Cuando se trata de decir “esta boca es mía” lo común es que los políticos se salgan por la tangente. Un ejemplo de esto lo dio ayer el dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) René Juárez Cisneros quien, al preguntarle qué opinaba de las acusaciones por supuestos desvíos de fondos públicos que pesan contra el exgobernador Francisco Olvera, simplemente respondió que no era Ministerio Público para tratar el caso. ¿Es pertinente la respuesta del recién estrenado líder nacional del tricolor? Quizá solamente para salir del apuro, pero la liviandad de su respuesta deja claro que al PRI no le interesa el descrédito que ese tipo de conductas generan a su propia imagen; quizá, le apuestan a que las olvidemos. La pregunta que un par de periodistas le hicieron ayer a Juárez durante su visita a Pachuca –uno de ellos de esta casa editorial– era totalmente pertinente, pues Olvera es líder del PRI en la Ciudad de México, de modo que no solo es un asunto judicial sino eminentemente político. Los priistas no se han dado cuenta o no quieren ver que su pésima imagen se debe a que le han restado importancia a ese tipo de casos. Hoy la marca PRI está desgastada por los escandalosos casos de corrupción protagonizados por exgobernadores, funcionarios del gabinete federal o incluso por el propio presidente de la República. Pero eso, poco les importa. Ya veremos si después de la elección de 2018 siguen con esa misma postura. De filón. La delincuencia sigue a todo lo queda en nuestra entidad. Tan solo ayer una persona fue asesinada en la carretera México-Pachuca durante un asalto; dos personas más fueron ejecutadas la noche del martes y la madrugada de ayer en Tezontepec de Aldama, y una tienda de celulares fue asaltada en plena Zona Plateada de Pachuca.

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