Prometer no empobrece, reza la conseja popular. Importante cuando hay promesas cumplidas, aunque las hay a medias algunas y otras de plano archivadas, olvidadas en el papeleo de la demagogia.
Lo cierto es que, contra lo que se citó en algún momento como eslogan de campaña, México se refunda cada tres y seis años. Trianualmente con la mitad del Congreso de la Unión; sexenalmente con el equipo presidencial y, por supuesto, el presidente. Amén de los gobiernos estatales y municipales que hacen su parte en esto de refundar o reinventar al país y sus etcéteras.
Pero, si en esos periodos se cumplieran todas las ofertas y promesas de campaña, el país estaría en otros niveles de modernidad, despojado de corrupción, con políticos y gobernantes en prisión, el crimen organizado combatido hasta sus últimos reductos y una administración pública, en sus tres niveles, ejemplar.
Y, por supuesto, metas alcanzadas y promesas cumplidas con ofertas aterrizadas, merced a los consensos, los acuerdos de las diferentes corrientes ideológicas y banderías de todo color, lo mismo en el Congreso de la Unión que en los congresos estatales y ayuntamientos.
Es, empero, el mundo feliz, un país imposible de alcanzar a consecuencia de la diversidad partidista e ideológica que se descalifica en campañas, no, guerras de lodo, cuya consecuencia imaginada es que quien gane la elección será un pillastre, cuyo equipo estará integrado por delincuentes, personajes de pésimos antecedentes y peores famas, conocidos por haber sido aireados públicamente en las redes sociales y medios de comunicación.
¿Quién propone refundar al país? Prácticamente todos los aspirantes a un cargo de elección popular, especialmente al de mayor importancia en México, porque sus propuestas, ofertas de campaña, aluden a un nuevo país.
Decíamos en la analogía, el México feliz sin delincuentes, con seguridad en todos lados, sin levantones ni feminicidios, sin policías corruptas ni gobernantes que son virreyes dueños del erario y de vidas ajenas, con una moneda fuerte de un país cuya industria petrolera esté dirigida por expertos en la materia y los delincuentes que la dirigieron, junto con sus líderes, en prisión.
El México feliz, refundado o reinventado porque todo lo que han ofrecido desde candidatos a regidores y hasta a la jefatura del Ejecutivo federal, se ha cumplido y no hay jóvenes sin escuela y todos van a la universidad y reciben becas y no hay más pobres de los pobres, porque la miseria se abatió igual que el analfabetismo.
Y los adultos mayores trabajan en espacios donde su experiencia es utilizada como fuerza de trabajo compartida y no se les regala el dinero, aunque se ha cumplido la oferta de que, por el hecho de ser mexicano, ningún ciudadano pasa hambre ni necesidades médicas.
Porque a las madres solteras se les da trabajo sin descuidar a sus hijos, pero no se les aporta dinero, como dádiva que ofende. Porque en este México feliz, refundado, los capos del narcotráfico y de la delincuencia organizada no solo no fueron amnistiados, sino que con el uso de los servicios de inteligencia se les localizó, aprehendió y procesó penalmente.
Porque junto con esos individuos se fueron a prisión sus esbirros y colaboradores, y cómplices en el gobierno. Y es que, sin tantas medianías ni regateos y falsos redentores defensores de los dizque derechos humanos, las Fuerzas Armadas cumplieron con su tarea y dejaron en cero la inseguridad para luego volver a sus cuarteles.
Porque, además, se atendieron inquietudes y se revisaron contratos de obras monumentales y lo mismo se castigaron desvíos en la construcción del nuevo aeropuerto de México, que se abrieron los archivos de los segundos pisos y se encontró que desde la jefatura de Gobierno de la capital del país hubo arreglo para singulares mochadas que dieron recursos suficientes a ya sabes quién para andar en campaña permanente.
Un México refundado con las propuestas de campaña de los aspirantes a la presidencia, sin complicaciones y bajo consenso de que quien ganara sería apoyado por el resto de los contendientes, congruentes con su compromiso con la patria.
Sí, refundar a México, reinventarlo si usted quiere. Pero, ¿con qué recursos? ¿Cuánto cuesta hacer realidad esa oferta? Bueno, quien gane deberá negociar con el Congreso de la Unión, el Poder Legislativo que determina el debe y el haber, es decir, el Presupuesto de Egresos y la Ley de Ingresos. No, no es sencillo. ¿Dónde está el dinero para hacer realidad ese México que se ofrece en campaña? Digo.

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