Claudia Sandoval Zamorano

En conmemoración del Día Internacional de la Mujer y para recordarnos las constantes luchas que se deben realizar para tener una sociedad más igualitaria y justa, aquí la increíble Claudia Sandoval Zamorano escribiéndonos sobre la representación de las mujeres en el cine.

A mediados de la década de 1960, el surgimiento de los estudios de las mujeres y la cultura popular abrieron el camino para el estudio de la forma en la que se representaba a los personajes de mujeres en las producciones cinematográficas. Esta labor no ha hecho más que crecer, desde 2008, y el Geena Davis Institute on Gender in Media se ha dedicado a recopilar información sobre los personajes femeninos, su tiempo en pantalla y sus diálogos. En su reporte de 2016 encontramos que la proporción de varones y mujeres en la pantalla es 2:1, es decir, hay el doble de representaciones masculinas en comparación con las femeninas. Además de que es más probable encontrar papeles de mujeres jóvenes que mujeres que han superado los 40 años y, por desgracia, más de la mitad de las mujeres adolescentes que aparecen en películas de tipo familiar o infantil lo hacen con poca ropa o ligera desnudez.

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En cuanto a las imágenes que proyectan las mujeres en pantalla, encontramos que muchas de estas giran en torno a los roles tradicionales de género. Son ellas quienes suelen cumplir roles de cuidado y trabajo doméstico, mientras que sus contrapartes varones se dedican a actividades económicas o dependen de los personajes femeninos. La pregunta que surge entonces es “si en México las mujeres dedicamos más de 20 horas no remuneradas por semana a las labores del hogar, ¿por qué querríamos pasar nuestro tiempo de ocio viendo a otras mujeres haciendo las mismas tareas de cuidado?”
En 1985, la caricaturista Alison Bechdel escribió el “test de Bechdel”, que se compone de tres simples reglas para medir la representación de las mujeres en el cine. La primera es que debe de haber, al menos, dos mujeres en el reparto; la segunda es que deben hablar entre ellas, y la tercera es que tendrían que hablar de cualquier tema, menos de un hombre. El número de producciones que no logra cumplir con estas condiciones es abrumador, para empezar, se nos caería todo el universo cinematográfico de Marvel.

Esto implica entonces que las casas productoras tienen una gran responsabilidad: generar imágenes de las mujeres que estén a la par de los cambios sociales y permitir su incursión en distintos roles. Derrumbar las barreras tradicionales de “lo masculino” y “lo femenino” para representar la gran diversidad de nuestras sociedades modernas, también en cuanto a raza y orientación sexual. Como consumidoras y consumidores es nuestra labor abrir espacio a las propuestas no convencionales, a buscar producciones que propongan y que reten a los cánones de Hollywood. Si logramos imaginarnos y construir el mundo como lo es ahora, también podemos imaginarnos uno distinto.

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