de trabajo social y posteriormente, el 30 de octubre de 1973, el Honorable Consejo Universitario me eligió directora. Fui la primera egresada en recibir esa distinción.

“Era por cuatro años. Estelita Rojas se deslindó en pos de una diputación federal, y al cubrir su ausencia, me lo tomaron como primer periodo. Mi gestión la terminé en 1978.”

En 1975 fue decidido que trabajo social y derecho iniciaran cursos en la Unidad Universitaria, hoy Ciudad del Conocimiento.

“Estábamos aislados, existía únicamente un módulo iluminado; parecía un salero. Le comentamos a los rectores Jesús Ángeles Contreras y Carlos Herrera. El frío era inclemente; poco a poco se resolvió. Tiritábamos.

“Al culminar en 1978 era académica de tiempo completo; ya en 1994 fui jubilada por 25 años de antigüedad.

“Trabajé en el sector público. Acudía una vez al mes al Sindicato de Personal Académico. En 2011 –un nuevo siglo–, el 8 de noviembre fui electa representante de maestros jubilados, integrándome a la asamblea sindical. Habían transcurrido 17 años después de mi jubilación.”

Establece una pausa; su esposo coloca su sombrero café oscuro en un sillón; Luvián revisa apuntes, cuidadosísimo.

Congreso revelador

“En 2013, noviembre, concurrí al congreso sindical en su edición 26, celebrado en Ixtapa Zihuatanejo (Guerrero). El licenciado Sosa Castelán lo inauguró; fue más allá de un mensaje alusivo, sino que su exposición amplia, contundente, abarcó a las empresas universitarias.

“No obstante ser egresada de dos carreras y haber laborado 25 años en la UAEH, estaba sorprendida ante lo que escuché. Y lo dije, micrófono en mano, gratamente impresionada. De ahí surgió la invitación para que los jubilados visitáramos las empresas; constatamos lo que el licenciado Sosa había manifestado.

“Un año después fui electa presidenta de la comisión electoral para el cambio de comité ejecutivo del Sindicato de Personal Académico. Nos repartimos los campus para colocar ejemplares de la convocatoria. Más admirada quedé tan solo con las instalaciones ubicadas en Mineral de la Reforma, San Agustín Tlaxiaca y Pachuca. Imposible reconocer el lugar del edificio del Instituto de Ciencias Sociales (ICSo), donde estudié derecho”.

Estela Quiroz Jiménez,UAEH

Bien acreditado promedio

En 1989 se inscribió derecho; concluyó en diciembre de 1993. Su título lo recibió el 7 de enero de 1994.

“¿Y cómo estudiante?”, se le pregunta. Lacónica respuesta; casi en voz baja: “Dedicada”.

“¿Calificación final aceptable?”, se le cuestiona.

“Podría decir que sí”, responde.

“Licenciada, más que suficiente, suponemos.”

“Titulación automática; nunca, por fortuna, me reprobaron.”

“¿El promedio?”

“¿Necesario decirlo?”

“Si es que se puede.”

“Verá… 9.80. No podría haberme exigido menos. Ya le dije, mi papá era enérgico; no cedía en sus actitudes para que nos preparáramos”, explicó Estela Quiroz.

Son tres hermanos

En la familia son tres hermanos. La licenciada, la mayor.

“Gilberto, médico, ginecólogo, perinatólogo, de la UNAM. Arturo, becado por la Universidad del Sur de California, maestría en administración de empresas; regresó a México.”

“¿Y su mamá?”, se le pregunta.

Si es que acepta el decir que su rostro se ilumina, es correcto; ojos que se humedecen. “Se llamaba Porfiria Jiménez Uribe. Nació en 1922, en Tula. Guapérrima. Su nombre parte de una tradición familiar”.

En el servicio público

Su primer encargo en el servicio público se dio en 1994: “Me nombraron presidenta del consejo tutelar para menores infractores. Adelante, contralora interna en la procuraduría, con Leoncio Lara Sáenz; Andrés García Montaño, primer titular designado por el Congreso en terna del Ejecutivo, y Gerardo Martínez. Estuve en funciones dos años y medio.

“El gobernador era Jesús Murillo Karam, muy estimado. Político de altura.”

Una mañana, Arturo Nahle, zacatecano, la invitó a una junta urgente en el cuarto piso.

“Supuse que me pedirían mi renuncia; a lo mejor ya incomodaba. Se dibujan mentalmente posibilidades. Comprensible.

“No me dieron las gracias, pero me comisionaron en el registro del estado familiar; segundo semestre de 1997. La oficina estaba en el sótano de palacio de gobierno. Poco agradable.

“El mandatario Murillo pidió licencia. Lo relevó Humberto Lugo Gil. Duré poco; a los cinco meses me separé.”

Momento de viajar

“En casa, hablamos mi esposo Rubén, siempre solidario, y apostamos por viajar; lo hicimos. Disfrute completo. Se necesitaba.”

A su retorno, “maletas rebosantes”, recibió un llamado del ingeniero José Antonio Tellería.

“Conocía a su mamá, Martita Beltrán. Compartíamos el gusto por practicar inglés. Al ingeniero lo refería. Cuando llegaba le decía amoroso a su mamá: ‘Ya llegó tu azotito.”

Militante del Partido Acción Nacional (PAN) había ganado, en cerrada elección con el doctor Alberto Jonguitud, la presidencia municipal de Pachuca.

“Me invitó a colaborar en calidad de directora de reglamentos y espectáculos, y luego a la dirección jurídica.

“Caballero, de una pieza. Inteligente. Nos traía cortos. Con él, en su administración, terminé mi ciclo laboral.”

Agrega, final de una plática que nos mantuvo atentos: “Transcurrí entre satisfacciones y quizá pocos momentos no muy felices, pero lo más importante fue mi liga con la UAEH.

“Y sí, repito, conocí a gente muy capaz en todos los niveles; de esas personas con lealtad hacia la máxima casa de estudios. Todas han contribuido en sus extraordinarios avances, empezando con aquel joven que traté, Gerardo Sosa, el indiscutible promotor de esos cambios que hoy advertimos, y de otros que seguro van a sobrevenir”.

Fui instructora suplente en la materia de prácticas de trabajo social y posteriormente, el 30 de octubre de 1973, el Honorable Consejo Universitario me eligió directora. Fui la primera egresada en recibir esa distinción

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