Enrique Peña Nieto estuvo ayer en Ramos Arizpe, Coahuila, donde el año próximo habrá relevo en la jefatura del Ejecutivo estatal. Ahí, aludió a las resistencias que han enfrentado las reformas estructurales impulsadas por y en su gobierno que, recordó, el próximo primero de diciembre cumple cuatro años de gestión.
Bien. La previsión es que el año próximo el PRI perderá el gobierno estatal frente a una coalición de fuerzas políticas encabezadas por el PAN, en una lucha que comenzó desde el momento en que Humberto Moreira Valdez trazó la fundación de un cacicazgo que no necesariamente encabeza su hermano, Rubén, actual gobernador y que ayer fue anfitrión de Peña Nieto.
Queja y reproche del presidente tiene destinatarios con nombres y apellidos. En el caso de Coahuila la familia Moreira es sinónimo de corrupción vinculada al crimen organizado, aunque esta es una condición que debe investigar y comprobar no el denunciante, sí la responsable, en este caso de la procuración de justicia en el país, la abogada Arely Gómez, procuradora general de la República.
Sin embargo, en obvio del horizonte político para allanar espacios de movimiento al PRI, Peña Nieto fue especialmente amable con el gobernador Moreira Valdez, a cuya gestión ponderó asociada a los esfuerzos del gobierno federal, es decir, de su administración en obras y tareas como la educativa, de cuya consecuencia inauguró este lunes tres universidades politécnicas.
Y, en ese contexto de entrega de la obra prometida en campaña, Peña Nieto reprochó con la referencia de que no es ocasión para regatear “los grandes logros que como nación hemos venido tendiendo”.
Y es que recordó que su administración hizo cambios tan profundos que los beneficios se sentirán gradualmente con el tiempo, aunque destacó que hay reformas fundamentales, como la educativa.
Es una verdad de Perogrullo que debió y debe ser parte de una campaña de las reformas que fueron aprobadas con el consenso de las principales fuerzas políticas del país, especialmente las del PAN y del PRD que hoy se deslindan del apoyo que les dieron, cuando igual deberían estar en esa campaña de la paternidad responsables de enmiendas constitucionales que nadie, por atavismos y temores políticos, se atrevió a impulsar en su momento.
El presidente Peña Nieto aseguró, en plural, que “estamos cambiando la realidad nacional. Y, por supuesto, que enfrentamos resistencias.
“Nadie que tenía a lo mejor ya o estaba adaptada a ciertos parámetros, a ciertos modelos y a lo mejor beneficiándose de los mismos, no puede simple y sencillamente aceptar los nuevos modelos y paradigmas que van a impulsar el cambio y el desarrollo del país. Y, por esto, enfrentamos resistencias.”
Pero, advirtió –¿a quién o quiénes advierte?–“el gobierno está decidido a no claudicar. A mantenerse firme en todos lo que estamos impulsando en materia educativa, en materia de salud, en materia de infraestructura que, sin duda, mucha de la infraestructura, o hay nueva infraestructura, que nos hace ser hoy más competitivos”.
Después, como suele ocurrir en los amanuenses que plantan un concepto discursivo contundente y lo sueltan sin más, Peña Nieto se fue hacia el soporte numérico, de cifras duras para demostrar que dice verdades, como el hecho de que “el Foro Económico Mundial, que genera indicadores de más de 140 países y lo ha venido haciendo de manera sistemática desde hace más de 11 años, por primera vez México pasó del lugar 57 al 51 como país más competitivo”. ¿Y?
El mensaje presidencial en Coahuila y justo cuando su gobierno avanza al cuarto aniversario, debió haber ido más allá y no quedarse en la bravuconada discursiva de que su gobierno está decidido a no claudicar.
¿Por qué no aludir a la corrupción y a los que corrompieron al sistema político desde las izquierdas y las derechas y los centros dizque progresistas? Porque las resistencias a las reformas estructurales, como es el caso de la educativa, cuya ruta pareciera el despeñadero para volver, precisamente a esos estancos de poder a los que aludió el presidente.
¿Dónde la responsabilidad de quienes desde el Congreso de la Unión votaron a favor de, digamos, la reforma energética y hoy cuestionan y rechazan elementos legales que abrieron la puerta a políticos encumbrados al lado de empresas nacionales y extranjeras que explotarán y comercializarán los recursos energéticos de México?
Bien haría el presidente y sus asesores en emprender una campaña para desnudar a aquellos que se resisten a las reformas y atrasan al desarrollo del país, si como se advierte son pivote de modernidad. Qué tal si emplaza a estos gobernadores y exgobernadores, que no dan paso sin huarache, reacios a sumarse a los nuevos tiempos, porque éstos pasan por la transparencia y rendición de cuentas. Que no lo engañen presidente. Digo.

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