Un trastorno en la alimentación es una enfermedad causada por la ansiedad y por una preocupación excesiva por el peso corporal y el aspecto físico, relacionada con la alteración de los hábitos alimenticios comunes, y se ha encontrado relación con las conductas antisociales, ya que diversos estudios han descubierto que las personas con trastornos alimentarios presentan dificultad en la emisión de conductas de autocontrol, teniendo un menor sentimiento de eficacia personal para autorregular la conducta.
En nuestro contexto cultural de la imagen y el culto al cuerpo se ha ido consolidando a lo largo de todo el siglo XXI, los valores cobran cada vez más protagonismo y el fruto de esto se refleja en una excesiva preocupación por el aspecto físico, lo que unida a las creencias de los beneficios del cuerpo perfecto, conlleva a nuevas necesidades dirigidas a la consecución de ideales estéticos socialmente establecidos.
Los trastornos de alimentación existen desde tiempos antiguos, remontándose específicamente a los ágapes de los romanos, quienes como costumbre habitual visitaban los vomitorium tras grandes comilonas para vomitar y poder seguir comiendo. En una época posterior se presentan casos de mujeres consideradas santas por los ayunos tan intensos que hacían.
La primera descripción científica de los trastornos de alimentación se hizo en 1689, donde el doctor Morton comunica la existencia de una “consunción nerviosa” en una paciente suya en la que no encontró causa de enfermedad para su negativa a comer y su deterioro nutricional.
En los años siguientes hay comunicaciones científicas aisladas. Hace alrededor de un siglo, en 1874, el doctor Williams Gull acuño el término “anorexia nerviosa” para referirse a una entidad a la razón poco frecuente, pero muy llamativa, cuya incidencia ha aumentado en todo el mundo de forma impresionante.
A partir de la década de 1950 el conocimiento es mayor, en primer lugar porque se estudian los factores biológicos y psicológicos, a la vez que emerge la importancia que los hábitos sociales tienen en el desarrollo de esa enfermedad. De hecho, los modelos de belleza femenina cambian a partir de esa fecha: las curvas deseables de los años anteriores desaparecen para dejar pasar un modelo delgado. El cambio del papel de la mujer en la sociedad, el abandono del hábito de comida en familia, son factores que se evocan para el “aumento” de casos de trastornos de alimentación.
En el mundo, 70 millones de personas a nivel mundial padecen un desorden alimenticio. 4 por ciento de las mujeres, principalmente en la etapa de la adolescencia, tiene bulimia.
Según el informe del Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en colaboración con el Centro de Investigación de Prevención de las Universidades de Nijmegen y Maastricht intitulado Prevención de los Trastornos Mentales indica que a nivel mundial la anorexia nerviosa ocurre en 0.5 a uno por ciento y la bulimia nerviosa en 0.9 a 4.1 por ciento de la población de mujeres adolescentes y adultos jóvenes, mientras que entre 5 y 13 por ciento adicional sufren de síndromes parciales de trastornos alimenticios.
La etapa de desarrollo adulto joven en estudiantes de universidad es una edad con unos requerimientos dietéticos y nutricionales concretos e importantes, en la que no pocas veces comienzan a presentarse desordenes alimenticios, a veces imbuidos por modas y corrientes sociales, otras por excesivas exigencias internas y externas, y a menudo por una mezcla de ambas.
La mujer se ha canalizado en los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) como la anorexia y la bulimia, mientras que los hombres en trastornos dismórficos corporales (TDC) como la vigorexia, buscando lograr una satisfacción corpórea para alcanzar el éxito, la felicidad y la tranquilidad. En México, 65 por ciento de la población, principalmente mujeres, empieza desde los 12 años a realizar alguna dieta para guardar la línea, lo que provoca disposición a la anorexia y a la bulimia nerviosa, por otro lado en la compulsión para comer se presenta el síntoma del atracón sin la conducta compensatoria. Por ello, quien lo padece puede presentar sobrepeso. Cuando se habla de conducta antisocial se asocia a una conducta desviada u opuesta a las reglas de convivencia, ya sea apartándose de ellas, haciendo contradicción con sus preceptos y prohibiciones.
Al hablar de conducta desviada se puede describir como aquellas actividades que en términos de normas convencionales y costumbres son consideradas como indeseables o inaceptables.
Para poder prevenir los desórdenes alimenticios en forma exitosa en nuestra cultura, es importante para nosotros que observemos las actitudes y comportamientos de nuestra propia vida. El acoso y hostigamiento acerca del peso y la figura usualmente lleva a hombres y mujeres jóvenes a desarrollar conductas alimenticias desordenadas. Aunque puede parecer un dilema sin importancia el mencionar el peso, es una manera dolorosa y poco cortés de juzgar a la gente. Además, las conversaciones y actividades que se enfocan en la delgadez, el peso y las dietas pueden ser peligrosas.

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