El tema de la modernización a cuatro carriles de la carretera Pachuca-Huejutla viene arrastrándose desde hace ya casi tres décadas. Durante los gobiernos de Guillermo Rossell y Adolfo Lugo nunca se mencionó tamaño compromiso, solo se reconstruyó con prontitud ante los daños causados por los huracanes y recuerdo que en esos años la sociedad preguntaba: ¿ y cuántas horas lleva interrumpido el paso? Se reconocía la eficiencia y seriedad del actuar conjunto de los diferentes niveles de gobierno cuando se trataba de emergencias.

Fue hasta el gobierno de Jesús Murillo cuando inició el tema de “la autopista a Huejutla” y muchos de sus lacayos especularon que ya se trabajaba en ello, solo porque ordenó hacer su carretera de dos cuerpos hasta su natal Mineral del Monte… que, por cierto, también le sirvió para dejar correr el rumor del hallazgo de un tesoro entre las rocas, lo que lo catapultó a las grandes ligas. ¡¡Vaya imaginación de hombre tan perverso!!
Hicieron los poquitos kilómetros hasta Mineral del Monte para que después, con Núñez Soto, quien siguiendo las instrucciones dejadas por Murillo, continuara con la autopista a Huejutla, como ellos le llamaron… y nosotros les creímos.

Se brincaron el tramo entre Mineral del Monte y Omitlán, unos ocho o 10 kilómetros, cuyo terreno rocoso sigue ahí, gritando lo tramposos y convenencieros que son los que hasta hoy han estado en el gobierno estatal y federal.

Fíjense… al dejar este tramo sin ampliar violentaron la ley federal de obras públicas, pues la norma establece que toda obra debe realizarse dejando metas operativas año tras año, o sea, es delito el que hayan continuado de Omitlán a Cerro Colorado, habiendo dejado un cuello de botella que ocasiona que el tiempo ahorrado en el tramo modernizado lo pierdas de nuevo en el no intervenido, que por ser rocoso no lo ampliaron, porque les representa poco negocio para los gobernantes/comerciantes.

Lucrar con los precios unitarios en los volúmenes de tierra y puentes del tramo hasta hoy modernizado es la consigna… Ya de paso, engañar que ya viene el progreso para la Sierra y Huasteca, cuando el objetivo inmediato lo ha sido el lucro con las cabañas y chalets de los influyentes en Huasca y sus alrededores, incluso hoy ya se habla de la construcción de una supervía, con túneles y todo, que comunique a Pachuca con Mineral del Chico y llegue directo a Huasca, sin pasar por Mineral del Monte u Omitlán… De cuota, claro.

Todo indica que aquel cuello de botella dejado entre el Real y Omitlán ahí seguirá… y si un serrano o huasteco quiere avanzar hacia su hogar o negocio tendrá que tunelear y pagar.

Toda esta maraña es solo en los primeros 50 kilómetros de Pachuca a Huejutla… ¿qué sucederá con los 170 kilómetros restantes? ¡¡eh ahí la cuestión!! Ya existió un compromiso firmado ante notario de un expresidente pusilánime y ladrón… ya vimos que los gobernadores padecidos no tuvieron las agallas para hacer valer un compromiso presidencial al empeñar su palabra, ¡¡y que no debe ser cualquier cosa!!

Hoy, de nuevo la pesadilla o sueño se hace presente. Superando con amplitud de votos al viejo régimen, tenemos a un presidente legitimado por casi todos… y de nuevo está su palabra empeñada: “Hasta hoy no me han reclamado por prometer y no cumplir”, nos dijo en Huejutla hace poco. Pero 170 kilómetros son muchos y, aunque sabemos que el poderío del gobierno federal es grande y que las instituciones, todas las de los tres niveles, se deben alinear y aplicar para que se cumpla el compromiso presidencial… ¿Y si Fayad le juega al chistoso y se hace güey? ¿Y si por la austeridad franciscana o por la crisis económica que ven venir los añoradores del viejo régimen, Arturo Herrera nos sale que no hay los miles de millones que demanda esa obra?

Son cinco años los que restan, se deben modernizar 30 kilómetros en promedio por año de gobierno, ¡¡30 kilómetros por año!! Y solo vea que los que ya se fueron se lavaron las manos con los 50 kilómetros en 25 años, que eran “papita” por el escaso nivel de dificultad técnica y aun así están batallando y haciéndonos sufrir, pues no los pueden terminar.

La esperanza se ubica en el poderío de un gobierno federal que trae una concepción diferente a lo que significa empeñar la palabra del ciudadano presidente de la República.

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