Mario Cruz Cruz y María Soledad Espinoza Lozano
Profesor investigador y profesora de la UAEH

La pandemia del Covid-19 genera retos para México y el mundo en este nuevo ecosistema de educación de mayor virtualidad que se ensaya actualmente. Por ello, es necesario evaluar si el profesorado se encuentra habilitado para cumplir con los objetivos académicos en un entorno virtual, conocer el grado y posibilidad de accesibilidad de los servicios de Internet de los estudiantes y la capacidad de resiliencia de la comunidad educativa de todos los niveles. La política educativa nacional debe encaminar sus esfuerzos para solventar esos retos, con el fin de asegurar la educación de calidad encaminada a la formación de recursos humanos competentes, críticos y comprometidos socialmente.

Frente a ello, la curva de aprendizaje será más rápida sí cada uno de los que somos parte del engranaje educativo de México hacemos lo que nos corresponde; de lo contrario, sí no logramos transitar del paradigma tradicional a uno nuevo, estaremos doblemente condenados al retraso educativo y, con ello, recrudecer las condiciones de subdesarrollo que por décadas hemos padecido.

Las cifras de la OCDE muestran que México tiene serias deficiencias en materia educativa y lo colocan en los últimos lugares (PISA, por ejemplo), sin embargo más alarmante es el lugar que ocupamos en el Índice Global de Competividad (GCI), generado por el Foro Económico Mundial, donde México está en la posición 48 de 141 países analizados en materia de competitividad; bajamos dos escaños de 2016 a la fecha, es decir, vamos en descenso.

El GCI concatena más indicadores que los elaborados por otros organismos y muestra el verdadero desempeño global de un país: instituciones, infraestructuras, entorno macroeconómico, salud y educación primaria, educación superior y formación, eficiencia del mercado de bienes, eficiencia del mercado laboral, desarrollo del mercado financiero, preparación tecnológica, tamaño del mercado, sofisticación en materia de negocios e innovación.

Las instituciones de educación superior tienen como su responsabilidad, varios de estos indicadores, pero principalmente los que tiene que ver con calidad educativa, eficiencia en el mercado laboral, preparación tecnológica, sofisticación en materia de negocios e innovación. Por ello, las universidades tienen la obligación social de hacer una reingeniería educativa que de respuesta a los retos que imponen los peligros globales, que no solamente están focalizadas en las pandemias.

El contexto del incremento de la virtualización de la educación superior propone nuevos paradigmas en el proceso de enseñanza aprendizaje, que están enmarcados en las nuevas técnicas pedagógicas mediadas por las tecnologías de la información y la comunicación. Este reto recae en directivos, maestros, alumnos y padres de familia principalmente, por lo que esta coyuntura puede detonar procesos creativos para aprender con los estandares de calidad que nos plantea la competencia internacional en beneficio del desarrollo nacional.

Pero todavía más profundo, se debe reiterar el papel de la educación superior como el espacio de desarrollo más incluyente, puesto que con los egresados se generan beneficios para nuestras sociedades. La universidad pública es por excelencia la institución que mayormente permea y equilibra las distintas capas sociales, por lo que el grado de acceso a la tecnología en la nueva normalidad no debe de ser un mecanismo de exclusión para los que menos tienen. Por ello, las clases virtuales, los mecanismos de evaluación, titulación y un sin fin de etcéteras deberán de asegurar que la filosofía social de la educación pública no desaparezca.

Esta crisis que vive el mundo también es una oportunidad para replantear los esquemas para construir conocimiento, la inédita digitalización del habitus de los mexicanos replantea también acciones para normar la seguridad de la información. Nuestro país está dentro de los primeros lugares en ciberataques y los legisladores tienen que desempolvar, mejorar y hacer operativa la estrategia nacional de ciberseguridad creada en 2017 y que todavía no se ha implementado. El espectro electroinformático, donde pasaremos mucho tiempo, también debería gobernarse para evitar atentados contra las personas, las instituciones y la soberanía nacional.

Esta crisis nos cayó por sorpresa y todos los campos sociales están siendo impactados, hagámos menos tortuosa la asimilación de la nueva normalidad, cada quien desde su espacio puede y tiene la obligación de avanzar.

Iniciamos un nuevo semestre en la comunidad universitaria garza, la UAEH con la plataforma garza demuestra su visión vanguardista ya que ha creado un espacio para docentes y alumnos destinado al desarrollo e integración de materiales y estrategias didácticas para ambientes virtuales que apoyen el desarrollo de las asignaturas, que esperamos en algún momento puedan ser presenciales. Felicidades a esta noble institución que está dando ejemplo de resiliencia en este entorno complejo que vivimos, seguros estamos que esta estrategia educativa respalda parte del compromiso que ha suscrito con la sociedad mexicana a la que se debe.

Feliz retorno a clases, como comunidad educativa estamos inaugurando otras formas de aproximarnos al conocimiento, tan importantes como las del pasado pero con la mirada puesta en la construcción del Mexico vanguardista al que aspiramos.

[email protected]
[email protected]

Comentarios