México está postrado ante las empresas trasnacionales, que convocadas por un régimen privatizador se avocan a hacer negocio con los despojos de Pemex, que fuera una gran empresa petrolera con sentido social, cuya nacionalización fue un logro revolucionario, su alta rentabilidad lograda por trabajadores mexicanos, hoy es traducida en deuda y descapitalización intencionada; de esos ingresos generados se beneficiaron funcionarios y líderes sindicales bajo el siniestro manto de la corrupción. Cuando se recompensa la codicia humana, ésta se convierte en un poderoso inductor de corrupción (J Perkins).
La estrategia, lenta pero infalible, fue propiciar el rezago tecnológico y la descapitalización, dos factores de desarrollo de capacidades competitivas, cuando se tienen, pero su ausencia las traduce en incapacidad operativa y dependencia financiera. Pemex fue desmembrado por políticos apátridas, proclives al gran capital internacional, los restos de Pemex se ofrecen al mejor postor, capitalistas movidos por la alta rentabilidad financiera, exentos de todo sentido social y de patria.
En su afán de consolidar su imperio económico, político y militar, empresas trasnacionales, megabanca global poseedores de conocimientos y tecnologías, protegidos por políticas depredadoras de países colonialistas económicos, utilizan su poderío financiero y político a través de acuerdos y tratados (como el TLC), para asegurarse de la apropiación de los recursos naturales, como del conocimiento y el desarrollo tecnológico, mediante la propiedad intelectual para dominar mercados y gobiernos.
“Ningún país ha hecho tanto en tanto poco tiempo por su sector energético”, dijo el presidente Peña Nieto en el 79 aniversario de la expropiación petrolera, donde también afirmó que la reforma energética está abriendo posibilidades nuevas al sector privado, pero sobre todo le está abriendo posibilidades a Pemex.
Hace dos años y medio había una sola empresa de exploración y producción de hidrocarburos en México, hoy son 48 empresas nacionales e internacionales las que participan, continuó, hizo alusión al yacimiento de Cantarell, que llegó a producir 2.1 millones de barriles por día y hoy solo produce 200 mil; por ello, afirmó, Pemex se vio en la disyuntiva de producir cada vez menos petróleo, poniendo en riesgo el empleo de miles de trabajadores, o abrirse al capital privado, en asociaciones con empresas trasnacionales como BP, Shell, Exxon, Chevron, BHP Billiton e Inpex; las cuatro primeras fueron propietarias del crudo mexicano hasta el decreto expropiatorio, hoy enterrado, por lo que pudieron regresar gracias a la reforma energética de Peña Nieto.
Es un discurso antagónico a la realidad, porque si bien es cierto que Cantarell dejaba de ser la gallina de los huevos de oro, como enfatizó Peña Nieto, en 2015 se descubrieron en Tabasco nuevos campos petroleros, incrementándose la producción de 39 mil barriles diarios en 2003 a 360 mil barriles diarios en 2016; mientras que la producción de gas pasó de 87 a 950 millones de pies cúbicos diarios, en el mismo periodo.
Ha sido enorme el esfuerzo del régimen de Peña Nieto por hacer improductiva a Pemex, sobre todo en el rubro tecnológico y financiero, porque a pesar de la caída de los precios internacionales del petróleo, Pemex hubiera podido enfrentar esos desafíos si hubiera contado con el apoyo de una política de desarrollo tecnológico de emergencia, México tiene el talento suficiente para desarrollar las tecnologías, como si estuviéramos en guerra.
La tendencia general en materia de desarrollo tecnológico es que las empresas petroleras privadas siempre han invertido en I+D+I (investigación, desarrollo tecnológico e innovación) mientras que en Pemex la insuficiencia en la inversión para desarrollar su tecnología ha sido crónica, pues no llega a las 20 patentes en tanto que Exxon tiene cerca de 3 mil, según datos de la oficina de patentes de EU.
Si la I+D fuera considerada estrategia de seguridad nacional, Pemex recuperaría el tercer lugar a nivel mundial que tuvo en 2004. Pero es cierto, ningún país ha quebrado tan rápido a una gran empresa como lo hizo este gobierno federal con Pemex.
Los despidos en Pemex son parte de este proceso privatizador, el recorte de personal representa 23.8 por ciento respecto al total que existía laborando en 2014, equivalente a 36 mil 484 personas sumando las 11 mil que despedirán este 2017.
Con un rezago tecnológico crónico, una deuda de 100 mil millones de dólares, despidos masivos, una producción en descenso de 2 millones 154 mil barriles diarios, la más baja desde 1990, se estima que baje todavía más en 2017, y con una importación de 62 por ciento de la gasolina que consumimos; si a esto le sumamos que el mercado del agua embotellada lo dominan las trasnacionales, así como los alimentos industrializados, los mercados del maíz, del arroz, como del juguete, entre otros, ¿de qué somos dueños?, si además los que patentan en México son extranjeros, ¿qué festejamos?

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