El martes 14 de abril de 2009 se confirmó que la llamada refinería Bicentenario sería una realidad en Tula. El entonces gobernador Miguel Osorio declaró: “Estoy contento, plenamente satisfecho por lo que esta colosal empresa significa para el estado”.

Solo 24 horas antes, Petróleos Mexicanos (Pemex) confirmó que la decisión era oficial.

El director de la paraestatal Jesús Reyes Heroles dijo que Hidalgo era la alternativa de mayor rentabilidad, seguida de Salamanca, Guanajuato, y Salina Cruz, Oaxaca. Precisó que se requeriría de una inversión de 9 mil 123 millones de dólares.

Osorio reveló: “Ayer mismo el presidente Felipe Calderón me anunció, vía telefónica: ‘Los estudios técnicos fueron concluyentes. La refinería se irá a Hidalgo. Es lo ideal. Te encargo los terrenos; 700 hectáreas son lo adecuado. Los felicito a todos. Han hecho un gran trabajo’”.

Se consideró entonces que ese nuevo complejo industrial representaba un detonante económico, generador de miles de empleos directos e indirectos.

Se conocía que, por lo menos, otras ocho entidades estaban interesadas en el mismo propósito.

Pemex puso como única condición que en un plazo no mayor de 100 días el gobierno local donara 700 hectáreas de terreno libre de controversias legales.

En estimación técnica, se adelantó que el proyecto se concluiría en seis años y que se procesarían finalmente 300 mil barriles de crudo por día.

La cercanía del centro de mayor demanda de petrolíferos, infraestructura previa, condiciones climatológicas aceptables y aprovechamiento de residuales inclinaron la balanza para Tula.

No se soslayó que sería la primera vez, después de 30 años, que se construiría en México una nueva refinería.

La administración estatal cumplió con lo solicitado por Pemex, sobre todo con las más de 700 hectáreas, adquiridas a satisfacción de los propietarios.

Pasaron los meses. Hubo quienes con antelación buscaron espacios en Tula para instalar comercios de todo tipo, previendo un “boom económico”.

Sin embargo, pese a los augurios optimistas de Petróleos Mexicanos, no se inició la obra y, tras una espera paciente se fue desechando, hasta que prácticamente se canceló.

Se entendió que era disposición federal, y Miguel Osorio prudente, quien fungirá en breve como senador, no abordó más el tema.

Pasaron nueve años, hubo elecciones el primero de julio pasado y Andrés Manuel López Obrador, ya presidente electo de la República, desempolvó lo relativo a refinerías.

Dijo que en proyecto se reconfigurarían las seis existentes y que se construiría una más.

Consideró una inversión de 50 mil millones de pesos, pero expertos consideran que serían necesarios no menos de 150 mil millones con una operación real del 80 por ciento, considerando que las de ahora están al 40 por ciento.

Aunque podrían aparecer variables no contempladas que harían que esas estimaciones de inversión se modificaran, citan que uno de los problemas es el número de paros no programados en las plantas, propiciados por falta de hidrógeno, fallas en los equipos o retrasos en el mantenimiento.

Apuntan que el índice de fallos no programados de Pemex es de 31.9 por ciento y la referencia internacional es de 4.5.

Habrá que esperar lo que al respecto manifiesta AMLO, quien seguramente buscará formas de satisfacer gastos tan intensamente elevados.

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