El 5 de febrero del presente se promulgó la Constitución Política de la Ciudad de México y las mismas autoridades ya comenzaron a violarla, desde los derechos de los pueblos originarios hasta los derechos culturales, y en poco tiempo podremos constatar que ese documento formará parte de los archivos de la letra muerta de los cuales estamos inundados.
Su redacción, ya viciada de origen, fue hecha mayoritariamente por políticos sin escrúpulos que llegaron ahí por cuotas partidistas y dedazos impuestos, aunque también por alguno que otro de moral indiscutible pero que lamentablemente se le permitió participar para hacernos creer que la “democracia” funciona en la sociedad del espectáculo, el pan y el circo.
Los resultados de lo redactado en muchos rubros dejan mucho que desear y para muestra un botón. Por ejemplo, llama la atención que las palabras “artistas” o “científicos” no figuran por ningún lado en el documento de 125 páginas aproximadamente, pero sí la palabra “Policía” en reiteradas ocasiones; “jefe” en 27 páginas del documento y “autoridad” en 79.
En materia de cultura las disposiciones se contradicen unas a otras como sucede en el primer párrafo de la letra D “Derechos culturales” del artículo octavo “Ciudad educadora y del conocimiento” que textualmente dice: “Toda persona, grupo o comunidad gozan del derecho irrestricto de acceso a la cultura. El arte y la ciencia son libres y queda prohibida toda forma de censura…”.
Sin embargo, el inciso H contraviene el derecho irrestricto y la prohibición de toda forma de censura queriendo regular la formación de colectivos culturales: Constituir espacios colectivos, autogestivos, independientes y comunitarios de arte y cultura que contarán con una regulación específica para el fortalecimiento y desarrollo de sus actividades; poniendo en jaque también preceptos constitucionales de nuestra carta magna en materia de garantías individuales y los derechos culturales establecidos en el artículo cuarto.
También el inciso F contradice lo anterior: Ejercer las propias prácticas culturales y seguir un modo de vida asociado a sus formas tradicionales de conocimiento, organización y representación, siempre y cuando no se opongan a los principios y disposiciones de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, de los tratados internacionales y de esta Constitución.
En pocas palabras el gobierno quiere controlar a los colectivos, pero bajo qué criterio, de quién y para qué ¿para qué no sean autónomos?, ¿para que hagan lo política y convenientemente correcto para el gobierno?, ¿y cuándo no cumplan, los enfrentarán con 3 mil elementos del cuerpo de granaderos armados hasta los dientes, para golpearlos, arrestarlos y desalojarlos de sus espacios “autogestivos, independientes y comunitarios de arte y cultura” como indica la nueva Constitución?
Porque eso es justamente lo que hizo el gobierno de Miguel Ángel Mancera: desalojar, y por segunda ocasión, a las y los compañeros del colectivo Chanti Ollin, de su Barricada Cultural que mantenían desde noviembre cuando fueron despojados de sus instalaciones y tan solo 72 horas después de promulgada la Constitución de la Ciudad de México y su publicación en el Diario Oficial. ¡Es así como vienen “fortaleciendo” la cultura!
Están en riesgo todos los colectivos que se niegan a alinearse a los malos gobiernos, los colectivos de medios libres, artistas independientes, creadores, activistas y militantes entre otros, frente a una Constitución que pretende hacerle el trabajo sucio al gobierno federal.
Paradójicamente las y los artistas y trabajadores de la cultura nunca fuimos consultados abierta y democráticamente para la redacción de este artículo sin embargo el inciso J dice lo contrario: Participar, por medios democráticos, en el desarrollo cultural de las comunidades a las que pertenece y en la elaboración, la puesta en práctica y la evaluación de las políticas culturales.
Estos son tan solo algunos artículos de muchos en un documento que hay que estudiar a fondo y en el que las y los artistas, creadores y trabajadores de la cultura tendremos que buscar los recursos de amparo y mecanismos legales necesarios para defender y desarrollar nuestro trabajo libremente y el acceso irrestricto de toda la ciudadanía a los bienes y servicios culturales que por derecho constitucional tenemos. De no encontrar esos mecanismos, entonces habrá que crear y producir desde la clandestinidad para abrir los espacios que legítimamente nos otorgan la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y los tratados internacionales.

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"Muralista y artista visual con un doctorado en artes y diseño, maestría en gráfica y licenciado en artes visuales por la Facultad de Artes y Diseño. Cuenta con una trayectoria como creador de más de 30 años."