María Cruz Chong Barreiro
Agustín Alfredo Torres Rodríguez

Área académica de ciencias
de la educación

El contenido de esta contribución aborda como objeto de análisis la formación de profesores de matemáticas en el nivel superior. Concretamente, describe algunos elementos que contribuyen al estado del conocimiento. Se divide en tres partes: la introducción explica primeramente el interés por esta problemática, en la segunda parte se acompaña la discusión con algunos datos que denotan la relevancia de los procesos formativos, y en la tercera parte se propone un análisis de hallazgos sobresalientes acerca de los estudios realizados en este tema, desde la mirada de la matemática educativa y que aportan a las bases teóricas y conceptuales que le dan sustento. Con estos elementos pretende delimitarse la formación de profesores de matemáticas como un objeto de estudio.

Introducción

Es muy conocido el problema de la deserción y/o reprobación en los distintos niveles escolares, sobre todo en el área de las matemáticas, tal y como lo reportan diversos autores (Ruiz y Lupercio, 2013; Barrera y Reyes, 2013). Asimismo, la enseñanza de esta disciplina se relaciona con problemáticas severas que no se circunscriben a nuestro país, sino que se presentan a nivel internacional. En el caso concreto de las matemáticas impartidas en el tronco básico de las distintas carreras de ingeniería, el problema tiene implicaciones graves en el aprovechamiento académico de los estudiantes, al grado de complicar su avance y egreso. No se soslaya el hecho de que existen varios elementos que inciden directa o indirectamente en este proceso de enseñanza-aprendizaje: el estudiante, los docentes, las instituciones, los padres de familia y, por supuesto, los programas de estudio y, en general, el currículum. En este trabajo, el interés se centra, sin embargo, en el papel que juega el docente de matemáticas en el nivel superior por dos razones: la primera se basa en el reconocimiento que diversos autores e instancias han definido sobre el importante papel que juegan los docentes en el aprendizaje de los estudiantes.
Varios estudios señalan al docente como el actor principal de la transformación educativa y de la renovación de los modelos de enseñanza, (Aguerrondo, 2004; Fullan, 2002; Vaillant, 2005, citados en Vesub, 2007). En palabras de Gimeno y Pérez (2008): “No podemos desde luego centrar en el profesor toda la responsabilidad cuando hablamos de la mejora de la enseñanza, pero eso sí, ningún cambio se puede pretender en ella sin un cambio o transformación del profesor (p350)”. Los docentes, sin embargo, no son los únicos responsables de los resultados y de la calidad del sistema educativo, y tampoco pueden asumir el desafío del cambio en forma particular y aislada, pero tienen un rol protagónico. La formación y actualización de los profesores tiene una relación directa con la calidad del proceso educativo. Se requiere por lo tanto ayudarles a esta tarea, implementando una serie de acciones sostenidas en el tiempo, que posibiliten su desarrollo profesional. La segunda razón tiene que ver con un rasgo que resulta muy común en el docente de este nivel educativo, quien normalmente tiene como profesión de origen una ingeniería y se incorpora la enseñanza universitaria sin contar con una formación de índole pedagógica (Barrera y Cisneros, 2012; García, Azcárate y Moreno, 2005).
Importancia del docente
en el proceso educativo

En la sociedad actual, el fenómeno educativo está en la agenda de diversos países y además forma parte sustancial de diversos organismos internacionales. Tiana (2008) identifica dos argumentos que explican las razones o causas de este creciente interés. Uno de ellos es la forma tan rápida en que se suceden los cambios en el ámbito educativo, y el otro tiene relación con las respuestas que demanda la propia sociedad de que dichos procesos de cambio resulten eficaces. Esta situación la describe acertadamente Ángel Pérez (2010), quien plantea que “el desafío actual más urgente de nuestro sistema educativo es preparar a los ciudadanos para afrontar la cambiante, compleja, incierta y profundamente desigual sociedad contemporánea (p18)”. Para este mismo autor, el hecho de que la educación se haya tornado en un elemento crucial tiene que ver con la fuerte conexión existente entre educación y desarrollo, lo que ha llevado a los distintos gobiernos a preocuparse por la calidad de la enseñanza que se imparte en las instituciones.
La vital importancia del tema se debe a que se considera que estas actividades van estrechamente relacionadas con el nivel de vida y bienestar que puede alcanzar una sociedad, de ahí la necesidad de que los sistemas educativos de un país respondan de la manera más eficaz a estos retos que plantean el desarrollo científico y tecnológico, así como los nuevos contextos de globalización. Todos esos cambios en la sociedad actual han tenido su impacto en las últimas décadas en la formación, actualización y aplicación de los conocimientos dentro de los ámbitos académicos. Se han vinculado cada vez más la calidad y la eficacia de los sistemas educativos en la labor de los profesores, ello no significa que los docentes sean el único elemento que directamente afecta la calidad, pero sí resulta un componente importante.
De hecho, para poder mejorar la calidad, tienen que potenciarse diversos aspectos, desde la gestión de los sistemas, el aprovechamiento de los recursos, el reforzamiento de la gestión de los distintos centros educativos y el punto que nos interesa rescatar en este análisis, que es la función del docente para reforzar el proceso de enseñanza y aprendizaje y planificar de forma más integral los procesos de evaluación de los sistemas (Silva, 2004). Este papel preponderante del profesorado como elemento de la calidad educativa y que ha sido reconocido por numerosos autores, pone de manifiesto la necesidad de atender su formación y actualización (Grau, Gómez y Perandonés, 2009). De manera que el fortalecimiento de la función docente y el proceso de enseñanza-aprendizaje son dos aspectos en los que la participación de los profesores resulta de suma relevancia. En palabras de Gimeno (1982), la formación del profesorado representa una de las piedras angulares de cualquier intento de renovación del sistema educativo.

