Elevado a la categoría de non plus ultra de la narrativa británica, Roald Dahl es uno de los personajes más pintorescos de que tenga noticias el siglo XXI. Dahl, a diferencia de muchísimos autores, cae sin problemas en la categoría de narrador con una calidad prácticamente idéntica a la de un Perrault, Grimm, Collodi, Tieck, Andersen o quien se prefiera.

Su obra se encuentra sin dificultad entre lo que significa narrar con una calidad y vigor sin límite de edad ni plazo de caducidad para su efectividad. Relatos de lo inesperado, aunque es el nombre de esta antología de narrativa corta, en realidad es el primer compendio de cuentos que harían ultra famoso a Dahl, porque fueron la inspiración para la serie de TV de Alfred Hitchcock y porque, además del maestro del suspenso, servirían para bautizar la serie de TV homónima de manufactura británica que duró años y fue uno de los espacios iniciales donde surgió una de sus historias legendarias, “La máquina de sonido”.

Dahl se encuentra en la paradójica categoría del niño que creció en un internado sin que fuese necesario llegar allí, pero las circunstancias de haber perdido a su padre, así como un hermano, harían de él una persona profundamente preocupada por luchar contra adversidades inconcebibles, así como el deseo de buscar la cura para casi todos los malestares en la narrativa.

Creador de polémica, todas y cada una de sus novelas han sido objeto de la construcción de un recuerdo memorable en generaciones de adultos: Charlie y la fábrica de chocolate, Matilda, Los cretinos, El fantástico señor Zorro, Las brujas, James y el durazno gigante… Además, ni una de ellas tiene por protagonista un niño involucrado en el relato de manera voluntaria; una característica propia de todos los relatos de Dahl es que sus protagonistas sufren de manera irracional y si son niños, tendrán que retorcerse hasta que salgan fortalecidos de la experiencia o continuarán sufriendo.

Es muy curiosa la forma en que sus relatos han conseguido elevarse a la categoría de mitos, pero pese a un caudal de seguidores cada vez más grande, se trata de un autor todavía en proceso de reconocimiento. No es menos sorpresivo encontrar que muchos de sus cuentos y los que no son en prosa, contados en verso, tienen un carisma y creatividad poco comunes en un hombre del siglo XX, con igual efectividad que muchos de los clásicos y casi nadie logró llegar a su estatura.

Incluso las colecciones de cuentos completos de Alfaguara han logrado engalanarse con la “edición definitiva” de Roald Dahl, pero también existe un Dahl tan profundamente subversivo que lejos del humor cruel, del estilo “seco” y sin florituras, alcanzó a tocar aspectos humanos y universales que varios de sus personajes secundarios encarnan aspectos escondidos del ser social.

Violet Beauregarde, mejor conocida como la chica “mora azul”, sin imaginarlo, se convertiría en uno de los fetiches sexuales más inverosímiles pero ciertos del siglo XX, así como el inaudito sadomasoquismo de quien por convertirse en pionera es sometida al experimento de quien sabe hasta dónde llegará el resultado de la “prueba”; en la relación de crueldad, además el componente de supuesta ingenuidad accidental, propia de un niño.

Gracias a que las adaptaciones cinematográficas le han dado vida extra a la convulsa y variopinta imaginación de Dahl, Thematica Pianos se han encargado de retocar aquellas composiciones originales de las películas y presentan lo que por sí solo ha constituido uno de los viajes musicales más retorcidos y exquisitos de que haya memoria.

Mientras buena parte de los escritores que aún resta por descubrir se hagan de la pertinente memoria para compartir con Dahl los aciertos de un Hitler bebé, débil y enfermizo, único sobreviviente de una familia al comienzo del siglo XX, así como una máquina capaz de interpretar el lenguaje de los árboles y convertirlo en sonidos audibles por el hombre, entre muchísimos otros, esta notable aportación a la obra de Dahl, compuesta sobre la base de arreglos, así como el aprecio al conjunto de una producción, es un remanso de diversión.

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