“Son historias que inspiran y que quiero que conozcas; porque las cosas buenas casi no se cuentan, pero cuentan mucho”. Versan los anuncios en voz del señor Peña Nieto en una cínica campaña de la presidencia en la que en pocas palabras: “hacemos como que hacemos y encima no te decimos, luego te mentimos y te damos atole con el dedo” –aunque, confieso, entre tanta mentira ya me cuesta trabajo distinguir entre la realidad y el pequeño y tergiversado mundito del presidente de la República–.
Llama la atención uno de esos anuncios de la campaña en radio donde, palabras más palabras menos, se escucha la voz de un seudoartista agradeciendo el apoyo “¡más grande que ha recibido en su vida!” de parte del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca).
Bueno, no vale ni la pena comentar aquí los niveles de zalamería de este seudocreador y los de mediocridad del anuncio. El señor Peña Nieto primero miente con esos apoyos y luego dice que la cultura es prioritaria, sin embargo quiere recortarle más de 30 por ciento el presupuesto.
Encima, las “concienzudas” cavilaciones y análisis del flamante secretario de Hacienda (otro egresado de la educación gringa en Yale) lo llevaron a concluir que también hay que recortarle el presupuesto a la educación. ¿Por qué no le recortaron el presupuesto al gasto policiaco y militar? ¿Es tanto el miedo que le tienen al sector cultural y educativo que prefieren invertir en el aparato represivo para seguir alimentando y solapando asesinos? O es que de plano resulta que el señor Peña quiere rebajar a todo el país a su propio nivel educativo para parecer más culto (lo triste es que en México esto sí es posible).
Mientras, nos preguntamos si el Congreso de la Unión seguirá lamiendo zapatos en Los Pinos o va a detener estos recortes indiscriminados que siguen poniendo áreas estratégicas en completa vulnerabilidad comprometiendo la estabilidad del país. Cada vez que estos sujetos, lacayos de las cortes del poder, abren la boca para decir algo están atizando el fuego del descontento social de tal manera que se van a quemar vivos tarde o temprano en la hoguera que se están construyendo.
Ambos sectores, cultura y educación, tendrían que pasar ya a tomar acciones de desobediencia civil y resistencia pacífica más sofisticadas si quieren sobrevivir. La contrainformación en los salones de clases, en las cátedras, en las investigaciones académicas, en la producción cultural y en el arte se vuelve fundamental. Autoorganizarse en colectivos, frentes, asambleas, cualquier recurso organizativo es indispensable en estos momentos, sumar para construir alternativas debe de ser nuestra prioridad. La búsqueda de la unidad entre las resistencias debe de ser el objetivo común y prioritario. La desobediencia civil es una opción si se hace colectiva. Ejercer y defender nuestros derechos fundamentales por todas las vías legales posibles, desde el derecho de amparo hasta las instancias de conciliación, nacionales e internacionales, deben de agotarse. Conocer nuestras leyes se vuelve una tarea obligada. Evadir impuestos resulta imposible en una economía como la nuestra ya que en todos los productos e insumos que se consumen se pagan impuestos, pero negarse a dar lo que no se ha recibido, negarse a declarar ingresos que son paupérrimos y vulgares para un ser humano, es un acto de dignidad. Negarse a sostener zánganos y parias en los gobiernos que no elegimos democráticamente es una acción justa y necesaria.
Impulsar a las economías locales, las cooperativas, los productores independientes, consumir los productos nacionales que no pertenecen a las trasnacionales son opciones sanas, viables y hasta vanguardistas. Existen miles de alternativas con las que podemos transformar y recuperar nuestro país. Pero sobre todo, dejar de pensar como oprimidos y como colonizados es la tarea más importante, la soberanía y el poder radican en la gente y afortunadamente ese mandato constitucional sigue intacto y podemos hacerlo efectivo. Los porcentajes en los recortes en áreas estratégicas solo son el reflejo del incremento en la ignorancia y ambición de quienes ostentan el poder. Así, nos queda claro que hoy la estupidez creció más de 30 por ciento en materia cultural.

No votes yet.
Please wait...

Comentarios