1.2 El perfil deseable del
profesor de matemáticas en las IES

Si acotamos la problemática al docente de nivel universitario en nuestro país, resulta que este docente se caracteriza en general por no tener una formación específica en pedagogía o en enseñanza, sino que se trata generalmente de profesionistas que dan clase en una licenciatura similar a la de su campo disciplinar, y en el mejor de los casos dan clase en la misma carrera que ellos estudiaron (García et al 2005). Es por esta situación que varios autores han evidenciado la necesidad de que el profesor universitario inicie un proceso de formación adicional a su campo disciplinar. Escudero (1999) enfatiza que la atención a la enseñanza en el nivel universitario tiene grandes pendientes, si se compara con la que han recibido los restantes niveles educativos. Señala también que el nivel universitario debería “aspirar a un profesor que esté permanentemente abierto a un nivel más profundo y extenso en su área de conocimiento, así como en las capacidades y disposiciones que le llevan a participar activamente en la recreación del mismo a través de la práctica investigadora” (Escudero,1999:136). En este sentido, se ha identificado que las rutas de formación deben tener por lo menos dos vertientes: una profundización y/o actualización de contenidos disciplinares, y otra componente de naturaleza didáctica.
Por otro lado, también se identificó la necesidad de que la formación del docente proporcione al profesor herramientas teórico-metodológicas que lo habiliten en el campo de la investigación educativa. Varios autores han identificado la estrecha relación entre el quehacer docente y la investigación educativa (Piñero, et al, 2007; Hidalgo, 1993).
Aunque hay que reconocer que lo que todavía está en una fuerte discusión es la base teórica de esta relación y la forma en cómo influye la investigación educativa en la transferencia hacia el quehacer docente. Sin embargo, no hay duda que es pertinente que la investigación educativa forme parte sustantiva de un proceso de formación docente en general. Así lo plantea Hidalgo (1993), para quien la formación de maestros que llevada a cabo en las escuelas normales y los programas de educación continua, actualización y capacitación para docentes en servicio, en las universidades y otros centros de educación superior, han asumido, en efecto, algunos criterios teórico-metodológicos propios de la investigación como elementos sustantivos.
Asumida entonces la importancia de la investigación como eje central dentro de un proceso de formación docente, surge la necesidad de configurar e insertar en el currículo competencias investigativas en el proceso de formación de los docentes. Para Piñero et al (2007), la tarea de investigar ya no es función ajena al profesor universitario, ya que en la actualidad “el proceso de investigación está orientado a recuperar la capacidad de cuestionamiento, crítica y construcción de conocimiento en el aula de clase (p 177)”. Se ha identificado también que se requiere que los programas de formación tengan una estructura flexible que pueda permitir una serie de modificaciones y/o adaptaciones que dependen finalmente del entorno en donde pretenda implementarse. También hay que considerar que para los docentes en servicio activo, no siempre resulta viable poder acceder a programas más estructurados como es el caso de los posgrados, debido a limitaciones de tiempo y también a factores económicos, esto es el acceso a becas y/o planes de financiamiento por parte de su propio centro de trabajo o de las instituciones que lo proporcionan. A este respecto Braslavsky (1999) señala que los profesores que recibieron su formación de grado en la universidad tienen la oportunidad de realizar cursos de perfeccionamiento docente en cualquier institución, e incluso la posibilidad de hacer estudios de posgrado más sistemáticos, como maestrías y doctorados diversos. Estas oportunidades cuentan con la ventaja de ser altamente formalizadas y estructuradas, aunque su desventaja suele ser que no especializan a los profesores como docentes.
Tal como lo señala esta misma autora, encontramos otra razón para resaltar la importancia de un proyecto de formación docente que considere aspectos de la investigación educativa: la mayoría de los estudios de posgrado tienen como propósito dotar a los estudiantes de mayores conocimientos dentro de su perfil profesional, esto es, atienden en mayor medida contenidos curriculares que apuntan hacia una mayor especialización en su área de conocimientos disciplinares, pero no abordan en forma suficiente los aspectos pedagógicos necesarios para completar la formación que la labor docente requiere.

No votes yet.
Please wait...

Comentarios