Ante la gran tragedia que ha vivido nuestro estado debido a la explosión que se vivió en Tlahuelilpan, es necesario reconocer la labor periodística que ese día fue realizada por quienes trabajan en algún medio de comunicación en nuestro territorio hidalguense.

En efecto, ha sido ese gremio quien desde los primeros segundos empezó a informar de lo ocurrido. Se arriesgaron a estar en el lugar de los hechos, a empezar a circular los datos con suma prudencia y cuidado. Su voz quebrada por la impresión no dejaba de narrar lo sucedido. Al atestiguar lo ocurrido, pese a todo, tomaron aire para fotografiar las escenas que inevitablemente mostraban la magnitud de tan lamentable hecho. La información empezó a correr por los grupos de Whatsapp, por las páginas de sus mismos medios, a través de los espacios de Facebook o sus cuentas de Twitter.

Fue un orgullo escuchar sus voces en los noticiarios de las empresas periodísticas más grandes del país, que fueran generosos y compartieran su testimonio con otros colegas, que no dejaran de mandar información, confirmando, advirtiendo que los datos eran extra oficiales, indicando que las imágenes compartidas eran fuertes, dolorosas, pero inevitables, no solamente para informar sino para sensibilizar, que eso ya no vuelva a pasar, que eso le pasó a otro ser humano cercano por geografías o por simple mortalidad.

Qué difícil informar sobre un instante tan desgarrador, tan fatal, tan terrible, pero ningún hombre y ninguna mujer periodista de nuestro estado dudó en acercarse, en transmitir en vivo, en difundir la lista de personas heridas y los lugares donde se podían encontrar, quiénes estaban ya hospitalizados, quiénes desgraciadamente habían muerto.

Sí, las imágenes compartidas son muy dolorosas, sin embargo, yo puedo asegurarles que cada colega ha palpado el dolor, nadie ha querido ser protagonista, pero sí nos han permitido ser testigos desde la comodidad de nuestra casa. Quizá algún medio tenga una línea editorial sin ética o delineada por el morbo o la falta de sensibilidad, existen, tal vez han abusado de ello en esos instantes, pero también es cierto que cada vez se forman más audiencias críticas y por eso mucha gente en sus espacios virtuales ha exigido respeto al momento de informar.

Quisiera poner los nombres de cada periodista que estuvo en el lugar de los hechos, que corrió sin pensarlo para estar en ese sitio e informarnos, que a través de sus celulares no dejaron de compartir información, pero estoy segura que cada uno y cada una nos representan en general, y lo más justo es hacer referencia al periodismo de Hidalgo, un periodismo que merece un reconocimiento por haber estado en el lugar de los hechos, por informar a tiempo, por cuidar lo más posible la forma de circular fotos o de narrar lo ocurrido. Les agradezco su fuerza y su valentía, bien dijo Elena Poniatowska que “el periodismo es la gran emoción, la enorme compulsión al amanecer, es el juicio de los días y ese temblor en la yema de los dedos, la noticia nos enamora y nos echamos atrás de ella, la seguimos hasta la tumba porque nunca se deja de ser periodista…”

Hoy seguimos recibiendo información de lo ocurrido, desde diferentes estilos y perspectivas, pero esas noticias que recibimos hoy las enviaron un periodista, una periodista desde el lugar de los hechos, y esa osadía, ese atrevimiento, esa pasión, hoy cada periodista del estado de Hidalgo la demostró al informarnos oportunamente de una de las más grandes tragedias que ha vivido nuestro estado. Gracias a cada periodista hidalguense por su compromiso de informar.

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