Hace algunos años eran frecuentes las charlas con Alberto Montoya Hernández. Los temas obligados eran política, los ayeres en Hidalgo y lo que supuestamente vendría, incluso a nivel nacional.

Nos dejamos de frecuentar tal vez por razones de trabajo personal; no preciso otro motivo.

Hoy releemos uno de sus libros: Política… pasión y poder. Ha sido escritor fecundo. Su obra es vasta y siempre sustentada.

Este texto integra capítulos de nuestra historia. Imposible resumirlos en un solo espacio; serán tres; este es el segundo.

Montoya Álvarez, hidalguense, es egresado de la UNAM con diplomados en el Instituto Nacional de Administración Pública y Universidad Iberoamericana, de los que egresó con mención honorífica.

Un personaje controvertido en el pasado del país es José Victoriano Huerta Márquez, nacido en Colotlán, Jalisco.

Egresó del Colegio Militar. El mismo presidente Benito Juárez le dijo: “De los indios que se educan como usted, la patria espera mucho”. Huerta era indígena.

Cita Montoya: “Se dice que tenía resentimiento contra Porfirio Díaz, aunque siempre lo respetó y admiró.”

Se casó con Emilia Águila. La boda fue el 21 de noviembre de 1880 en la Ciudad de México. Tuvieron 11 hijos.

“Es famosa la historia de que estuvo a punto de fusilar a Francisco Villa cuando discutieron sobre una yegua robada.

“Huerta se tuvo que ir del país cuando lo desconoció como presidente, el Ejército constitucionalista que comandaba Venustiano Carranza.”

“…en Nueva York se entrevistó con Franz Von Reintelen, oficial naval del espionaje alemán, quien le ofreció dinero para intentar un golpe de Estado en México, que a la postre no ocurrió.

“Murió en la prisión de El Paso el 14 de enero de 1916, víctima de cirrosis hepática e ictericia, muy posiblemente por abuso en el consumo de bebidas alcohólicas.”

El alazán tostado.

“Gonzalo Natividad Santos Rivera, el famoso Alazán tostado, había sido el hombre fuerte de San Luis Potosí, desde la presidencia de Álvaro Obregón hasta la de Luis Echeverría Álvarez.

“Su estrella declinó en definitiva cuando no apoyó a José López Portillo y Pacheco a la primera magistratura; en cambio señalaba: “El bisabuelo de López Portillo sirvió a Maximiliano como comisario, el abuelo cacique de Jalisco con Porfirio Díaz y ministro de Relaciones con Victoriano Huerta y su padre coronel huertista, ¿En qué sobremesa escuchó hablar bien de la Revolución? “Se la cobró López Portillo y le expropió su famoso rancho El Gargaleote que en su tiempo fue un emporio ganadero y agrícola.”

Ruiz Cortínez el “bueno”.

“Sin duda, no es en la soledad o con ella, cuando se toman las grandes decisiones. El propio presidente Miguel Alemán Valdés, simpatizaba con su paisano Fernando Casas Alemán para sucederlo en el cargo, sus enemigos lo apodaban el Glostora por su envaselinado cabello. ¡Ah!, pero sus amigos, los Pasquel y los Parra, lo presionaron para que el “bueno” fuera don Adolfo Ruiz Cortines.

“En ocasión de una visita de paisanos veracruzanos que lo iban a apoyar para la candidatura, don Adolfo les expresó.

“No mis amigos, no es por acá la decisión, yo ya estoy muy grande y achacoso, pronto pasaré mejor vida. –Tenía 63 años– ¡Mejor vayan a ver a Fernando! –Casas Alemán–.

“Cuando nominaron a Ruiz Cortines sus adeptos le dijeron al dirigente nacional del PRI Rodolfo Sánchez Taboada y le dijeron que habían sido engañados por don Adolfo.

“Nos dijo que estaba muy enfermo, que pronto pasaría a mejor vida.

“Les contestó el líder del PRI: “Desde luego, ¿no les parece que ser candidato a la presidencia de la República, es pasar a mejor vida?” “¿Eso es todo? ¡Puede retirarse!” “Se venía ya la sucesión presidencial de Gustavo Díaz Ordaz Bolaños y había muchos tiradores: Alfonso Corona del Rosal, regente de la Ciudad de México, Emilio Martínez Manautou, secretario de la Presidencia, Antonio Ortiz Mena, al frente de Hacienda y Luis Echeverría Álvarez, secretario de Gobernación.

“Martínez Manautou fue llamado a acuerdo presidencial. Al terminar solamente le dijo Díaz Ordaz: “¿Eso es todo doctor? Puede retirarse.”

“Todavía el secretario de la Presidencia hizo el intento de prolongar la plática y escuchó la fría respuesta de don Gustavo.

“Doctor, puede retirarse”.

Así terminaron de golpe y porrazo sus ambiciones presidenciales.

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