La historia refiere que un amigo recibió a Heidegger, después de que este hubiera renunciado al rectorado en la Universidad de Friburgo. Con esta pregunta: “¿regresando de Siracusa señor Heidegger?” (Dionisio el viejo fue tirano de Siracusa desde el año 405 ac hasta su muerte) el dardo punzante refería el servicio que el reconocido filósofo había prestado al régimen nazi, desde luego es mejor recordar a ese pensador como el post hegeliano lúcido y no regresando de Siracusa. Al servir al tirano, ese intelectual se rindió ante el deseo de la fama y la codicia que caracteriza aquella autoridad que proviene del poder autoritario, intolerante, violento, una lógica en donde la afrenta y la confrontación son los únicos términos sobre la mesa. Algunos intelectuales (reproductores de ideología en términos gramscianos) pueden ser objeto de esa tentación, en esa ruta donde no solo se carece de ética sino también de capacidad crítica; sin embargo, la polis intelectual, en general, ejerce una visión basada en el diálogo crítico, propositivo capaz de construir la historia colectiva de los hombres y las sociedades. Esta comunidad que expresa lo mejor de la sociedad, del pensamiento y del compromiso crítico es el que hoy habita y determina el horizonte reflexivo de la Universidad de Hidalgo, esa población está dedicada a desarrollar elites inteligentes, reflexivas, así como a reproducir la cultura, a impulsar el principio de oportunidades igualitarias y cultivar una ciudadanía más ampliamente educada, a producir capital humano, con lo que vuelca valores clásicamente humanistas sobre sí mismos. En esa casa de estudios conviven distintos especialistas en distintas áreas, todos ellos articulados por un principio rector: la cultura de la ética, por ejemplo, los estudiosos de la ciencia política enseñan y actúan en congruencia con ese principio, en consecuencia hacen suya la voz de Isaiah Berlín, quien en su ensayo sobre el juicio político, aseguraba: “Tener juicio político es tener sentido de la oportunidad, de saber si hay que actuar o no. Los políticos no están interesados en las ideas per se, sino en si ha llegado el momento de aplicarlas”. El oportunismo ramplón, simplista, comodino y aventurero articula a muchos de ellos. En el otro extremo se encuentra el universo académico de esa casa de estudios, desde donde sus académicos impulsan principios fundamentales y afirmaciones que defienden ideas como que la democracia no puede ser exitosa sin el crecimiento económico, sino no es capaz de generar seguridad para las mayorías. El reto conceptual de esos investigadores y profesores es darle contenido y nutriente a los principios ideológicos, a los problemas teóricos, en esa perspectiva, desde sus aulas, los universitarios defienden que el reto de las sociedades liberales es conectar democracia y soberanía económica sin tener que sacrificar el libre mercado, pues eso nos llevaría de nuevo al proteccionismo. Como liberales están comprometidos con el libre comercio y los mercados abiertos, no solo por razones económicas, porque también se necesita que sean sociedades que se acerquen unas a otras. Ese espíritu reflexivo los lleva a preguntar: ¿cómo se puede garantizar el empleo (industrial, agropecuario, de servicios) para la gente? Los ciudadanos necesitan creer que su sistema de gobierno los protegerá. Las democracias no son exitosas si los ciudadanos piensan que los políticos han perdido el rumbo.
Carlos Fuentes solía decir que las novelas cuentan historias que los historiadores no pueden contar o tienden a olvidar, además de admiración y respeto por ese notable escritor, en el ICSHu sus investigadores atienden ese consejo para no ser manipulados por el silencio, para escribir la historia desde una toma de postura que discuta, discurra y la problematice frente al espejo de la comprensión, con razones y argumentos se ingresa al espacio de su interioridad, evitando la inercia de la especulación con la lucidez y la inteligencia que no se agota de sus pensadores. Por eso no solo es una grave ofensa, un despropósito y un insulto afirmar que los universitarios son porros. Los universitarios hoy son pensadores que “penetran el conocimiento –estético, filosófico, científico– padecerlo, gozarlo (o incluso dejarse crucificar en su defensa), lo mismo con Sófocles que con Picasso; de igual modo con Heberto Padilla que con Jorge Luis Borges, lo mismo con León Trotsky que con Solzhenitsin, en igual forma con Descartes que con Bergson; con Marx que con Heráclito. No se trata de ningún eclecticismo: se trata de la libertad… la libertad de conciencia tiene un sentido unívoco, no admite coordenadas, no acepta que la enjaulen, no puede vivir encerrada en el “apando”… Sin universidad crítica y sin autogestión, nuestra universidad no podrá cuestionar a fondo, ni eficazmente, a la sociedad mexicana” (José Revueltas). Hoy en ese espejo se mira y se interioriza la Universidad de Hidalgo, frente a esa realidad es oportuno preguntar: ¿Quién regresa de Siracusa?

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