A medida que pasan los días, a los cinco aspirantes formales y oficiales por la presidencia de la República, se les asignan diferentes roles.
Dos de ellos, Margarita Zavala y Jaime Rodríguez, el temperamental, pero no menos ocurrente Bronco, en su ubicación de independientes, y acercándose el primero de julio, manifiestan que siguen en la lid, dentro de un marco de optimismo que parece contrastar con la realidad.
Ni la exprimera dama ni el exgobernador de Nuevo León parecen tener posibilidades de obtener un sufragio global mayoritario, aunque congruentes con ellos mismos, no bajan los brazos en su insistencia loable, más no veraz, de poder lograr la victoria.
Después se ubica José Antonio Meade, “el abanderado del PRI, que no es del PRI”, hoy por hoy rezagado, sin encontrar una definición de oferta política, orientando sus acciones a denostar a quienes se encuentran en una mejor posición, reiterando en sus intervenciones planteamientos que no parecen convencer.
Y en un tercer apartado persisten Ricardo Anaya y Andrés Manuel López Obrador.
En su entorno se inscriben encuestas, con variedad de resultados numéricos que hasta ahora están muy inclinados por el segundo, como fue la publicada por el diario Reforma.
Y en ese universo, en que parece estar en juego el futuro del país, el tiempo se vuelve día a día implacable, recordando a algunos de los contendientes la necesidad de enmendar rumbos.
En este horizonte tan cercano, atestiguado por los mexicanos, la semana pasada circularon hipótesis dentro de la urgencia de Meade de relanzar su campaña.
Surgió así el relevo de Enrique Ochoa, dirigente nacional del Revolucionario Institucional, relevándolo el exgobernador de Guerrero y exsubsecretario de Gobernación, René Juárez.
Su encomienda es provisional, hasta que se reúna el consejo político nacional.
Algunas versiones apuntaron que ese movimiento estaba decidido desde días atrás.
Ricardo Anaya comentó que el cambio era una señal de que las cosas no van bien en la campaña del PRI.
Tres serían los objetivos del guerrerense: posicionar a José Antonio Meade hasta hacerlo candidato competitivo, reforzar estructuras de militantes en nueve estados donde se elegirán gobernadores, en un ambiente de pesimismo, porque analistas citan que ocho son de alto riesgo para el PRI, casi, casi, ubicándolos como perdidos y, no menos importante, redoblar esfuerzos para que en el nuevo Congreso de la Unión haya mayoría de tricolores.
Juárez, por cierto, estableció una sólida relación con quien fue su jefe en Gobernación, Miguel Osorio.
El hidalguense fue de los primeros en felicitarlo por su nuevo encargo.
Y en ese mismo marco de elucubraciones, surgió la de una posible alianza de Ricardo Anaya con el PRI, para cortar el paso del hasta ahora puntero López Obrador.
Margarita Zavala, expanista, manifestó que no había recibido sugerencia de Anaya en ese sentido y que tampoco se le hubieran acercado empresarios, para que se adhiriera al exsecretario de Hacienda.
Trascendió igualmente que en la intervención de Anaya, ante consejeros de Citibanamex, dijo que de acuerdo con el presidente Enrique Peña Nieto, se podría dar paso a un bloque para impedir que el candidato de Morena obtuviera mayoría de votos. Hay constancia de que así lo expresó.
Meade, en primera instancia, negó que contemplara declinar.
Más, existe otro aspecto insoslayable que habría que considerar y lo marca la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (Legipe).
El ordenamiento prácticamente ya imposibilita a José Antonio Meade a declinar, pasando su organización, sus seguidores, en un bloque, para entregarlo a Anaya.
Quizá, una salida, sería el publicitar intensamente que Meade cede su capital político, aunque permanezca como candidato.
Sería, se precisó, alianza de facto.
Pero, el pero que alerta, hasta en eso podría favorecer a López Obrador, quien con toda su vehemencia ya conocida, sería indomable denostador.
Y en otros capítulos no menos importantes se inscribe al presidente Enrique Peña Nieto.
En su discurso al conmemorarse el Día del Trabajo, expresó:
”Los mexicanos tenemos que asegurarnos de mantener la confianza que los empresarios tienen en el país, la cual hemos construido con tanto esfuerzo a lo largo de décadas.”
Y también:
“Es una confianza que no genera dudas ni temores a los inversionistas. Es una confianza que se traduce en el respeto a la propiedad privada, y a los activos que son el patrimonio esencial de toda empresa.”
Resaltó que existe estabilidad económica, hay certidumbre jurídica, competencia e infraestructura de calidad.
Pareció ser, según analistas, un recordatorio puntual a ciertas manifestaciones de López Obrador.
Y el mismo mandatario acentuaría un día después, aludiendo a una posible negociación para que Meade declinara en favor de Anaya:
“Nadie negocia conmigo, yo soy el presidente. Los candidatos y sus campañas corren en otro camino. Yo soy presidente de la República y estoy dedicado a trabajar y cerrar bien mi administración.”
Todavía preguntaron al jefe del Ejecutivo:
“¿Una declinación de Meade cómo la vería?”
La respuesta fue contundente:
“No veo nada. Ustedes no sé qué ven; ven equivocadamente.”
Crímenes y deserciones

En este singular proceso electoral, en donde no hay tersuras y sí señalamientos a boca jarro, aparecen cotidianamente informaciones de atentados a quienes ocupan cargos públicos y también de quienes en tesitura de aspirantes quedaron formalmente inscritos.
El último, lamentable, fue el homicidio del alcalde panista de Pacula Alejandro González Ramos.
Al parecer solo hubo un responsable, de acuerdo con las primeras investigaciones.
El municipio que encabezaba González Ramos es de los más pequeños en Hidalgo. Se ignora aún el trasfondo, si es quizá político o de hasta rencillas personales.
Y paralelamente, en Guerrero, en un prevaleciente clima de inseguridad, 17 candidatos renunciaron a sus aspiraciones y la autoridad electoral analiza otras 90 solicitudes en el mismo tenor.

Rejas de seguridad

En el fraccionamiento de Vistahermosa, la semana pasada hubo un roce, casi de tintes violentos, entre vecinos de una calle contigua a la secundaria general tres y enviados del ayuntamiento de Pachuca.
Se pretendía, por parte de los comisionados municipales, cancelar la reja que desde hace más de un año se instaló con el apoyo de quienes ahí viven, en un necesario resguardo de su integridad y sus bienes.
Antes, los robos y asaltos eran frecuentes; hoy impera tranquilidad.
En esos casos se espera que la instancia oficial entienda la naturaleza de esa acción por parte de los moradores, quienes, se insiste, solo han actuado en defensa de su patrimonio sin afectar a nadie.

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