Reportaje fue singular película multiestelar, estrenada en 1953, que reunió a las estrellas de entonces, en una promoción de Periodistas Cinematográficos de México (Pecime) y la Asociación Nacional de Actores (Anda).

El argumento fue de Mauricio Magdaleno y la dirección de Emilio Indio Fernández.

Se incuba en un periódico: El Gran Diario. Precisamente minutos después de las 21 horas, en el último día del año, luego de que el propietario Arturo de Córdova conminó al editor Miguel Ángel Ferriz, a que los reporteros busquen la que será mejor noticia del día siguiente.

Quien lo logre recibirá un premio de 10 mil pesos.

Conseguir una copia de la cinta, en blanco y negro, fue cortesía de nuestro director Jorge Romero, amante del llamado séptimo arte y quien atesora, desde años y años, envidiable colección de filmes, escrupulosamente guardados. Lo llama “El dulce lugar de los ensueños en mi hogar”.

Hay una línea general de historias en las que van apareciendo, sin dudas figuras estelares, las mejores exponentes de ese apenas inicio de los años 1950. Aunque faltaron otras más.

En el despacho del editor, los periodistas escuchan el admonitorio discurso de su jefe para que salgan en pos de la deseada primicia.

Entre ellos, Roberto Cañedo, quien es el de mayor experiencia, pero que se disculpa porque su esposa, María Elena Marquez, está a punto de dar a luz. Sus compañeros lo entienden, ellos personificados por Luis Aldás, Manolo Fábregas, Rodolfo de Anda (hermano de quien después sería presidente de México Luis Echeverría) y Víctor Parra, entre los identificables.

Aceptan el reto y salen alborozados. Buscarán “la buena” y los 10 mil pesos.

A Cañedo lo acompaña un chofer, cuando asombrados advierten que un auto se impactó y en el exterior aparece la conductora.

La escena llama la atención del reportero (Cañedo) quien al observarla detenidamente identifica que la lesionada, gravemente herida, es su esposa. Se acerca entre un llanto que lo ahoga. Arriban camilleros de Cruz Roja para trasladarla al hospital. La señora (María Elena Marquez)) no abre ya los ojos y todo parece indicar que está en camino a fallecer.

En el nosocomio la turnan a cirugía en tanto que él implora que la salven; parece que no le interesa el bebé, ya en camino.

El médico en turno Julio Villarreal le pide calma. Y entre enfermeras y médicos aparecen: Carmen Montejo, Miroslava, Fernando Casanova Ernesto Alonso (Mr Televisión) y Ester Fernández.

Poquito después, en la misma Cruz Roja participan José Elías Moreno, varonil, vestido de charro, quien se inconforma porque nació su niñita y él solo deseaba un emprendedor varón. Asimismo, una compungida Columba Domínguez y su pareja, ellos de escasos recursos, entendidos que a él le amputarán una mano y en consecuencia perderá su empleo. Igualmente lastimada, otra paciente Amanda del Llano, víctima de excesos del hijo de su patrón. Hospital al fin.

Tres escenas más se dan en un centro nocturno.

En una mesa aparecen los hermanos Fernando y Andrés Soler. A un lado, atractiva, Rebeca Iturbide. El primero recibe una llamada telefónica de su esposa. Ante de contestar, ya un poco tomado, argumenta: “No estoy casado”. Le hablan dos ladrones que están en su casa. Y lo convencen para que les de la combinación de su caja fuerte. Es el número 1945. Uno de los trúhanes es Joaquín Pardavé.

Actúa Lola Flores y al concluir se sienta con aquel torero muy famoso: Luis Procuna, a quien le decían el Berrendito de San Juan. Solo charlan.

Y juntos, como buenos amigos, Libertad Lamarque y Pedro Vargas. Se animan a cantar extraordinarios. Los parroquianos los ovacionan, logrando que el dueño contrate al dúo.

Y aparece una agencia del Ministerio Público. El agente es Carlos López Moctezuma. El secretario Arturo Soto Rangel. Se presentan, detenidos en graciosa secuencia Tin Tán y su carnal Marcelo. Después Antonio Espino Clavillazo; uno de los policías es Wolf Rubinski. Igualmente, fondo musical de mariachi y denuncia por supuesto robo de diamantes. La que acusa es Meche Barba.

Drama, tristeza acaban con cena de fin de año. Antes, en una iglesia, el sacerdote Domingo Soler platica con el reportero Fábregas. En eso aparece oscuro personaje Miguel Arenas, quien le dice al sacerdote que tiene que ir a la casa de un industrial para que lo confiese porque va a morir Cumplen Soler y Fábregas. En tanto, en el festejo presentan a Carmen Sevilla, bellísima y a Pedro Infante, adinerado industrial. Son novios, cantan. Aparecen como en la cinta Gitana tenías que ser.

El cura confiesa al novio y advierte una foto de quien lo fue a ver al templo. Infante le explica que es su padre, muerto hace 15 años. Finalmente, Infante muere. Estaba escrito.

Surge otra escena, en el languideciente fin de año. Ella, Dolores del Río, la que había triunfado en Hollywood. Él, Arturo de Córdova, magnate del periodismo. Uno rememora su frase de voz educada: “No tiene la menor importancia” pareja fatigada, que en ese día ratifica su divorcio. No tenían hijos.

Pero dialogan, beben vino blanco, tras el fondo romántico de una crepitante chimenea y al final, anhelantes, enamorados, deciden: seguirán juntos.

El epílogo corresponde a María Félix, la Doña, la de fuerte carácter, como inconsecuente suegra que todo lo fulmina. El caballero es Jorge Negrete. Coinciden en un hotel. Él, barítono, canta, ella, en su habitación, cubierta de mascarilla y cremas, no puede dormir. Le reclama y al final, como correspondió a su propia vida, les surge el amor, amor. Simplemente amor.

A Negrete, el reportero lo recuerda en un restaurante de Querétaro. Jugaba cubilete con algunos amigos. Al parecer, memoria tambaleante, filmaba junto con la señora Félix la película El rapto.

Epílogo, la esposa de Cañedo da a luz y se salva. Vivirá.

Lo que no se sabe es a quién de los reporteros le corresponderán los 10 mil pesos.

Película de época. Empezaba la década de 1950. Era 1953.

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