Lol Canul

El 19 de febrero fue aprobada, por unanimidad en el Congreso de Hidalgo, la prohibición de plásticos de un solo uso. Eso representa un gran logro para la comunidad de activistas por el medio ambiente que, a través de esfuerzos de diversas aristas y buscando acciones efectivas, vemos cercana una sociedad consciente de la contaminación. Sin embargo, sabemos que nuestros deseos no son precisamente compartidos por toda la población.

Se sabe que, una vez publicada en el Diario Oficial, los establecimientos comerciales tienen un periodo de 180 días para dejar de proporcionar popotes, bolsas, vasos, platos y todo recipiente cuyo material sea plástico y se use una sola vez, además de facilitar a su clientela llevar recipientes para la compra de sus productos.

Anticipándome a las reacciones, sé que eso no será suficiente para que se logre el objetivo de eliminar el plástico desechable, pues su uso cotidiano está tan normalizado que va a implicar un gran reto para los consumidores.

Lo primero que suelo escuchar cuando le propongo a alguien dejar de utilizar plástico es una serie de creencias que pretenden justificar el consumo del mismo; si bien algunas corresponden a realidades de la industria como los productos pre-envasados, otras responden a ideas aprendidas del entorno que se posicionan como límites mentales ante la búsqueda de alternativas, lo que explica la resistencia al cambio.

En la opinión del experto en neurociencias Roberto Rosler, la estructura del cerebro rechaza el cambio a través de lo que él llama “neofobia”, que se trata de un mecanismo desarrollado hace cientos de años en nuestra historia evolutiva y que pudo servir para la supervivencia de la especie, donde los estados de alerta ante la novedad –en alimentos, lugares y animales como posibles depredadores– tuvieron que ser atendidos como peligros reales.

En el mundo contemporáneo, el rechazo al cambio se debe también a elementos aprendidos en la sociocultura, que para los seres humanos influyen de gran manera en nuestro comportamiento, desempeño en sociedad y desarrollo de hábitos, y en ese caso, los de consumo de plásticos serán el ejemplo perfecto para darnos cuenta de ello.

La modificación de comportamientos, es decir, aprender a tener determinadas conductas se entiende como un proceso que no debe reducirse, erróneamente, a la simple difusión de información, ya que a eso se suman aspectos psicológicos. Como resultado de décadas de investigación, la psicología social ha desarrollado modelos de cambio y reeducación que consideran aspectos como la motivación, la voluntad, la afectividad, el tiempo, la percepción subjetiva, el apoyo social, el entorno y hasta el comportamiento de nuestros seres queridos. Debemos entender que la intención de actuar y la transformación de las intenciones en acciones no son un paso automático, sino que requiere de planificación y del esfuerzo personal.

El reto será entonces salvar los muros de la resistencia para la que las personas estamos programadas y encontrar estrategias que nos ayuden a establecer nuevas prácticas de consumo acordes al objetivo de reducir el impacto medioambiental en el mundo. Un ejercicio para empezar, es observar en nuestros hogares los productos que tienen plástico de un solo uso y buscar, de una vez por todas, alternativas útiles para la próxima vez que hagamos las compras. También sugiero hacer valer las herramientas disponibles para la búsqueda de información, la motivación entre familiares y amistades, el establecimiento de cambios paulatinos, y por supuesto, establecer motivaciones para mantener nuestra voluntad.

Aprovecho para recordar al público lector que en la fanpage pueden encontrar más artículos al respecto.

Twitter: @lolcanul

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